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¿‘Ticket’ en el socialismo gallego?

Valentín González Formoso y José Ramón Gómez Besteiro, en 2015. AEP
Valentín González Formoso y José Ramón Gómez Besteiro, en 2015. AEP

En la política de los Estados Unidos existe una figura denominada ticket que se corresponde con la pareja que elige el candidato presidencial del país para ocupar la vicepresidencia de la Casa Blanca. Se trata de una elección con la que se busca complementar el perfil del candidato o corregir sus posibles puntos débiles, con el objetivo de crear un tándem perfecto. Por ejemplo, como Obama daba imagen de joven inexperto se usó como ticket al veterano Joe Biden; y cuando este se presentó en 2020 se complementó con Kamala Harris, perfil femenino, joven y afroamericano.

Sin embargo, el ticket es una figura inexistente como tal en Europa. Y menos aún en una España de políticos cada vez más personalistas, donde como mucho se practica la bicefalia, cuyo ejemplo habitual es el PNV. De hecho, aquí el único dúo político reseñable fue el de Felipe-Guerra.

Pero de un tiempo a esta parte, a nivel más doméstico, hay un tándem político que despierta cierto interés: Valentín González Formoso y José Ramón Gómez Besteiro.

→ Nerviosismo precongresual
A día de hoy nadie puede afirmar que el alcalde de As Pontes y barón coruñés sea el ‘ticket’ del lucense ni viceversa. Lo único seguro es que son dos nombres importantes del socialismo gallego, con plena sintonía en el plano político y una estrecha amistad en el personal, apuntalada incluso durante estos años en los que Besteiro atravesó su calvario judicial alejado de los focos.

El hecho de que a Formoso le colgasen —por cierto siempre en contra de su voluntad— la etiqueta de líder del sector crítico con la dirección del PSdeG, unido a que el partido se encuentra sumido en el nerviosismo propio del periodo precongresual, ha reforzado esa imagen de ambos como alternativa a Gonzalo Caballero.

También puso mucho de su parte, todo sea dicho, el propio líder socialista, que lleva tiempo buscando rivales a los que batirse en primarias, un empeño con el que acabó alimentando algunas teorías de la conspiración como este supuesto pacto de la A-6 entre A Coruña y Lugo, la inverosímil pirueta paracaidista de Yolanda Díaz o la sobredimensionada ambición de un Miñones al que la vida orgánica le interesa más bien poco. De todo eso, oficialmente, no hay nada a día de hoy.

Por no haber no hay ni fecha del congreso del PSdeG, siendo el de Galicia el único cónclave que Ferraz tiene sin marcar en el calendario, algo que ya ha suscitado alguna crítica. Aquí y en Madrid.

→ Ferraz quiere evitar el conflicto
La filosofía de Ferraz para su renovación pasa por evitar los conflictos. Consciente de que las guerras internas desangran a los partidos, el PSOE busca acuerdos en cada esquina del país. Y Pedro Sánchez fue quien dio el primer paso con la integración en el Gobierno de algunos nombres que hasta ayer mismo eran incómodos rivales internos, consciente de que el escenario ha cambiado radicalmente en el último año y medio. La gestión de la pandemia penalizó al Ejecutivo y las encuestas ya le provocan más insomnio que Pablo Iglesias. Por eso Sánchez necesita ahora a todo el PSOE unido para acudir a las urnas en 2023.

Y eso incluye también a Galicia. Si ya se decía que Felipe González apostaba más por Fraga que por los suyos porque así lo tenía entretenido aquí, a Sánchez tampoco se le vio mucho empeño en apartar a Feijóo de la Xunta estos años, con el fin de alimentar un contrapeso interno a Casado que generase desconcierto en el PP. Lo de dejar colgado a Caballero el último día de campaña por la avería del avión fue revelador, aunque no el único detalle poco elegante con él. El último, el doble desplante de las ministras Raquel Sánchez y Maroto en sus visitas a Galicia para vender las rebajas de peajes de la AP-9 y el apoyo al Xacobeo sin dejarle al líder gallego ni las migajas del pastel.

Pero los tiempos cambiaron. La irrupción de Ayuso despojó a Feijóo de la exclusividad de ese rol de barón incómodo para Casado y las preocupantes encuestas obligan a Ferraz a contar con todos los territorios a su favor y en plena forma. Y eso hace que Sánchez ponga por primera vez el ojo en una Galicia y en un PSdeG que hasta ahora no fueron estratégicos para él.

→ La visita de Besteiro a Ferraz
En ese escenario es en el que hay que enmarcar los últimos movimientos de un PSOE que no quiere conflictos y trata de tender puentes con todos los sectores. Eso podría explicar la reciente visita de Besteiro a Ferraz, un encuentro —ni el primero ni el último— enmarcado en la más absoluta normalidad pero que algunos ya interpretan como el regreso del lucense a la primera línea de la política o un desafío directo a la autoridad de Caballero. Pero nada más lejos de la realidad. Con la cantidad de gente que desfila últimamente por Ferraz, no se puede ver un fantasma tras cada visita.

Besteiro constituye un caso un tanto singular dentro del PSdeG. Él no perdió en las urnas a nivel orgánico ni institucional, sino que fue apartado de la política por una decisión judicial que todo apunta a que fue, cuando menos, dudosa. El socialismo gallego no se caracteriza por tratar bien a sus exsecretarios generales —ni siquiera el propio Besteiro lo hizo con Pachi Vázquez— así que puede que el día de mañana, si Besteiro queda definitivamente libre de los tentáculos de la operación Pulpo, sea Ferraz quien le busque acomodo para compensarlo. Es algo que ya se hizo otras veces y en otros casos.

Pero eso no significa que Besteiro se vaya a presentar ahora a unas primarias para disputarle el liderazgo a Gonzalo Caballero ni que vuelva a la política activa. Por mucho que lleve la política en las venas.

→ Octubre será la fecha clave
Y aquí entra de lleno la teoría del ticket americano. Formoso podría optar a liderar el PSdeG este año y darle tiempo a Besteiro para pensárselo de aquí a 2024, donde podría recuperar la opción de aspirar a la Xunta que le arrebató la Justicia. Es una posibilidad que está ahí, como también lo está que Ferraz apueste por Miñones, o que Alberto Varela (Fegamp) irrumpa como figura de consenso norte-sur, o que Caballero siga de secretario general porque no tenga rival o porque lo arrase en unas primarias. Si hoy nadie sabe qué ocurrirá en los próximos tres o cuatro meses, hablar de Besteiro y de 2024 es disparar al aire. Porque si en política todo es posible, en este PSdeG más.

Ferraz defenderá su neutralidad en todos los procesos autonómicos, pero por detrás tratará de cocinar el menú a su gusto. Y la exhibición de fuerza de Andalucía le vino muy bien al aparato del partido para demostrar que, en el fondo, las bases tienen mucho más poder sobre el papel que en la práctica. Porque en Galicia hay muchos socialistas pendientes de lo que haga Sánchez —y también del papel de Vigo— antes de posicionarse a favor o en contra de Caballero. Y la señal clave llegará en octubre, cuando Ferraz perfile su nueva ejecutiva. Según qué nombre del PSdeG esté en ella se sabrá si el partido está con Caballero o con el sector crítico, que en aquel momento ya tendrá definido/a su candidato/a alternativo/a.

¿‘Ticket’ en el socialismo gallego?
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