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Una historia que pudo ser

LO QUE no se puede negar es que la serie está bien hecha. La puesta en escena y la ambientación son elementos de innegable valor que empujan una historia hacia la credibilidad. Después, está lo demás. Taboo fue presentada como la serie del año con un Tom Hardy que, además de ser el protagonista absoluto, participa en la creación y producción del asunto. Todo gira alrededor de su personaje que no sabe qué más cosas hacer para llamar la atención, se viste de sofisticado e intrigante malote, se tatúa por todos lados, se ocupa de que estén bien a la vista cicatrices de diversos tamaños y colores, y va por la vida sin una sonrisa, con ese aire de superior. No es un protagonista pensado para que el espectador empatice con él sino para que se luzca convenientemente. Aunque, hay que decirlo, el término lucirse parece difícil en este contexto porque la mayoría del tiempo las escenas transcurren en la oscuridad, en los interiores no se ve apenas y los exteriores suelen coincidir con la noche. La serie es oscura. En el planteamiento y su consecución.

Podía haber sido entretenida si la narración abriera más la mano al desarrollo de otros personajes y se adentrara en el conflicto que, se supone, mueve la acción. Sin embargo, al estar centrado todo el peso en el héroe del cuento, se pierden oportunidades interesantes. Es lo que tiene el ego.


Todo está muy bien presentado, con esa seguridad que tienen los que no miran más allá de su espejo


La historia nos retrotrae a la Inglaterra de principios del siglo XIX, a esos tiempos del colonialismo en los que se hacían muchas cosas que era mejor no decir muy alto. En ese tejemaneje entre la Compañía de las Indias Orientales, la Corona y resto de jugadores en un tablero crecientemente despiadado, por ejemplo los estados americanos, que, por aquel entonces estaban en guerra con el Imperio, aparece un hombre solo. Mitad inglés, mitad indígena (aunque esto último no se refleja ni por la profusión de tatuajes ni por esas referencias extrañas y exageradas a lo mágico), llega para enfrentarse con el mundo y, quedan avisados, puede con él. Poco importa que se convierta a los dos segundos de pisar tierra en enemigo declarado del resto del planeta, él, listo como es, estratega como nadie, sobrevive a cada intento de asesinato y, con cada uno de ellos, se hace más fuerte, más poderoso, más irresistible.

Así las cosas, en medio de violencia, explotación, suciedad y oscuridad, lo que queda es poco. Aunque todo muy bien presentado, con esa seguridad que tienen los que no miran más allá de su espejo. Y lo que se pierde es bastante, esas tramas de intrigas palaciegas, compañías comerciales y descubrimiento de nuevos territorios con los que aumentar la riqueza y el poderío. Y esas otras que podían dedicarse a hablar de las consecuencias de todo lo anterior. De la visión desde el otro lado.

Hay una novela de Jean Rhys, Ancho mar de los Sargazos, que cuenta la historia de Antoinette Cosway, aquella mujer loca encerrada en un cuarto de la mansión de Rochester, el caballero atormentado y enamorado de Jane Eyre, a quien los gritos desgarradores de Antoinette sumían en un estado de terror total. Recuperar lo que permanece oculto es una tremenda idea para desarrollar una historia. Quizá si los creadores de Taboo se hubieran acordado de Jean Rhys, la serie sería otra y el enfoque, además de más comprometido, menos plano.

Afirman que habrá tres temporadas y después taparán definitivamente el espejo. Para aquellos que no quieran continuar las aventuras de este Narciso, pueden retomar a Charlotte Brontë y su Jane Eyre y saltar al libro de Jean Rhys. Mientras van saliendo otras cosas en las que pararnos.

De profesión, concursante
Ay, qué Kiko Jiménez se ha cortado un dedo en pleno proceso de abrir un coco. Dice que cree que le ha dolido más el orgullo que el dedo. Y no me extraña, eh, porque al orgullo cuando le da por doler, es tremendo.

¿Pero quién es Kiko? Pues rebuscando en Google lo que he encontrado es lo siguiente: novio de Gloria Camila con quien al parecer tiene proyectos y tronista de Mujeres y Hombres y viceversa. Ahora en Supervivientes. Con ese empuje y ese curriculum, hasta el final.

Una historia que pudo ser
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