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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

Preadolescentes, porque todo tiene un principio

Preadolescentes. EP
Preadolescentes. EP

Últimamente me encuentro con muchas madres, que se quejan de “comportamientos adolescentes” en niños, que podríamos considerar demasiado pequeños para estar debutando con una preadolescencia. Incluso, he llegado a oír a madres, que se planteaban si la adolescencia precoz de sus hijos podría deberse a los filetes de pollo "hormonado". Y no seré yo quien les quite la razón, porque no tengo ni idea del tema y tal como me fue planteado, era un sofisma perfecto.

Pero les digo a todas las madres de niños de siete años para arriba que dentro de la medicina y psicología se considera que la preadolescencia puede ser perfectamente viable a partir de los 7 años, tanto física como psicológicamente,  lo que significa un largo tránsito hasta el final de la adolescencia.

Y, ¿qué hacer con un preadolescente de ocho años? Cuando tu hijo de ocho años –al que posiblemente aún le falte algún diente– se planta delante de ti con un comportamiento totalmente adolescente. Un comportamiento con el que tú no contabas hasta dentro de por lo menos 5 años. Entonces te descolocas y no sabes muy bien si es tu hijo el que tiene un problema, si el problema es el pollo en bandeja del Carrefour del que os alimentáis, o si eres tú, que ya no estas para estas cosas.

Yo diría que es un compendio de todo: las madres estamos cada vez más alteradas y cansadas. Y es que lo de la conciliación va como va, y los hijos preadolescentes podemos definirlos como irritables. Por otro lado los hijos de ocho años tampoco están preparados para ser irritables, contestones, y malhumorados. Y ese pollo en bandeja tampoco creo que ayude mucho.

Cuando tu hijo empieza con su preadolescencia lo primero que NO tienes que hacer es intentar convertirte en su amigo. Y digo intentar porque la amistad padres e hijos no es posible hasta la madurez de los hijos, vamos, hasta los 40.

Pues eso, nada de ser amigos de los hijos preadolescentes ni adolescentes. Y es que nuestros hijos lo que necesitan en ese momento son unos padres. Amigos ya tienen. Necesitan unos padres que estén ahí, que pongan límites, que les escuchen e incluso que los castiguen si es necesario. Unos padres con capacidad para negociar con ellos, pero que no se dejen manipular. 

En lo de negociar con adolescentes y preadolescentes me atrevería a daros un truco, que aunque suene políticamente incorrecto, creo que es imprescindible: cuando vayas a negociar con preadolescentes/adolescentes tienes que  hacerles creer que negocias con ellos, pero nada más lejos de la realidad. Tú no vas a negociar si no a salirte con la tuya. ¿Cómo hacerlo? Tú te sientas a hablar con ellos, les escuchas, siempre hay que escuchar a nuestros hijos, les explicas , les vuelves a escuchar y finalmente cedes, en aquello que tú ya tengas claro, o más bien haces que tu hijo crea que cedes. 

Preadolescentes, porque todo tiene un principio
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