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Es frustrante que fracase el rescate de la hostelería por discutir quién reparte un dinero que, por cierto, pagamos todos
Pleno del Parlamento. LUIS POLO (AGN)
Pleno del Parlamento. LUIS POLO (AGN)

NO ERA ESTA la semana del consenso, aunque últimamente parece que no lo es ninguna. ¡Y eso que este sábado se celebraba el Día de la Paz! Pero ni con esas. En la agenda política gallega había dos citas claves: el primer pleno del Parlamento del año y la reunión para pactar un plan de rescate conjunto para la hostelería. Y ambas terminaron con idéntico resultado.

En la primera se debatieron cuatro de las leyes que posiblemente estén entre las más importantes de la legislatura: la de presupuestos de la pandemia con su ley de acompañamiento, la de impulso demográfico para abordar el principal problema de Galicia y la de movimiento de tierras agrarias llamada a revolucionar el rural, al menos sobre el papel. ¿El resultado? Todas aprobadas en solitario por el PPdeG y con el rechazo absoluto de la oposición, salvo la anecdótica abstención del PSOE en la ley rural. Más divorcio político que nunca justo en el momento que más unidad se necesita.

La segunda cita importante era la reunión para pactar un plan conjunto de rescate para la hostelería entre Xunta, diputaciones y ayuntamientos. Tres encuentros, desacuerdo total y una semana perdida.

Esta incapacidad de ponerse de acuerdo hasta en lo más básico es preocupante por varias razones. La primera es que no se solucionan los problemas de la gente, que es la esencia de la política. La segunda es que se alimenta el divorcio entre los representantes públicos y la sociedad, que ve a sus políticos como uno de los principales problemas y nunca como parte de la solución. Y en tercer lugar genera combustible para aquellos partidos cuyo eje programático y discurso único consiste en desprestigiar la política, como el caso de Vox.

→ El despropósito de la hostelería


En un debate parlamentario puede ser hasta aceptable que la oposición no apoye leyes del Gobierno porque sus visiones del país son diferentes. Pero en el caso del fracaso de las negociaciones de la hostelería no hay justificación posible. Y es especialmente sangrante si se analiza la razón por la que Xunta, diputación y concellos no se pusieron de acuerdo: el reparto del dinero.

Y es que tras varios tira y afloja —a priori salvables— por las cantidades que tendría que aportar cada administración, el principal escollo fue que los concellos querían encagarse del reparto de fondos y la Xunta también. Así que al final no hay plan de rescate conjunto, sino que serán por lo menos dos: el de la Xunta con 75 millones y el de concellos y diputaciones —quizás no todas— aún sin cuantificar y que ellos mismos quieren repartir entre los hosteleros.

A efectos prácticos el dinero llegará igual a bares y restaurantes, pero obligará al sector a pedir, tramitar y justificar dos ayudas diferentes en lugar de poder hacer todo de forma simple, rápida y eficaz en una ventanilla única. Además, la división política ya no entre partidos sino entre administraciones lanza un mensaje frustrante y decepcionante para la ciudadanía.

Y es que en el caso de los concellos, a través de la Fegamp, ni siquiera fueron capaces de ponerse de acuerdo entre ellos, así que difícilmente podrán pactar algo con alguien. Resulta sorprendente que los ayuntamientos, que llevan años instalados en el discurso de la queja permanente por tener que asumir competencias que no les corresponden ni les financian, tengan de repente tanto interés en asumir la tramitación de unas ayudas que consumirán recursos. Sin ir más lejos, hace cuatro días pedían apoyo a la Xunta para tramitar las multas por incumplimiento de las restricciones del covid. Y tampoco pueden multar a quien no limpia sus fincas ni identificar aquellas sin propietario reconocido. Pero parece que hacerse la foto dando las ayudas a sus hosteleros es mucho más sencillo.

→ El pulso entre Vigo y la Xunta


Este sábado fue el día de las excusas y la culpas. Unos y otros acusándose de un fracaso que todos —aunque no en igual proporción— apadrinaron. Y que en el fondo estaba anunciado, ya que por momentos las reuniones parecían más un pulso político entre el Concello de Vigo y la Xunta —empiezan a cansar— que un encuentro para buscar soluciones a la hostelería. Una guerra casi infantil por colgarse la medalla de repartir un dinero que, para colmo, todos parecen olvidar que no es suyo, sino que sale de nuestro bolsillo. Y del de los hosteleros.

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