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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

Los padres debemos reprimir el impulso de la "bofetada por su bien"

CUANDO UNA madre o un padre pegan a su hijo son ellos los que tienen un problema y no sus hijos, aunque muchos de esos padres suelen justificarse con la manida frase de que "lo hacen por los niños" . Y es que tienen asimilado que esa es la forma “normal” de educar .Sin embargo, hay muchas otras formas de educar a los niños sin necesidad de recurrir a la violencia física. Vaya por delante que cuando hablo de “violencia física”, hablo de hacer daño, de humillar, no de collejas de madres desesperadas, que están cansadas de tantas malas contestaciones, y es que me declaro fan de la colleja de toda la vida. 
Los padres tenemos que hacer el esfuerzo de reprimirnos ante el impulso de acudir a la “bofetada” y optar por otras herramientas, como la de explicar al niño con palabras, sin gritos, que lo que está haciendo no es correcto. Y eso no quiere decir que a un hijo no haya que advertirle que tendrá consecuencias si se vuelve a repetir la situación que motivó el incidente.
Todo esto es la teoría,  pero no podemos olvidar que el día a día de los padres va cargando su mochila de problemas, preocupaciones y estrés, lo que finalmente hace que ante un mal comportamiento, una mala cara o una mala contestación recurramos al “cachete, por su bien"  y  después llega el sentimiento de culpa, que provoca que bajemos el tono e incluso de repente nos volvamos  más permisivos, todo un error educativo. Para no llegar a este punto debemos de tener en cuenta:
Es importantísimo dedicar tiempo a estar con nuestros hijos, pero tiempo de calidad , en el que dejemos de lado nuestra “mochila de las preocupaciones” y nos dediquemos a disfrutar de sus juegos y su compañía, estableciendo una convivencia positiva.
Las normas y límites deben ser adecuados a su edad, a veces somos demasiado exigentes con estas cosas. Sobre todo en la adolescencia, es importante que impliquéis a vuestros hijos en la elección de las normas y límites que se van a establecer y así será más fácil que las cumplan. No obstante, es recomendable que les dejéis claro que, como padres, tenéis la obligación de protegerles y buscar su bienestar. Pero no debemos olvidar nunca que usar el castigo físico como método para educar es perjudicial en todos los niveles de desarrollo. Además, puede generar a largo plazo dificultades en las relaciones con los demás y alteraciones en la salud mental. 

Los padres debemos reprimir el impulso de la "bofetada por su bien"