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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

Convirtiéndome en Instamom bajo la dirección de la adolescente

Imagen para Instagram.
Imagen para Instagram.

El fenómeno de las madres blogueras es una realidad que crece cada día con fuerza y no hay muchas que escriban sobre sus desventuras con sus [email protected] adolescentes. Supongo que la razón principal es que las madres de adolescentes somos en general cuarentañeras desquiciadas, que no estamos para blogs. Y es por eso que estoy convencida de que muchas madres necesitan una Marta está harta en su día a día para entender qué es esto de los adolescentes y prepararse para cuando sus preciosos querubines se conviertan en monstruos adolecentes a los que tienes que querer y educar igual, aunque a veces les parezca imposible.

Con la idea de posicionar mi blog de Marta Está Harta en este mundo hace un par de semanas contacté con una asesora de desarrollo de estrategias de márketing, una  chica majísima que vino a verme para explicarme que es lo que tendría que hacer para darle visibilidad a mi blog, es decir, conseguir el número de followers suficientes para poder convertirme en influencer del mundo madres blogueras.

Ella me dijo que lo primero era estar presente en Instagram: "Si no estás en Instagram, no eres nadie", sentenció, así que de repente yo no era nadie, que difícil esto del mundo de las redes. Después me explicó lo que debería hacer para posicionarme en  Instagram. Al llegar a casa se lo comenté a mi hija, que al parecer tiene dos mil seguidores en su cuenta. Le expliqué que tenía el empeño de conseguir que Marta Está Harta llegara más lejos de mi Facebook. Ella me miró muy seria y me dijo que no se me ocurriera pagar por eso, ya que ella me ayudaría sin ningún problema.

Esto me pareció una idea genial, porque por un lado no estoy para pagar mucha cosa y, por otro, es bueno tener aficiones que nos unan a nuestros hijos y así pasar más tiempo con ellos. Pero me equivoqué, esto de trabajar con tu hija, una adolescente tirana, en un campo en el que no tienes ni idea es duro. Y es que no veáis las broncas que me caen por si subo esta foto o aquella, siempre con la coletilla "no tienes ni idea". Cuando no es una bronca porque la foto no es adecuada, es por la hora en que la publiqué y si no el hashtag, o porque no puedo seguir a más gente que la que me sigue, eso al parecer es de pringados.

La cuestión es que desde que decidí trabajar con mi hija en esto de mi Instagram. Tengo más presión que cuando trabajaba en ventas y mi jefe me llamaba a las ocho de la mañana para ver cómo iba el día.

Y esta semana viene lo peor pues se ha empeñado en hacerme una sesión de fotos "decentes", según sus propias palabras, para colgar en mis redes y es que una buena imagen vende -dice mi hija- .Y no digo yo que no, lo que pasa es que yo soy antifotogénica. Sacarme bien en una foto a mí es difícil, la cámara me estresa y me pongo tensa. Yo preferiría seguir escondida detrás de la ilustración que me hicieron, pero ella se ha empeñado en que hay que hacerme fotos y cuando la adolescente se empeña, no os podéis ni imaginar qué tesón. Así que ya me veo posando con el sol de primavera delante de su teléfono porque el mío, según ella, no es teléfono para instagrammer y si quiero seguidores ya puedo ir cambiando de terminal, ha dicho. En menudo lío me he metido con esto de ser instamom, como dijo Don Quijote con la iglesia hemos topado.

Convirtiéndome en Instamom bajo la dirección de la adolescente
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