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'Crebas' políticas

El paso al frente de En Marea agrava la división de la izquierda y sienta las bases para reinventar el espacio galleguista
Imagen de archivo de un Consello das Mareas. EN MAREA
Imagen de archivo de un Consello das Mareas. EN MAREA

AUNQUE EL número dos del Partido Popular de Galicia, Miguel Tellado, se había referido en su día al proyecto político de En Marea como "los restos del naufragio", sería más apropiado hablar de algo tan gallego como las crebas, en este caso crebas políticas. Andar ás crebas es esa tradición a medio camino entre el ocio y el negocio en la que uno recoge en las playas lo que deja la marea alta, buscando sobre todo cosas de valor para casa o para vender. En la política gallega quien mejor ilustra esta costumbre es En Marea. La alianza política que en su día sorpasó al PSOE para ser segunda fuerza y que acabó naufragando ante su incapacidad para gestionar tal éxito. Lo que ocurre es que, aunque el proyecto lleve tiempo sumergido bajo las aguas, hay crebas aprovechables que de vez en cuando salen a flote. También en el mundo de la política.

→ Efecto psicológico
La decisión de En Marea de borrarse de las últimas elecciones generales significó la puntilla para el partido instrumental del lucense Luis Villares, que decidió marcharse para recuperar su carrera como magistrado, una reincorporación que podría tener ya fecha: el mes de agosto o septiembre. Haciendo un poco de memoria, las bases de En Marea las sentó Xosé Manuel Beiras en 2012 con el proyecto de Age, la hasta entonces insólita mezcla de nacionalismo y federalismo. En 2015 En Marea nació oficialmente, entonces como coalición de Anova, Podemos y Esquerda Unida. Fue el año del estrellato: 408.370 votos en las elecciones generales, el 25% del total, sospasso al PSOE incluido. En la repetición electoral de 2016 ya bajó a 344.173 votos. Y en las autonómicas de unos meses después la alianza, convertida en partido instrumental, siguió dejándose apoyos en el camino: 271.418 papeletas. Y así hasta hoy.

En Marea se presentó por ultima vez a los comicios de abril de 2019, ya sin Podemos, Esqueda Unida y Anova sino reducido a unas cuantas mareas locales, unos críticos de Anova, la inestable Cerna y poco más. El resultado: 17.726 votos. Esto confirma que ahora, aunque se vuelva a presentar a la cita con las urnas, En Marea no va a revolucionar el espacio político gallego. Su irrupción apenas tendrá efecto a nivel cuantitativo (votos), pero sí a nivel psicológico, social y emocional. Una fuerza más a la izquierda del PSOE agrava la imagen de división y la dificultad de una alternativa a Feijóo. El Partido Popular lo aprovechara para decir que ellos o un cuatripartito, aunque las posibilidades de En Marea de obtener representación sean muy escasas. Si la izquierda ya está sumida bajo la losa del pesimismo ante el 12-J, En Marea es un peso mas sobre ella.

→ El espacio galleguista
Sin embargo, lo relevante de la vuelta de En Marea no es su papel el 12 de julio sino que es el movimiento que anticipa la reestructuración del espacio galleguista, o mejor dicho del poco espacio galleguista que deja libre el PPdeG en el tablero gallego. Salvo sorpresa, En Marea irá a estos comicios aliado con Compromiso por Galicia y el Partido Galeguista, en una coalición o confederación de partidos que, mas allá de sus ambiciones políticas inmediatas, busca reinventarse para tratar de afianzar de una vez por todas ese espacio galleguista.

Conseguir una especie de Partido Nacionalista Vasco que opere en el tablero político de la comunidad es un viejo anhelo de muchos. De hecho, non han sido pocos los que intentaron ponerlo en marcha en los últimos años, o décadas, pero siempre sin éxito, salvo aquella Coalicién Galega que en su día funcionó de forma parecida a lo que ahora se pretende. Este será, pues, el enésimo intento de visibilizar un espacio político galleguista y transversal.

En Marea conserva la marca, que aunque maltratada por los escándalos internos en los que se vio envuelta en los últimos años, es mediática, conocida y para colmo mantiene representación parlamentaria, lo que supone un plus para los debates y el reparto de tiempo electoral, por ejemplo. CxG tiene estructura y experiencia orgánica, así como una red municipal y conexión europea en virtud al pacto con el PNV. Y el PG aporta el peso histórico del movimiento galleguista.

Se trata de aprovechar lo mejor de cada uno para lograr algo de auténtico valor. Como cuando se va a las 'crebas'.
 

Quienes están y quienes no están en el nuevo proyecto
El exdiputado Pancho Casal es el nuevo rostro de En Marea, aunque su peso orgánico no es en realidad comparable al que tuvo Villares en su día. De hecho, a Casal hay quien le atribuye el paso al frente del partido, incluso para hacerle un favor al PP, y hay quien sostiene que ni está en las negociaciones con CxG y PG. También se da por hecho que, aunque tiene experiencia parlamentaria, no va a ser él el principal candidato el próximo 12 de julio. Los que seguro no están en la nueva En Marea son Cerna, que parecen mas escorados hacia el Bloque Nacionalista Galega (ironías de la política) ni Davide Rodríguez. El diputado ourensano fue quien sostuvo al partido en el Parlamento estos meses.

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