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La hora del Senado

Si Feijóo decide finalmente irse a Madrid, podría compensar su ausencia en el Congreso con un asiento en la Cámara Alta

POCOS ELEMENTOS de nuestro sistema político generan tanto rechazo en la sociedad como el Senado, identificado durante años como un cementerio de elefantes y un gasto superfluo e innecesario cuya supresión se pide de forma recurrente en España. Y lo cierto es que, lejos de cumplir ese papel de Cámara de representación de los distintos territorios del país, como podría ser el Bundesrat alemán y como figura entre sus funciones, muchas veces su papel queda relegado al de simple observador de los hechos. También es cierto que la desinformación sobre sus funciones es total entre la población, por lo que el Senado pide a gritos algún tipo de campaña de apertura a la sociedad como la que están realizando muchos parlamentos.

Y pocos momentos habrá mejores que este, ya que el escenario político que dejó la moción de censura que aupó al poder a Pedro Sánchez le concederá a la Cámara Alta un papel fundamental en los dos años que —en teoría— quedan de legislatura. La razón reside en la anomalía de que gobierne el PSOE pero el PP tenga mayoría absoluta en el Senado ya que, con ella, los populares disponen de cierta capacidad de veto sobre buena parte de la acción de gobierno.

Pero el Senado puede acabar resultando fundamental por otra razón: podría ser la puerta de entrada de Alberto Núñez Feijóo a la política estatal si finalmente decide dar el salto y logra hacerse con las riendas del Partido Popular. En caso de convertirse en el líder de la derecha en España y suponiendo que Sánchez agote su legislatura, el de Os Peares necesitaría una plataforma institucional desde la que dar visibilidad a su figura y a su discurso de cara a 2020. No tiene asiento en el Congreso y compaginar el cargo orgánico con la Xunta resultaría descabellado siempre y cuando no sea de forma temporal o puntual. Así que la mejor vía es la de la Cámara Alta.

Sería posible porque en el Senado hay 58 sillones reservados a los 17 parlamentos autonómicos, que tienen derecho a un escaño más otro por cada millón de habitantes. Son los llamados senadores por designación autonómica, que en el caso gallego son tres y corresponden a los populares Juan Manuel Jiménez Morán (Ourense) y Fernando Carlos Rodríguez (Lugo), y al socialista Modesto Pose (Pontevedra). La renuncia de cualquiera del PP obligaría al Parlamento gallego a elegir otro que podría ser Feijóo.

Esa hoja de ruta, que para muchos no tiene nada de descabellado, se completaría con la cesión de la portavocía del Senado por parte de José Manuel Barreiro. En una legislatura normal puede que la Cámara Alta no sea la mejor plataforma de promoción para un político que quiere hacerse ver, pero en esta sí jugará un papel fundamental de contrapeso al Gobierno socialista, lo que dibujaría un cuadro de una especie de primer asalto entre Sánchez y Feijóo. Para que luego digan que el Senado es inútil.

→ El de Os Peares sabe lo que le espera

De todas formas, nada de esto tendrá sentido si Feijóo decide seguir en la Xunta y renuncia a bajar al barrizal madrileño. Porque eso es lo que se encontrará el mandatario gallego en la carrera para liderar el Partido Popular, vistos los primeros movimientos. En el pleno del Parlamento de esta semana hubo dos episodios que en circunstancias normales pasarían desapercibidos —excepto para los medios locales— pero que acabaron totalmente amplificados y recibiendo una inusual cobertura a nivel nacional. Fue la desafortunada —aunque sacada de contexto— frase de Feijóo a Ana Pontón y el informe jurídico solicitado por Miguel Santalices sobre la Gürtel para evitar que se dijese que el PP estaba condenado por corrupción. Eso significa que la maquinaria está en marcha más allá de las campañas de Twitter a favor de Soraya, Cospedal y, ahora también, del propio Feijóo (@YoConFeijoo), que a las 24 horas contaba con más de 200 seguidores, solo la tercera parte de los que tiene la exvicepresienta del Gobierno.

Lo relevante aquí es que el panorama de tener que pelear por el liderazgo del PP en un ambiente embarrado también pesará en la decisión de un Feijóo que preferiría acudir como aspirante único y de consenso. Y esa situación podría darse, ya que algunos de los movimientos internos actuales de
teóricos rivales no responden a la intención de presentarse sino de obligar al teórico favorito a negociar con ellos, como grupos internos de poder, para tratar de sacar tajada y seguir saliendo en la foto.

En marea, dispuesta a seguir aunque sufra bajas 

LA ESPIRAL autodestructiva en la que está inmerso el rupturismo vivió esta semana un nuevo capítulo con el órdago lanzado por la Cerna de Mario López Rico al resto de partidos de En Marea pidiendo su disolución en favor de la marca única. Al ser conscientes de que Podemos, IU y Anova jamás darán ese paso de renunciar a sus siglas, lo que está haciendo Cerna es apropiarse de la marca En Marea bajo el razonamiento de que, como los demás no son capaces de sacrifiarse por ella, significa que no les interesa. La maniobra encaja con la idea de Luís Villares y los suyos de seguir con En Marea en el futuro, ya que aunque pierda alguna pata y camine coja, no deja de ser una buena marca.

A Caballero puede salirle todo rededo

NUNCA IMAGINÓ Gonzalo Caballero que a los ocho meses de llegar a la secretaría general del PSdeG iba a tener un panorama tan esperanzador para él y para su partido. De su arranque titubeante y sus reveses provinciales pasó en poco tiempo de recibir noticias positivas. La mejor, la moción de censura en Madrid, que le facilita el acceso a un escaño del Parlamento para impulsar su candidatura a 2020 sin generar un conflicto por obligar a renunciar a un diputado de Pontevedra a cambio de nada. Hoy, con las vacantes que quedarán en Galicia por el cambio en la Moncloa, tiene puestos para ofrecer como contrapartida a quien salga de O Hórreo. Además, su recelo a entrar tan pronto en la Cámara —por miedo a quemarse ante la mayoría absoluta del PPdeG— podría disiparse si finalmente Feijóo pone rumbo a Madrid, porque el vigués se mediría a su sustituto, mucho más débil. El BNG no despega, En Marea se autodestruye y, además, el principal contrapeso de Caballero en galicia, Pilar Cancela, se queda sin ministerio.

García Mañá suena para la Delegación

ES TIEMPO de quinielas políticas. Uno de los premios gordos de la lotería es la vacante que dejará Santiago Villanueva al frente de la Delegación del Gobierno en Galicia, un puesto para el que suena con fuerza Luis García Mañá. El perfil de este policía y escritor ourensano, actualmente senador del PSOE, encajaría por su talante dialogante y su antiguo papel como máximo responsable de la Policía en la comunidad. Su único pero sería que es poco político, una cualidad que en teoría sumaría para un puesto técnico como este pero que en la práctica no le sirve a los aparatos de los partidos, que consideran la Delegación parte de la maquinaria electoral a su servicio. Para la Subdelegación de Ourense suena con fuerza el profesor universitario Adolfo Abellás, mientras que en Lugo se habla de Eduardo Vidal o Luis Álvarez, o incluso de Santín. En cualquier caso solo son eso, quinielas, si bien hay quien llama la atención de que en todas aparecen hombres, en contraste con la hoja de ruta marcada por Pedro Sánchez en su Gobierno.

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