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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

Mi hija es una 'drama queen'

Tener una hija adolescente es todo un drama. Pero un drama de esos que te sacan de quicio

El viernes pasado tuve mi primera sesión 'profesional' con madres de adolescentes, no éramos muchas, pero para ser la primera no me quejo. Es más, me atrevo a decir que fue una reunión muy enriquecedora y productiva. 

La reunión se convirtió poco a poco en una terapia de grupo en la que todas fuimos contando nuestras experiencias y sentimientos sobre la crianza de los hijos adolescentes. Dio la casualidad que todas eran mamás de chicos, lo que me vino muy bien para corroborar que la diferencia de género existe y que tener una adolescente chica en casa es totalmente distinto que tener un chico.

Las que no tenéis hijas nunca viviréis esos días de 'la menstruación' de tu hija, en los que al más puro estilo victoriano se quedan en la cama sin poder hacer nada, por no poder no pueden ni levantarse a por un vaso de agua y un ibuprofeno. Será que yo soy hija de los 70 y de la revolución de las mujeres que lucharon por ser igual que los hombres, y que iban a trabajar sin compresas con alas, ni Tampax súper-plus, que no se notan, sino que llevaban aquellas compresas que anunciaba una señora vestida de rojo, que parecía que llevabas pañales. Tampoco existía el ibuprofeno y tenías que arreglarte con una pastilla con el ridículo nombre de 'saldeva'.

Pues bien, en el siglo XXI, a pesar de los avances técnicos médicos y de I+D, nuestras adolescentes se quedan paralizadas con cada menstruación, si nuestras abuelas levantaran la cabeza y vieran cómo las adolescentes sufren su menstruación como si fueran las únicas en el universo con esto del ciclo. 

Con la primera regla de mi hija le solté un discurso feminista en el que intentaba concienciarla de que esto de la regla no es paralizante, ni una enfermedad. Pues ni adrede me sale peor, y es que en mi casa cuando la adolescente está en esos días, que os puedo asegurar que no los sufre en la intimidad, ella no puede hacer nada, y cuando digo nada es nada: no se levanta porque se muere, no lee porque se marea, no ayuda porque no puede moverse (esto le pasa incluso cuando no tiene la regla), nada, no hace nada, solo estar tumbada en la cama mirando el ordenador y llamándote cada cinco minutos como si tú fueras el servicio de habitaciones. A la 'imposibilidad física' se une el síndrome premenstrual en estado máximo, y es que se junta con la revolución hormonal de la adolescencia, por lo que si no acudes a sus llamadas de auxilio es peor, y eso os lo puedo asegurar que ya lo he probado, y para rematar no olvidemos que las primeras menstruaciones se caracterizan por eso de su larga duración. Así que cuando tu hija tiene la regla el ritmo familiar se paraliza, su vida se paraliza durante por lo menos una semana, en la que la oyes maldecir, llorar, jurar y perjurar. Y mientras piensas al más puro estilo abuela: "¿y cómo hicimos la demás?". Piensas, pero no dices por si acaso. 

Mi hija es una 'drama queen'
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