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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

La revolución de las camas bien hechas

El  otro día en una reunión de madres cuarentañeras, las mejores expertas en hijos alterados por esa etapa tan horrible a la que llaman adolescencia, llegamos a la conclusión de que uno de los mayores defectos de los padres hoy en día es hacer a nuestros hijos mayores antes de tiempo.  

Acortar la infancia de los hijos, es uno  de los grandes errores a la hora de educar. Y no me refiero a hacerlos maduros y responsables, si no a convertirlos en miniadultos antes de tiempo.  Esto lo vemos en la forma de vestirlos, en dejarles ponerse un piercing o adoptar comportamientos de adulto desde muy pequeños, en encontrar divertido y alentar que tengan novias o novios, en permitir que con 14 años tengan horarios de fiesta intempestivos, etc. Y lo peor no es que estemos criando pequeños adolescentes con tarjetas de crédito y vida de treintañeros, salidas nocturnas, vacaciones y todo tipo de actividades de mayores, si no que como padres se la subvencionamos. Hubo alguna madre que con vergüenza reconoció que ella era la encargada de comprar los preservativos de su hijo, porque tenía miedo de que dejara a alguna embarazada. Y digo yo, ¿si el chico (17 años) en cuestión tiene paga y novia por qué no se encarga de comprar sus propios preservativos? Pues porque su madre lo sigue cuidando y preocupándose de sus cosas, hasta de sus preservativos, sin darse cuenta de que flaco favor le estaba haciendo.

Para aquella madre el chico de 17 años, al que compraba sus preservativos, seguía siendo su niñito, al que en el más puro contrasentido deja salir de noche, y al mismo tiempo le prepara el desayuno y se le tramita la matrícula del instituto. Y es que no nos damos cuenta del daño que les hacemos no enseñándoles sus responsabilidades y obligaciones, les convertimos en pequeños tiranos dependientes e inútiles.

La mayoría de las que estábamos allí terminamos por reconocer todas nuestras debilidades y errores a la hora de educar a nuestros hijos. Reconocimos que limpiábamos sus habitaciones o les hacíamos el café por la mañana y eso que la media de edad de los hijos rondaba los 16. 

"¿Estábamos haciendo la cama a nuestros hijos, los que van al botellón", nos dijimos unas a otras de repente.  Y  como si de una revolución se tratara una de ellas, creo que la de los preservativos, dijo: "¡Esto no puede seguir así! Si nuestros hijos adolescentes quieren vida de treintañeros, que se la curren, que por lo menos se hagan su cama". Mientras todas asentían,  yo me dije: "¿sólo les vamos a pedir que se hagan su cama?". Y dándome cuenta que si conseguíamos que se hiciesen sus camas, ya sería un pequeño gran éxito en nuestro duro camino , grité: "¡y sino ya sabéis, el que no trabaja duerme en paja!". 

La revolución de las camas bien hechas
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