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Licenciada en Filología, ” freak ” del costumbrismo , y consumidora de “pelis” de amor . Me encontré con el personaje de Marta Está Harta ya hace años y hemos llegado hasta este blog como contadoras de historias.

Ahora como madre cuaretañera de una adolescente del SXXI.

Los adolescentes no son adultos y no lo debemos olvidar

Una chica rodeada de libros. EP
Una chica rodeada de libros. EP

No debemos olvidar nunca que nuestros hijos adolescentes aún no son adultos, así que aunque es necesario ir soltando lastre y dejarles despegar, tampoco nos pasemos. Sé que Inditex viste a nuestros hijos de adultos enanos, sé que en la tele nos trasmiten que ya pueden manejar cualquier TIC, y hasta las tutoras nos dicen que ya tienen una edad y que deben de ser más autónomos, y no digo yo que no. Pero esa autonomía va ligada a cierta madurez, y en el siglo XXI esta llega con la adolescencia tardía. Así que no debemos olvidar que la adolescencia es esa etapa de la vida en la que no eres adulto, aunque te lo parezca, aunque sueñes todas las noches con serlo, no dejas de ser un niño. El adolescente es un niño en transición, que esta mutando y que tiene momentos de adulto, pero que al final sigue siendo tu niño pequeño que te necesita aunque no lo crea y me atrevería a decir que te necesita más que nunca.

Te necesita para que pongas orden en su vida, eres su luz y su faro y cuando no estás te lo recriminan, y lo veréis ahora con las notas, sobre todo con las malas notas. Escucharéis cosas surrealistas como que no han aprobado inglés porque no les has llevado el día X a la academia, o porque no les habéis ayudado. Os dirán que no estáis nunca para ayudar, o que ahora nos enfadamos, pero que ayer no les preguntamos la lección. Son así de manipuladores y de dependientes, y aunque es cierto que tendrían que ser más autónomos, no olvidemos que hay que enseñarles a serlo, guiarlos, controlarlos (me atrevería a decir), alentarlos y motivarlos, porque aunque no lo creáis es lo que piden entre el putoflipas y el "que te pires, tía", así que ya sabes, ármate de paciencia y piensa que detrás del cambio de voz, el desorden total y las palabrotas sigue tu "querubín querido".

Los adolescentes no son adultos y no lo debemos olvidar
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