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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

De amor, adolescentes y sus padres

Las madres a veces nos venimos arriba con la expectativa de ver a nuestra hija, o hijo, asentados, tranquilos y sonrientes
Las madres a veces nos venimos arriba con la expectativa de ver a nuestra hija, o hijo, asentados, tranquilos y sonrientes

Son muchas las madres que se vuelven locas, y me refiero a locas de alegría, con ese primer novio de sus hijas. Ese novio/novia que consigue aplacar el monstruo de la adolescencia y que nuestros hijos nos vuelvan a sonreír, aunque sólo sea de vez en cuando. Y es que no hay nada mejor para endulzar el carácter de nuestros más jóvenes que un primer amor. Pero ya os advierto, madres primerizas de adolescentes y preadolescentes, que ese primer amor suele ser fugaz y normalmente viene seguido de otro y de otro... Y cada ruptura es un drama, y cada nuevo enamoramiento una explosión de alegría. Por esto y para que no os volváis locas, os hago una recomendación: "No emocionarse con ese primer novio, que solo un 5% de esos primeros amores acaba en relaciones serias".

Ahora, que es primavera, aparecen muchos novios y novias y no hago más que escuchar a madres encantadas con las elecciones de sus adolescentes.

– ¡Marta, es que no te creerías cómo está fulanita desde que se echó novio! ¡ Fíjate que ahora hasta sonríe! –, me dice el otro día la madre de una de mis adolescentes, con los ojos brillantes de la emoción. Yo solo pude contestarle, con media sonrisa, que no se fiara mucho que a esta edad se cambia bastante de parecer y de novio.

Y es que a veces nos enamoramos más las madres que las hijas y luego cuando llegan las rupturas, no estamos preparadas y sufrimos más. Es por eso que yo siempre recomiendo no emocionarse con los amores de los adolescentes, ya que son bastante fugaces. No debemos entrar en el juego de llamar novios a lo que son, como diría mi abuela, meros refrescos.

 . Y somos capaces de llevarnos al noviete de vacaciones con nosotros, si eso nos asegura 15 días de tranquilidad. Y aunque muchas de las que estéis leyendo esto diréis que eso nunca lo haríais, yo os aseguro que hacer se hace y que torres más altas han caído. Yo he visto padres celebrando los aniversarios del noviazgo de la hija, encantados, porque la niña ahora está feliz y ya no se pone loca.

Y digo yo, ¿dónde quedó esa norma, de la que siempre hablamos, de no hacer a los adolescentes miniadultos sin responsabilidades, es decir miniadultos subvencionados por sus padres? Pensémoslo, ¿qué hacemos nosotros, padres cuarentones, celebrando el cumple meses de la relación de nuestra hija de 16? Pues ya os lo digo yo: nada. Así que seamos fuertes, y no nos dejemos llevar por cantos de sirena, que como dice el refrán "a veces es peor el remedio que la enfermedad".

De amor, adolescentes y sus padres
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