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Ejecutivo y legislativo

La renuncia del acta de diputado de siete conselleiros es una práctica habitual en la era Feijóo con escasa relevancia política 
Artículo Martín.
Toma de posesión del nuevo Ejecutivo gallego hace algo más de un año. PEPE FERRÍN

SIETE CONSELLEIROS de la Xunta de Galicia renunciarán a sus escaños en el Parlamento gallego para centrarse exclusivamente en sus tareas ejecutivas, una decisión que no constituye ninguna anomalía política sino que más bien la corrige, ya que lo habitual tanto en Galicia como en el resto de gobiernos autonómicos es que sean únicamente el presidente y como mucho uno o dos consejeros —a menudo vicepresidentes— los que compatibilicen ejecutivo y legislativo. Quizás alguno más en los gobiernos de coalición.

Pero es que ahora mismo en Galicia eran nueve de los once conselleiros los que mantenían asiento en O Hórreo. Demasiados. Todos menos los dos últimos en llegar, Julio García Comesaña (Sanidade) y María Jesús Lorenzana (Emprego e Igualdade). Junto a ellos pasarán a estar Valeriano Martínez (Facenda), Ángeles Vázquez (Medio Ambiente), Román Rodríguez (Educación), Ethel Vázquez (Infraestruturas), José González (Medio Rural), Fabiola García (Política Social) y Rosa Quintana (Mar). Algunos de ellos ya vivieron esta situación en otras legislaturas.

→ Pragmatismo y operatividad


La renuncia de conselleiros a su acta para centrarse en la Xunta responde principalmente a una cuestión de pura operatividad. El Parlamento exige dedicación y presencialidad. Aunque seis de estos siete conselleiros —todos menos Ángeles Vázquez— ya dejaron a principio de año la Diputación Permanente de O Hórreo para no estar atados en determinados periodos del curso político, lo cierto es que los plenos de la Cámara requieren tiempo. Los conselleiros no se librarán de comparecer de vez en cuando ni de preparar las preguntas al Gobierno e interpelaciones; pero sí de asistir. Con nueve actas ocupadas por conselleiros, la mayoría tienen que estar presentes en el hemiciclo para sacar adelante las votaciones, lo que condiciona su agenda ejecutiva. Así que es una realidad que el Parlamento interfiere en la acción de gobierno. Y viceversa.

De hecho, la renuncia de conselleiros a su acta es una práctica habitual en la era Feijóo, que si esta vez se demoró más de la cuenta fue por la pandemia. Y por norma general, a la mayoría de los conselleiros no le gusta el Parlamento. El perfil técnico que acostumbra a dar el presidente a sus equipos hace que tenga pocos entusiastas de los entresijos parlamentarios.

→ Sin más lecturas políticas


Entonces se presupone que el pragmatismo puro y duro es la razón de peso que mueve en esta ocasión esta maniobra, aunque no siempre fue así. Por ejemplo, tras las elecciones de 2012 Feijóo obligó a renunciar a todos los conselleiros salvo los que tuvieran cargo en el comité ejecutivo del PPdeG. Y tras los comicios de 2016, el presidente mantuvo el acta de Rueda y Quintana como premio a que llevaban con él desde 2009, la de Francisco Conde como una puesta personal suya —que refrendó cuatro años después con una vicepresidencia— y las de Beatriz Mato y José Manuel Rey Varela ya posiblemente en clave política, porque en el año 2019 fueron designados candidatos a las alcaldías de A Coruña y Ferrol. Como no se hicieron con el bastón de mando, les quedó el colchón del Parlamento.

De hecho, Feijóo y el PPdeG apostaron en más de una ocasión por la estrategia de desembarcar a conselleiros de la Xunta en las ciudades como candidatos, aprovechando la plataforma promocional que supone estar en el Gobierno gallego. No solo ocurrió con Rey Varela en Ferrol o con Beatriz Mato en A Coruña, sino que también se probó con Elena Muñoz en Vigo o Jesús Vázquez en Ourense. Sin embargo, el experimento nunca acabó de salir bien por diferentes razones, entre ellas una muy a tener en cuenta: que los conselleiros no son hoy personajes públicos tan conocidos ni tan relevantes como se cree.

Por eso, esta vez no hay mucha lectura de fondo que hacer en la renuncia de los siete conselleiros. No parece que ningún perfil vaya a desembarcar en las ciudades en 2023, aunque se especuló vagamente con Comesaña en Vigo o Lorenzana en A Coruña. Tampoco se busca con ello hacerle un hueco en O Hórreo a ningún mirlo blanco del partido. Y también es complemente normal que Rueda y Conde mantengan su escaño como vicepresidentes para cubrir las espaldas de la Xunta, ya que la ley gallega obliga al presidente autonómico a tener acta en el Parlamento. Y si Feijóo tuviese que dejarlo por alguna razón...

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