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Normalizar lo normal

La crítica del alcalde de Friol al conselleiro de Medio Rural sorprende por ser en un PPdeG poco dado a airear sus tensiones
José Ángel Santos y José González, en el centro. AIDA SOENGAS
José Ángel Santos y José González, en el centro. AIDA SOENGAS

Los aparatos de los partidos políticos clásicos tienen una fe ciega en las bondades de la disciplina interna, hasta el punto de que muchas veces acaba malinterpretada y consigue el efecto contrario: ser nociva para la formación. Una cosa es un liderazgo fuerte o un orden y otra muy diferente es despojar a cargos y afiliados de toda voz o capacidad crítica para abrir debates internos que a la larga son beneficiosos. Lo ideal sería el camino intermedio entre la férrea disciplina del PPdeG o la UPG, y el estilo de las mareas, tan ingobernable como el ejército de Pancho Villa.

En una década de crónica parlamentaria me sobran los dedos de una mano para contar las veces que algún político rompió la disciplina de voto. Y lo mismo ocurre en el Congreso o el Senado, donde incluso PP, PSOE o Cs tienen regulado en su código interno esa desobediencia, que se penaliza con multas de hasta 900 euros.

Y es este escenario tan encorsetado de nuestra política el que explica que la crítica del alcalde de Friol, José Ángel Santos, a un compañero de partido y miembro del Gobierno como el conselleiro de Medio Rural, José González, haya alcanzado tal magnitud, hasta el punto de intervenir —porque le preguntaron— el presidente de la Xunta y del PPdeG, Alberto Núñez Feijóo.

Sin ir más lejos, lo que hizo el alcalde de Friol lo hace cada mes su homólogo de Vigo, Abel Caballero, con la plana mayor de su partido, el PSOE. Le da igual atizarle a Pedro Sánchez que al ministro de turno. Tanto, que ya ni siquiera es noticia. Pero que esto ocurra en el PPdeG es otra cosa.

Tres razones a tener en cuenta


El ataque de Santos al conselleiro es relevante por tres razones: por el partido, por las formas y por el contexto.

Por el partido, porque en el PPdeG acostumbran a resolver sus tensiones internas de puertas para adentro. Salvo algunos capítulos históricos del baltarismo en Ourense o contadas salidas de tono a nivel particular de algún cargo, en el PPdeG la disciplina interna es sagrada. Es más, consideran que buena parte de su seña de identidad como partido y de su éxito electoral se asienta en esa virtud de no airear trapos sucios.

La segunda razón son las formas. Santos, pese a gobernar un concello rural lucense, es hoy una voz relevante y respetada dentro del PPdeG. De hecho, es de los regidores más apoyados de Galicia, con 10 de 11 concejales y más del 80% de votos. Tiene peso interno suficiente para petar na mesa sin necesidad de comparar al conselleiro con una "pandemia" y pedir una "vacuna" contra él. Con la que está cayendo, se mire como se mire, son palabras desafortunadas.

De hecho, es una de esas críticas que parecen salir de las entrañas, con más bilis que cabeza, lo que lleva a pensar en que lo del alcalde de Friol fue algo así como un calentón. Fuerte, pero un calentón al fin y al cabo. Y tampoco es el primero que tiene.

Pero aquí entra en juego la tercera razón por la que lo ocurrido entre Santos y González es relevante: el contexto.

En un partido tan amplio —en todos los sentidos— como el PPdeG es normal que no todos vean las críticas abiertas del alcalde al conselleiro fruto de un calentón. Algunas voces apuntan hacia una intencionalidad, aunque tampoco tienen muy claro cuál. ¿Un globo sonda? ¿Una estrategia orgánica medida a largo plazo? ¿Una orden superior? ¿O una simple reivindicación de corte populista ante sus vecinos?

No hay que olvidar ese contexto al que antes se aludía. El de un Partido Popular de Lugo cuya responsable, Elena Candia, está ahora en Santiago, igual que otro de sus grandes referentes estos años, José Manuel Balseiro, cuya salida propició un relevo en la delegación de la Xunta. Y todo en un año en el que toca congreso provincial. Por eso es normal que este escenario provoque cierto desacougo en un PP lucense que parece que no acaba de encontrar su sitio con tantos cambios y movimientos.

Tan normal como tendría que ser que un alcalde critique a un conselleiro.

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