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Y, si de repente, esa luz

Título: Secret City
Director: Chris Ulhmann. Reparto: Anna Torv, Dan Wyllie, Jackie Weaver
Cadena: Showcase
Calificación: ●●●○○

HAY VECES en que, de pronto, el rapto. Llega sin avisar y se compone de multitud de sensaciones que podrían calificarse como llenas de luz. Yo tampoco sé exactamente qué significa eso, pero seguro que todos lo hemos experimentado en algún momento. Es una escena de una película, es una página de un libro, es un sonido, es un paisaje. Puede que, sin ser especialmente conscientes, nos pasemos la cotidianidad buscando esos instantes de brillo. No suceden a menudo y, desde luego, no son permanentes. Pero existen. Vale la pena seguir tras ellos. 

Secret City es una miniserie australiana sin arrebato, pero solvente. Es decir, resuelve la trama con la suficiente pericia como para llegar al final moderadamente satisfechos. Seis capítulos de un tiempo no del todo perdido. La historia cumple con la tradición del género, un thriller político que se enreda como se enredan las cosas no demasiado limpias, dejando la verdad y la ética arrinconadas en las esquinas, cubiertas de polvo y de negritud. 

Hay alguien, de cuando en cuando, que decide llevar a cabo una higienización de los espacios. Las razones de semejante proceder pueden deberse al rapto aludido en el primer párrafo. No siempre la belleza nos ilumina, en ocasiones, la deformidad, la desproporción, el desequilibrio, se manifiestan de tal modo que no podemos hacer otra cosa más que rebelarnos y echarnos a andar. Sobre todo si somos periodistas, que es el caso de la protagonista de la serie. Entre las casualidades y los efectos de guion para que todo encaje convenientemente, este personaje principal va destapando una trama corrupta que se extiende mucho más allá del país de origen. Bueno, y cual no. Lo que debería ser un escándalo mayúsculo ha pasado a "solo entretenernos". Quizá habría que mirar eso. 

Lo que tiene un buen thriller es que lo que sufre el protagonista se cuela en los nervios del espectador y, de repente, sus miedos son los nuestros y sus desvelos nos hacen a nosotros pensar. Con Secret City no llegamos a tanto y lo que nos pasa, como mucho, es que nos dejamos deslizar suavemente con la historia. Falta el ímpetu, lo que nos impulsa, lo que nos despierta, todo eso que es capaz de conmovernos. 

Claro que podemos preferir quedarnos dormidos, mirar hacia otros mundos, retroceder el paso y continuar nuestras vidas como si nada se moviera a nuestro alrededor. Podemos elegir ser de los que se unen al grupo de los que van hacia allí, aunque no sepamos con certeza dónde está ese allí, y deslizarnos con el movimiento continuo. Lo que pasa con las series, aunque parezca tonto, pasa con la vida. Si lo que queremos es ser espoleados, esto no quiere decir, exactamente, que nos guste el peligro y adoremos el riesgo, pero sí puede significar que no estemos satisfechos con las cosas tal y como están. En multitud de ocasiones, sino siempre, es preciso escoger un lado. 

La calidad de una historia no viene únicamente de la habilidad para unir de modo correcto la línea de puntos, sino de la capacidad para acentuar artísticamente todo aquello que nos mueve, todo aquello por lo que nos levantaríamos del sofá y, sin pensarlo, entraríamos en batalla. No hace falta salir a la calle con una lanza a resolver entuertos. A veces basta con una buena revolución interior. De las que hacen que cuando te levantes seas otra persona, tengas otro rostro y camines con otra decisión. No importa que nadie lo note, olvidemos las vanidades por un momento. Eres tú. En ti ha ocurrido algo que tiene que ver con la luz, como si hubieras comprendido. Aunque no sea exactamente eso. Pero, y si lo fuera.

Qué hay detrás de lo nuevo

Lo más de lo más en estos últimos cinco minutos son las series cuyo argumento es un 'reality' o un programa de esos que se hace llamar extremos. La serie dentro de la serie o la tele dentro de la tele. Experimento que no es nuevo pero que es llamativo por lo que cuenta. O sea, ya no teníamos bastante con el programa en sí, como para que ahora nos lo trasladen a la ficción y vivamos lo mismo pero supuestamente con más suspense. Puede que esto empiece a ser una conspiración.

Y, si de repente, esa luz
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