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La biblia de En Marea

Villares resucitó al décimo día y puso patas arriba un espacio rupturista donde el problema es otro: que nadie va de cara
 

Luis Villares y la diputada Paula Quinteiro a la salida de la reunión del grupo de En Marea. XOÁN REY (EFE)
Luis Villares y la diputada Paula Quinteiro a la salida de la reunión del grupo de En Marea. XOÁN REY (EFE)

JESUCRISTO FALLECIÓ el Viernes Santo y resucitó el Domingo de Pascua, mientras que Luís Villares tuvo que esperar al lunes para dar señales de vida después de diez días muerto. Es cierto que Jesús tenía más apoyo entre los suyos que el portavoz de En Marea, lo que acorta los plazos, pero al fin y al cabo los dos comparten cosas: la Semana Santa no fue la mejor de su vida, ambos fueron víctimas de una traición y sus problemas comenzaron alrededor de una mesa, en un caso en la última cena y en el otro en la célebre comida de la diputada Paula Quinteiro con unos potenciales políticos que desembocó en la noche de los retrovisores rotos por todos conocida, esa que amenaza con aniquilar En Marea.

Es más, me atrevería a decir que si la alianza sigue unida a día de hoy se debe curiosamente a su constante proceso de atomización interna, que impide que ninguna de las patas que sostienen el proyecto adquiera la suficiente fortaleza para dar un golpe en la mesa y someter al resto. Ese minifundismo político es su salvavidas, pero al mismo tiempo su condena, porque poner de acuerdo a oficialistas, errejonistas, anticapitalistas, independientes, municipalistas, nacionalistas, independentistas y comunistas es directamente una utopía. 

→ Los cuatro evangelistas
Cuando Jesús resucitó todos se alegraron de volver a verlo, pero cuando lo hizo Villares el lunes en su rueda de prensa para pedir la dimisión de Quinteiro lo recibieron a palos. Sin embargo, aunque el paso al frente que muchos le reclamaban al lucense tensionó más a su espacio político, también obligó a mover ficha a los cuatro evangelistas que predican contra Villares: Podemos, Anova, EU y las mareas locales. Y de sus palabras y actitudes se extraen jugosas conclusiones.

Por ejemplo, el consejo ciudadano de Podemos de este sábado fue una balsa de aceite. Carmen Santos, que para muchos encarna mejor el papel de Judas por su traición y desmedida ambición, fue la primera que celebró el incidente de Quinteiro para poder sacar de en medio a una rival. Santos defendía su dimisión, pero en la debilidad de su compañera vio una oportunidad: comprar la paz interna de Podemos Galicia a cambio de defenderla. El encuentro de este sábado fue un adelanto, pero se prepara un consejo autonómico a corto plazo del que Santos quiere salir reforzada. Si en él tiene el apoyo —que nunca antes tuvo— de Quinteiro y los anticapitalistas, la teoría será cierta.

Antón Sánchez tiene un papelón incómodo en todo esto. Esta semana pidió rebajar la tensión y fue crítico con la gestión de la crisis, pero no aludió directamente a Quinteiro, porque sabe que buena parte de los protagonistas que la acompañaban la noche de autos son de Anova, algunos nombres relevantes como Rafa Dopico o Fernando Balsa, el supuesto autor de los hechos y que para más inri hasta hace poco figuraba en el comité de garantías del partido nacionalista. Por eso Sánchez no se expone mucho. Eso sí, resulta paradójico su doble juego: en Galicia cada vez entrega más a Anova a los brazos de Podemos mientras que en Madrid critica el maltrato de los de Pablo Iglesias a sus dos representantes en el Congreso: Fernán Vello y Alexandra Fernández.

En el caso de EU, vale más por lo que calla que por lo que dice. Estas semanas celebraron varias reuniones, pero que no saliese a la luz una postura común de la coordinadora contra Villares o contra la dimisión de Quinteiro es indicativo. ¿Por qué? Porque en ellas había más gente a favor de la dimisión de la parlamentaria viguesa que en contra. Por eso Yolanda Díaz y los suyos callan.

Y por último, Martiño Noriega también intenta marcar distancias para que el asunto no lo salpique, aunque no será fácil porque él es de Anova, los hechos ocurrieron en su concello y Xeira, colectivo juvenil de la FPG que agrupa a varios de los implicados en los actos vandálicos, cada día tiene más peso en Compostela Aberta. En cierto modo, el alcalde también es rehén.

→ El Apocalipsis
A ninguno de ellos le interesa la consulta a las bases propuesta por Villares para decidir el futuro de Quinteiro por el simple hecho de que pueden perderla. Por eso, el apocalipsis de esta particular biblia de En Marea no llegará ni con la dimisión de Quinteiro, ni cuando Villares se harte de todo y se marche a su casa, ni cuando Dios quiera. Todo terminará cuando fallen los votantes.

Beiras cumplió 82 años en plena actividad pero un tanto decepcionado
Aunque cumplir años siempre es buena noticia, el 82 cumpleaños de Xosé Manuel Beiras quizás fue para él un tanto agridulce. Aunque se mantiene muy activo a nivel político, ve como la criatura que alumbró en 2012, entonces con la forma de Age y hoy bautizada como En Marea, es incapaz de consolidarse como alternativa. Además, tiene el corazón dividido, ya que tiene que compatibilizar la responsabilidad que siente de apoyar a Villares en su proyecto con la protección de su ‘preferiti’ Noriega, lo que le obliga a navegar. Lo que sí se detecta es que sus palabras tienen cada vez menos peso en el espacio rupturista y que mucha gente a la que él aupó en política hoy lo desprecia. 

El eucalipto es invasor, pero da dinero
El Gobierno  central no está dispuesto a incluir el eucalipto en el catálogo de especies invasoras, ya que eso lo situaría al mismo nivel que la uña de gato, el visón americano o la carpa, por poner algunos ejemplos de la flora y fauna con la que convivimos a diario. Meter esta especie en el citado catálogo obligaría a erradicarla, y con ella se erradicarían también millones de euros y miles de puestos de trabajo, especialmente en Galicia. Lo que tendría que hacer el Ministerio de Medio Ambiente es reconocer a nivel social que el eucalipto sí es una especie invasora, porque sobran datos para confirmar tal teoría, en especial cuando se habla de la variedad ‘nitens’, y tenerla perfectamente controlada y zonificada para sacerle dinero pero, al mismo tiempo, evitar su expansión. Lo que pasa es que con otras especies que se intentó hacer esto, como algunos peces que generaban suculentos negocios —el siluro en Aragón y Cataluña o el black-bass en Extremadura—, los planes fallaron y hoy los tenemos repartidos por medio país. 

Crece la brecha del mercado laboral
No soy mucho  de indicadores económicos, pero me llama la atención que el crédito al consumo se haya incrementado en España en 2017 más del 20%. Eso puede tener varias lecturas, pero una de ellas es que vuelve a haber trabajo y confianza y los españoles vuelven a gastar con alegría, pero la precariedad laboral y, sobre todo, salarial, obliga a acometer ese gasto vía endeudamiento. Al final, es otro indicador más de que buena parte de la masa laboral de este país todavía no siente la recuperación, justo en una semana en la que continúan las reivindicaciones de los funcionarios, en la que jueces y fiscales también protestan y en la que la Xunta de Alberto Núñez Feijóo anunció la ampliación de los permisos de maternidad y paternidad al personal de la Administración. La brecha que se está abriendo entre el trabajador público y el privado sigue agrandándose a pasos agigantados y resulta más que preocupante. Es un problema de primera magnitud si no queremos que por ella se cuele lo peor del populismo.

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