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Los malos vicios de En Marea

AL PORTAVOZ parlamentario y orgánico de En Marea, Luís Villares, sus amigos y enemigos le podrán reprochar mil y una cosas. Yo mismo lo hice más de una vez; primero por algún patinazo fruto de su inexperiencia política y después, por pasarse de frenada en alguna intervención en el Parlamento. Sin embargo, también soy el primero en reconocerle los méritos, especialmente uno: haber sido capaz de coordinar el desarrollo tanto orgánico como territorial del proyecto de En Marea en tiempo récord y sin todo el apoyo interno que para él sería deseable.

Desde que en abril se enrareció el ambiente del partido instrumental a raíz de la elección de los 11 integrantes de la coordinadora, con la que parte de Podemos, EU, Anova, Marea Atlantica y otros movimientos municipales están en desacuerdo, Villares se lanzó a hacer una gira por distintos puntos de Galicia para explicar el proyecto: la ampliación de la base social, las nuevas herramientas informáticas habilitadas, las tareas pendientes... Un modus operandi que encaja en los principios de transparencia y horizontalidad sobre los que pivota el espacio de la izquierda rupturista.

Aunque parezca una cuestión menor, es de vital importancia desarrollar En Marea como un partido que tiene aproximadamente un año de vida. Es la base de su supervivencia, porque la experiencia demostró con Age que los proyectos que no llegan a dotarse de una estructura territorial y orgánica fuerte, por muy exitosos que sean en las urnas, no tienen recorrido y naufragan. Fue esa estructura la que permitió sobrevivir al BNG en la época de vacas flacas y será la que permita a En Marea plantarse en las elecciones de 2020 con alguna garantía.


el efecto podemos de desinfla
Dicen que fue Carolina Bescansa, la gallega del laboratorio fundador de Podemos, quien advirtió recientemente a Pablo Iglesias de que la cosa se "desinflaba". Es indudable que la recomposición del PSOE puede oxigenar el bipartidismo, lo que unido a la recuperación económica y a la rebaja de la conflictividad social resta fuelle al proyecto nacido en la Complutense.

En Marea no es ajena a este fenómeno. De ahí que la gira gallega de los miembros de la coordinadora del partido instrumental cobre todavía más sentido en este tiempo. "É necesario reilusionar a xente", aseguran fuentes de la cúpula de En Marea, conscientes de que la efervescencia del movimiento se apaga fuera de periodo electoral y la participación de las bases cae poco a poco. ¿Qué fue de aquellos más de 13.500 inscritos de los que presumía Podemos en Galicia en 2014? Las votaciones en los procesos internos del partido arrojaron cifras muy lejanas a esa, mientras que el PSdeG, que entonces se vio adelantado por los de Iglesias, mantiene prácticamente estable su cupo de aproximadamente 10.000 militantes.

Por eso, al menos desde fuera, parece importante que Villares y los suyos puedan seguir con su hoja de ruta, aunque el trabajo parlamentario y vigilar sus propias espaldas no le dejen mucho tiempo para ello.


→ Los tics de la vieja política
Y es que el plenario que En Marea celebrará el próximo sábado en Santiago se presenta prácticamente como un examen de fin de curso para el lucense. Aunque hay asuntos interesantes en el orden del día, los acontecimientos de las últimas semanas hacen que el encuentro se plantee como un pulso entre los detractores de Villares y la coordinadora y sus defensores. Lo único que parece no encajar aquí es el argumento con el que los críticos tratan de apartar al juez de la portavocía orgánica: que está llevando En Marea hacia la fórmula de un partido clásico. Resulta totalmente lícito, pero también incoherente por varias razones.

La primera es que acusan a la coordinadora de haber dejado fuera de ella a muchas sensibilidades, que en realidad tienen nombre y apellidos: Anova, EU, Marea Atlántica, Ourense en Común... Lo que ocurre es que cuando En Marea se planteó como un partido instrumental y no una alianza se suponía que era para superar precisamente los conflictos de las siglas y las cúpulas. Esta demanda solo se entiende si en realidad lo que se busca es conservar el estatus de los partidos y sus cuadros (Díaz, Gómez Reino, Ferreiro, Noriega...), dentro del proyecto; y eso sí que es un tic de la vieja política.

También es de los partidos clásicos, por cierto, el conflicto del dinero. En En Marea llevan meses tirándose los trastos por las asignaciones de sus cargos institucionales al partido y a las distintas siglas que lo conforman y en el plenario habrá un apartado dedicado a ello, lo que resulta sintomático. Y eso por no hablar de que algunos de los conflictos internos que mantuvieron más atascado el proyecto rupturista y que más llegaron a tensarlo en su día tenían como telón de fondo el reparto de puestos y liberados, protagonizados por gente que hoy critica la deriva de la formación.

Todavía podrían añadirse, a modo de anécdota, los capítulos protagonizados por el partido más crítico con Villares, la Marea Atlántica, un movimiento cuyo funcionamiento tiene mucho de vertical bajo la batuta de Xulio Ferreiro y Iago Martínez. Fue incapaz de dotarse de unos estatutos y se vio envuelto en escándalos como los de la multiplicación de los jefes de área o el uso del Audi oficial del Concello da Coruña.

Por eso, ante tal incoherencia, a uno no le queda otra que ser mal pensado y ver en todo esto un intento de moverle la silla a Villares para poner a otro con vistas a 2020. Esa sería la única diferencia insalvable. Porque en el resto de cuestiones los dos bandos son tan parecidos que no se entiende que no estén unidos. Será por el vicio que tienen de guerrear. Un mal vicio, por cierto.

Los malos vicios de En Marea
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