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Un político en la trinchera

La maniobra de Gonzalo Caballero para blindar su candidatura a la Xunta dos años antes pone de uñas a parte del partido

Gonzalo Caballero Míguez (Ponteareas, 1975). PEPE FERRÍN (AGN)
Gonzalo Caballero Míguez (Ponteareas, 1975). PEPE FERRÍN (AGN)

La decisión de Gonzalo Caballero de unificar en el mismo proceso y el mismo día las primarias para la elección de candidatos a las municipales y a la Xunta amenaza con romper esa paz interna, siempre frágil, por la que transita el socialismo gallego desde que el vigués asumió las riendas hace un año. Y en cierto modo es lógico que medio partido se le eche encima, porque independientemente de lo que ocurra de aquí al 18-N o de aquí a 2020, el gesto del secretario general del PSdeG deja tres mensajes preocupantes entre los suyos: una posición de debilidad interna; no dar a las elecciones locales la importancia que merecen, y, sobre todo, la incapacidad de asumir que ya no es ese político outsider arrinconado en su trinchera de Vigo tratanto de resistir, sino que es el líder de uno de los grandes partidos de Galicia.

Puestos a criticar, tampoco le ayudaron las formas, ya que la maniobra se gestó contrarreloj y por la puerta de atrás. Desde la elección del momento para anunciarlo —en medio del debate del estado de la autonomía y la presentación de los presupuestos— hasta la carta enviada por la dirección del PSdeG a los militantes, en la que daba alguna pista con el objetivo, dicen sus críticos, de evitar que el cabreo de muchos fuese mayor si se enteraban por la prensa.

→ Inseguridad y debilidad
"Es una cosa rarísima", se escuchaba esta semana en el entorno socialista, donde algunos no acaban de entender la utilidad de unificar las primarias. El argumento oficial para justificarlo apunta a lo apretado del calendario una vez empiece la vorágine de citas electorales a partir de mayo e incluso a la posibilidad —más bien remota— de que Feijóo convoque elecciones por sorpresa. Sin embargo, hay quien ve las razones de Caballero mucho más terrenales: no arriesgarse a que sus esfuerzos recorriendo Galicia los vaya después a rentabilizar otro, ya que un mal resultado en las municipales podría alentar alguna rebelión interna o algún movimiento teledirigido desde Ferraz para moverle la silla. Sobre todo si perfiles potentes como Carmela Silva o González Formoso se perdiesen las diputaciones de Pontevedra y A Coruña. Con unas primarias a un mes vista, el secretario general sabe que no tendrá rival y, además, la coincidencia con el proceso para elegir alcaldables podría elevar la participación y reforzar su liderazgo. En el fondo, lo más probable es que tampoco tuviera rival en 2020, porque lo lógico es que el líder del PSdeG sea el candidato a la Xunta y para ello se va a preparar con su entrada en el Parlamento. Por eso solo en esa inseguridad y en esa desconfianza propia de quien ha peleado toda la vida desde la trinchera se puede entender este paso de Gonzalo Caballero, que en el fondo lo que evidencia es que no se ve tan fuerte como líder del socialismo gallego; cuando en realidad quizás lo sea más de lo que cree.

→ La lección de Touriño
El PSdeG conquistó la Xunta en 2005 con Emilio Pérez Touriño gracias a dos factores fundamentales: la presencia de Zapatero en la Moncloa y unos buenos resultados en las municipales de 2003, donde los socialistas lograron 453.157 votos (27,04%), un ascenso notable respecto a 1999. Los datos dejan una lección importante para Gonzalo Caballero: es importante acudir al cuerpo a cuerpo con el PPdeG en 2020 respaldado por una potente maquinaria electoral, y eso se consigue con presencia institucional: concellos, diputaciones, Fegamp... Metiendo sus primarias por medio, el líder socialista parece restarle importancia a las elecciones municipales de mayo, porque las eclipsa.

→ El candidato Arangüena
Además, la decisión de no pedir excepciones a Ferraz para colocar algunos candidatos ‘a dedo’, dejando la elección de los cabezas de lista a las alcaldías en manos de la militancia, significa que las puertas de A Coruña estarían cada vez más cerradas para González Laxe, curiosamente al mismo tiempo que parecen abrirse para Pablo Arangüena. Al abogado coruñés, uno de los más fieles colaboradores de Caballero, lo colocaron de delegado territorial de la sociedad estatal Sepes, un puesto que le proporciona dos cosas que le permiten acudir a las primarias: sueldo y tiempo. No es nuevo. Esa maniobra ya la hizo Pachi Vázquez con el alcalde de O Carballiño, Paco Fumega.

El debate paralelo de la tribuna de invitados del Parlamento de Galicia

EL DEBATE sobre el estado de la autonomía, el número 24 de la historia de Galicia desde que se inició en 1989 —con la excepción de los años electorales—, deja a veces más lecturas políticas en la tribuna de invitados que en el hemiciclo. Por ejemplo, que las posturas de los aspirantes a liderar Podemos, Bescansa y Gómez Reino son totalmente irreconciliables e incompatibles con una lista única; que Gonzalo Caballero sigue teniendo uno de sus principales apoyos en Lola Villarino; que Javier Losada cotiza al alza en la política gallega; que Beiras sigue devorado por su personaje; o que la táctica de dejarse ver por O Hórreo sigue funcionándole a algunos políticos olvidados por sus partidos.

El fenómeno Vox apenas preocupa aquí

LA RECIENTE exhibición de músculo en Madrid del partido de extrema derecha Vox, de Santiago Abascal, amenaza con poner patas arriba el tablero político español, fragmentándolo todavía más, en este caso por la parte derecha. Sin embargo, la preocupación que existe en Galicia con respecto a la formación nacida en 2014 es más bien escasa, por no decir inexistente. Vox solo tuvo tres experiencias electorales en la comunidad: los 7. 790 votos en las europeas de 2014, 57.733 en las generales de 2015 y 46.781 en la repetición de las estatales al año siguiente, en estos dos últimos casos únicamente en A Coruña. Curiosamente, el plan para concurrir a las autonómicas por esa provincia en 2016, con Marián Rey a la cabeza, se frustró de forma polémica y oscura a solo tres horas de cerrarse el plazo para inscribir la lista, por orden directa de Abascal. Por eso se prevé que Vox funcione bien en las europeas, donde se vota en circunscripción única, pero no en unas generales o autonómicas, donde solo rascaría votos en alguna ciudad.

En Marea tira de manuel en el Congreso

UNA DE LAS FRASES celebres de Sun Tzu en ‘El arte de la guerra’ dice que nunca debes amenazar a un enemigo si no estás dispuesto a cumplir tu amenaza, porque al final te debilitará. Y eso es justo lo que le puede ocurrir a En Marea, cuyo grupo en el Congreso amenaza con no apoyar los presupuestos de Sánchez si no hay transferencia de la AP-9 a Galicia. Los cinco diputados del grupo confederal ponen esta condición como indispensable para cualquier tipo de aval a las cuentas socialistas, lo que no deja de ser una jugada de manual. En el fondo, ante un Gobierno débil en la aritmética parlamentaria, cinco votos son un auténtico filón del que se puede sacar petróleo si se usan bien —¡que le pregunten al PNV!—. Pero al estar diluida en Unidos Podemos, la coalición estatal de En Marea lleva toda la legislatura sin ser capaz de visualizarse como el verdadero grupo gallego del Congreso, algo que sí conseguía el BNG con solo dos escaños. Esta maniobra puede reivindicar por fin a los rupturistas... pero solo si cumplen su amenaza.

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