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Muchos nombres, pocas ideas

¿UN PSDEG más o menos galleguista? ¿Que frene la sangría de votos por la izquierda acercándose al populismo o bien reforzando el bipartidismo? ¿Más horizontal o más vertical? ¿Satélite de Ferraz o autónomo? Ninguna de estas preguntas sobre el camino que debe seguir el Partido Socialista en Galicia tras la etapa de Gómez Besteiro tiene respuesta, pero curiosamente no por que sean excesivamente complejas sino porque nadie en el partido las planteó todavía.

De hecho, las distintas visiones sobre la relación con las mareas que Xoaquín Fernández Leiceaga y José Luis Méndez Romeu exhibieron en su campaña de primarias en la carrera hacia la Xunta son lo más parecido que hubo en el PSdeG a un debate ideológico en meses e incluso en años.

De ahí que sea razonable deducir que el socialismo gallego está fragmentado en dos bandos por cuestiones que poco o nada tienen que ver con las ideas o proyectos de futuro, sino que son los enfrentamientos personales, los rencores y odios de sus principales responsables, algunos enquistados desde la época de Emilio Pérez Touriño, los que alimentan la espiral autodestructiva en la que entró tras perder en 2009 la Xunta de Galicia. Desde entonces, al PSdeG le sobran nombres y le faltan ideas.

El avispero lucense
Gómez Besteiro asumió el liderazgo del PSdeG en septiembre de 2013 aupado por una provincia de Lugo que acumulaba pesos pesados del socialismo. Eran épocas en las que no faltaban las fotos de abrazos entre el nuevo líder, José Blanco y José López Orozco. Pero las sonrisas no duraron mucho. Cuando Pedro Sánchez llegó a Ferraz con el apoyo, entre otros, del de Palas de Rei, dicen que una de sus primeras decisiones fue reclamarle el dinero gastado en su defensa de la Campeón, un gesto que indignó a Blanco y que lo llevó a romper relaciones con él, al tiempo que enfriaba las que tenía con su satélite gallego, Besteiro.

Con Orozco la crisis personal ya fue pública. El alumno fue ganando poder frente al maestro y la presencia de dos gallos en el mismo corral —Lugo— tensionó la relación. Después, ya como secretario general, Besteiro suprimió el cargo simbólico de presidente del PSdeG que Pachi Vázquez le había dado a Orozco. Pero la gota que colmó el vaso, lo que no perdonó Orozco, fue que su alumno le dejase caer de la alcaldía —a la que supuestamente le había animado a presentarse—, aceptando el ‘chantaje’ de la oposición en beneficio de su propia carrera al frente de los socialistas gallegos.

Vigo contra el mundo
Abel Caballero siempre presumió de que él fue el principal apoyo de Besteiro para convertirse en secretario general del PSdeG, pero la realidad es que Vigo y Lugo nunca fueron grandes aliados. El barón del sur se benefició de la filosofía poco intervencionista del nuevo líder, que lo dejó obrar y maniobrar a su antojo en su feudo junto a Carmela Silva, y así fueron tejiendo lo que más que una alianza parecía un simple pacto de no agresión, sobre todo cuando ambos compartían la condición de imputados en el juzgado. Además, Caballero nunca comulgó con Pedro Sánchez, el gran valedor de Besteiro, especialmente después de que dejase fuera de su ejecutiva a Carmela Silva en julio de 2014 —dicen que a petición del propio Besteiro—. Por eso en cuanto tuvo ocasión y vio que el besteirismo sangraba, se cobró su particular deuda liderando al grupo opositor.

Pero las luchas personalistas del PSdeG en Vigo alcanzan su cénit con el pulso permanente entre Abel Caballero y su sobrino Gonzalo. Al alcalde olívico no le gustó que Ferraz tocase las listas que él había diseñado para las autonómicas del 25-S, pero si además lo hizo para meter con calzador a su pariente, peor. Por eso, y aunque él lo rechace, el barón no movió medio dedo en la campaña. Y visto que Gonzalo Caballero no fue elegido diputado, le funcionó.

Las guerrillas de A Coruña
La situación del PSdeG en la provincia de A Coruña responde más bien a una especie de guerra de guerrillas entre ‘familias’ que a un duelo a cara de perro. Las ejecutivas locales de A Coruña, Santiago y Ferrol parecen ir por libre, librando sus propias batallas, igual que determinados sectores de la Costa da Morte, mientras que en líneas generales la figura emergente del presidente de la Diputación, Valentín González Formoso, se encarga de apaciguar al resto.

Pero con los incendios urbanos no puede. En Santiago la situación alcanza también dimensiones familiares, porque María Bugallo, prima del exalcalde Xosé Antonio Sánchez Bugallo, se hizo con el mando de la agrupación en 2015. Ella era afín a Besteiro y su pariente, crítico. En Ferrol Beatriz Sestayo, figura controvertida donde las haya, nunca le perdonó al lucense su falta de apoyo cuando se vio envuelta en la polémica por el ‘atropello’ a un guarda de seguridad en el párking del Parlamento. Y que el grupo municipal esté hoy dividido en dos ya viene de atrás, de la "falta de sintonía" entre la propia Sestayo y la exportavoz local Natividad González Laso. Y en A Coruña el partido no levanta cabeza desde la marcha de Paco Vázquez. Quien tiene ahora el control, Mar Barcón, es del sector crítico y apoyó a Méndez Romeu en las primarias, aunque no hace tanto encabezaba con Leiceaga la corriente interna Novo Socialismo Galego.

Méndez Romeu, por su parte, parecía hombre de confianza de Besteiro cuando lo eligió portavoz parlamentario, si bien el coruñés acabó casi como líder opositor, quizás contagiado por el ambiente hostil del grupo parlamentario contra el político lucense.

Todo esto en una provincia que contempló el ascenso y caída de un político en tiempo récord: Francisco Caamaño. Primero el pachismo y después el besteirismo siempre vieron con recelo el aterrizaje del exministro de Cee en Galicia, dado que su capacidad y ambición a partes iguales lo convertían en un rival peligroso. De hecho, fue ese temor el que llevó a Besteiro a relegarlo y darle un papel de secundario en el Parlamento que Caamaño no digirió bien. Por eso cuando se hizo con el mando del PSdeG en la provincia se vengó y dio guerra al lucense, que acabó por eliminarlo del cargo ayudado por una rebelión de las bases.

Ourense, sitio distinto
Hablar del socialismo en Ourense es hablar de Pachi Vázquez y el pachismo, la corriente que lo controló durante años. Los críticos de la provincia todavía se arropan alrededor del influjo del exsecretario general, aunque cada vez controla menos territorio. El médico de O Carballiño también se dedicó a coleccionar enemigos en sus años al frente del PSdeG. Y es que desde el primer momento enterró políticamente a Pérez Touriño —el hombre que le había dado la Consellería de Medio Ambiente— cuando el cuerpo todavía estaba caliente tras la derrota electoral de 2009. La salida del expresidente socialista fue de las más rápidas y menos elegantes que se reuerdan en democracia, y quizás por ello no se lo perdonó a Pachi. Correcto, amable y colaborador, el expresidente gallego rara vez se metió en cuestiones orgánicas en estos años, pero cuando lo hizo siempre fue para atizarle con dureza a Pachi Vázquez. De ahí que no extrañe su apoyo a Leiceaga en la reciente campaña.

Volviendo a Vázquez, la contundencia que exhibió el ourensano para ‘despedir’ a Touriño en 2009 no se la aplicó a sí mismo cuanto tocó facilitar su relevo en 2013. Alargó los plazos, enredó al máximo y no le puso las cosas fáciles a Besteiro para desembarcar. Y por si fuera poco, usó al grupo parlamentario, afín a él, para torpedear el proyecto del lucense, sobre todo después de sentirse traicionado al incumplir Besteiro su promesa de enviarlo a la Mesa del Parlamento para evitar a un exlíder y excandidato el escarnio de ser uno más en la bancada. En este contexto, tampoco sorprende que el político de Lugo no sintiese simpatía por su predecesor.

Aunque si en la provincia existe un caso de personalismos llevado al extremo es el protagonizado por Laura Seara. La exdiputada, pachista confesa, cayó en desgracia con su apoyo frontal y decidido a Eduardo Madina en las primarias contra Pedro Sánchez, una apuesta a caballo perdedor que le pasaría factura más tarde: el nuevo líder nunca perdonó la campaña que ella y su marido —en el apartado de prensa— hicieron contra él y la suprimió de todos los cargos primero y de las listas electorales al 20-D y el 26-J después, pese a ser la ourensana con más apoyo de las bases. Ahora, con la caída de Sánchez, Seara fue inmediatamente premiada por los críticos siendo la única gallega con responsabilidades en la nueva gestora de Ferraz. Así que la venganza contra Sánchez, Besteiro, Cancela y los suyos parece estar servida.

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