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El PSdeG condensado en dos fotografías

SI UNA IMAGEN vale más que mil palabras, dos lo explican todo. Para analizar las recientes primarias del PSdeG se puede hacer un análisis sesudo de los números, mesa por mesa, que nos dejarán lecturas interesantes, como por ejemplo que la diferencia de votos a favor de Formoso en A Coruña y Lugo rondó los 2.000 votos, más que todos los emitidos en la provincia de Pontevedra. Esto significa, por ejemplo, que si todo el sur hubiese apostado por Caballero, Formoso ganaría igual. O también puede concluirse que, sacando la brutal diferencia de Vigo, en el resto de Pontevedra Formoso prácticamente empató con Caballero. Es un dato del que se pueden extraer muchas conclusiones, como por ejemplo que ni Abel ni su entorno se mojaron por el sobrino como él esperaba.

Pero para explicar lo ocurrido en el PSdeG esta vez no es necesario quemarse las pestañas analizando números. Basta con dos imágenes. Una es la de anteayer en la sede de la Rúa do Pino, con cuatro de los cinco alcaldes socialistas de las ciudades y dos presidentes provinciales arropando al ganador. Si el grueso del poder urbano del PSdeG estaba con un candidato significa que la dirección del partido no hizo algo bien en estos cuatro años. Es difícil explicar esa distancia, esa falta de feeling, ese divorcio... O se equivocó Caballero o se equivocaron todos los demás. Pero independientemente de quién tuviera la culpa, lo que es evidente es que el vigués fue incapaz de crear equipo. Y si no puedes sumar a tus grandes representantes políticos y sociales cuando arrancas un proyecto cargado de ilusión es que tu condición de líder flaquea.

Y es aquí donde entra de lleno la segunda imagen del PSdeG, que es la que todos esperaban pero nunca se produjo: el abrazo entre Formoso y Caballero. Siempre hubo ese gesto cortés menos esta vez y, en el fondo, explica lo ocurrido mucho mejor que cualquier número.

El PSdeG condensado en dos fotografías
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