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El cambio cosmético de Martiño

El alcalde de Santiago demostró con la remodelación de su gobierno que es, con diferencia, el regidor del cambio más listo


Se anunció una remodelación del gobierno municipal de Santiago a bombo y platillo y al final todo quedó en un simple intercambio de cuatro o cinco peones, una especie de cambio cosmético más pensado para la foto que para la gestión del día a día de la capital gallega, si bien hay que admitir que en política hasta el más inocente de los gestos puede esconder detrás mucha carga de profundidad. Y más si quien mueve los hilos es alguien hábil y con recorrido como Martiño Noriega.

Así, el alcalde de Compostela Aberta se limitó a "repartir a carga de traballo" al detectar cuatro áreas que concentraban demasiadas responsabilidades y al entender que, tras dos años de rodaje, ya no hay concejales novatos. De esta forma, él mismo se liberó de varias competencias que tuvo que asumir en su momento por varias razones, pero sobre todo por una indiscutible: no es fácil gobernar un lugar como Santiago con solo diez concejales, que en la práctica llevan varios meses siendo nueve por la baja de Branca Novoneyra, cuyo retorno se demorará al menos hasta septiembre.

Por lo demás, María Rozas sigue como primera teniente de alcalde y sumará las competencias de contratación y archivo; Jorge Duarte se mantiene como segundo teniente de alcalde y suma la competencia menor de participación y relaciones vecinales, pero pierde obras, que van a parar a Rafa Peña, un hombre de confianza del regidor que gana peso. La tercera teniente de alcalde será Marta Lois, que se deshace de mercados —un área compleja en Santiago con el eterno polvorín de la plaza de abastos— para que los asuma Noa Morales, que con deportes y juventud era una de las concejalas más liberadas. El resto de movimientos en segunda línea son ya mucho más irrelevantes.

Aparte de su ejecutivo, también destaca  el cese fulminante, firmado este mismo viernes, de la jefa del servicio de licencias y urbanismo, Berta Rosón, por pérdida de confianza, un movimiento que sí tiene más miga.

En principio con este esquema se presentó este viernes Noriega ante los medios, aplaudido por los suyos y abroncado por una oposición decepcionada que esperaba cambios "de máis calado" ante lo que consideran "total inoperancia" de varios de los miembros del gobierno, en palabras de Agustín Hernández, Paco Reyes y Rubén Cela.

Sin embargo, del cambio cosmético de Martiño se pueden hacer otras lecturas que llevan a algunas conclusiones interesantes y que se resumen en una: el de Santiago es con diferencia el alcalde del cambio más listo de los tres de la provincia, avalado por su experiencia en el Concello de Teo, buen conocedor del juego de tronos de la política local y con las ideas muy claras.

En primer lugar, remodelar un gobierno a mitad de mandato ofrece una sensación de normalidad política, algo que no transmiten Xulio Ferreiro ni Jorge Suárez. Y en segundo lugar, parece que se mueve mucho cuando realmente solo hay retoques, pero es que así Noriega esconde un problema que tiene: que no puede manejar a su antojo el gobierno municipal porque Compostela Aberta no es un partido al uso y hay siglas dentro que obedecen a otros dirigentes.

En tercer lugar, a nivel personal, mientras Rafa Peña, Marta Lois o María Rozas parecen salir reforzados o al menos se escucharon algunas de sus demandas, Jorge Duarte aparecería como el gran damnificado. Se vea o no como un castigo, lo cierto es que para un concejal de obras perder las menores —que son muchas en un concello como Santiago— no es un trago agradable, sobre todo cuando, según apunta su entorno, él no demandó soltar lastre, como sí hicieron algunos de sus compañeros. No hay que olvidar que Duarte, hoy libre de toda sospecha, fue el primer concejal de los gobierno de las mareas en las ciudades gallegas imputado por un lío de licencias de locales de ocio nocturno, detrás del que también aparecía la jefa de servicio cesada, Berta Rosón. Hoy por hoy, la crisis les pasó factura a sus protagonistas.

El cuarto punto que demuestra el instinto de Noriega es que la remodelación acaparó este viernes los titulares, de forma que pasó desaparecibido el avance de la liquidación del año 2016, unos datos que, según apuntan algunas fuentes municipales, serán "catastróficos" para el ejecutivo municipal, ya que en su primer año de gobierno completo el nivel de ejecución del capítulo de inversiones apunta a ridículo. El asunto traerá cola pero, de momento, la maniobra consiguió apagar el incendio.

Y la quinta y última reflexión es que liberándose de parte de sus áreas de trabajo, proceso que culminará en septiembre cuando con el regreso de la hija de Uxío Novoneyra la alcaldía le traslade a ella cultura, fiestas o lengua, Noriega tendrá mucho más tiempo para ejercer de alcalde e ir haciendo campaña de cara a 2019, cuando se da por hecho que repetirá como cabeza de cartel. ¡Quién sabe si como trampolín para 2020!

La sombra de Yolanda Díaz
Lo contrario de Santiago lo representa Ferrol, donde el gobierno de Jorge Suárez se desintegra a plazos. Primero rompió el bipartito del PSdeG, aunque integró en el ejecutivo a dos díscolas socialistas para tratar de sobrevivir; y ahora ve como el lío está en casa. La concejala de Ferrol en Común Esther Leira estalló, cansada de que la ninguneasen, dijo, y esta semana acabó expulsada del gobierno, aunque ya anunció que no piensa dejar el acta. El gobierno de 8 ediles de 25 que tenía Suárez pasa ahora a 7 de 25, un gobierno menguante que naufraga, como la propia ciudad departamental.

Sin embargo, de todo lo que dijo esta semana Leira, que no fue poco, destaca un razonamiento: el de que Yolanda Díaz, exlíder de EU y diputada de En Marea en el Congreso, dirige Ferrol en la sombra. Hay voces en la corporación que avalan esa tesis de que el trío de Suárez, Díaz y Suso Basterrechea maneja los hilos a su antojo. Aunque visto lo visto, parece más bien que esos hilos se les han enredado.

Ourense también se mueve lo suyo
El único gobierno del PP en una ciudad, el de Ourense, tiene muchas similitudes con los de las mareas: le cuesta sacar adelante los presupuestos y va sobrado de líos. Ayer mismo el pleno rechazó la petición de dimisión de la concejala de bienestar, Sofía Godoy, que pedían PSOE y Ourense en Común argumentando la "nula xestión" y el "burato negro" en las cuentas de su departamento. El alcalde, Jesús Vázquez, tiene un problema, aunque ayer lo salvó in extremis un aliado inesperado: Pérez Jácome (DO). 

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