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Series que son como libros

Título: Forbrydelsen (The Killing).
Director: Søren Sveistrup.
Reparto: Sofie Gråbøl, Søren Malling, Lars Mikkelsen.
Cadena: DR1.
Calificación: ●●●●●

HAY SERIES que son como libros a los que quieres volver, de los que recuerdas esa página, con ese párrafo, con esa frase que te persigue hasta el punto de creer que sin ella serías otra que ya no comprendes, que ya no se corresponde contigo. Hay series así, que te dicen en imágenes lo mismo que un libro. Uno de los buenos. Si recuerdo Forbrydelsen es porque pocas veces un guion ha estado tan amarrado en todos sus aspectos como este. Pocas veces los personajes se han construido tan inteligentemente. 

Es común, incluso demasiado, conceder el espacio de desarrollo, el tiempo necesario, al personaje principal. Son los minutos en pantalla los que otorgan el peso narrativo y determinan la importancia de unos y otros. No es algo descabellado, sin embargo, es un error olvidar el entorno. Porque en la mayoría de los casos, la significación viene dada, precisamente, por esos espacios próximos, esas personas, esos lugares, esa sociedad, ese país, ese continente en el que vive el protagonista. Esa cultura. Todo influye y todo conforma y de todo se impregna nuestro interior para dotarnos de sentido. Sea el que sea. Pero uno.


Una serie a la que hay que volver para recordar de dónde vienes


Si a través de mi ventana lo que veo es un deteriorado edificio color canela, con ventanas tras las cuales se adivinan cortinas de tonos beiges, siempre cerradas, lo que veo es tristeza, lo que veo es miedo, lo que veo es una especie de amargura de la que se pega a la garganta y no te deja hablar con claridad o de la que pesa tanto que paraliza. A veces, una señora bajita, de pelo cano, se asoma tímidamente. No ayuda esa imagen a proporcionarle alegría al cuadro. Su figura queda recortada entre la tela, un contorno negro difuminado que potencia la imaginación incluso de la mente menos soñadora. La falta de nitidez que marca la distancia facilita el pensamiento: es, la de la señora, una leve mirada al mundo desde ese otro mundo suyo que tiene que ver con su vida, con su casa, con sus anhelos, si los tiene o los tuvo, y sus derrotas, si las hay, si las hubo, si todavía las padece, si ya no cuentan.

En el caso de que, tras mi ventana, contemplase la tonalidad verdosa de un paisaje primaveral y no necesitase aguzar el oído para escuchar todo aquello que suena en la naturaleza, mi espíritu, al levantarme, sería otro. Puede que mejor.

Si, por circunstancias, tuviera la oportunidad de asistir a las dos miradas, en distintos momentos, a lo largo de mis ventanas, no podría ver una sin la otra, no podría, ni siquiera, comenzar a ver, sin que ambas acudieran a mi cabeza. Porque son las dos imágenes -y como esas otras dos, otras y otras- las que, unidas a todo lo demás, crean un tipo de pensamiento que me caracteriza. Que espera algo, quizá indeterminado, quizá no, que reacciona de un modo único.

Es esa particularidad que el entorno confiere a un personaje lo que determina su profundidad, lo que hace que, al instante, sintamos empatía o algo, aunque sea algo. Si todo lo que nos rodea no solo nos envuelve sino que se nos mete dentro, es lógico pensar que en la ficción, si un personaje no tiene entorno no produce el efecto de veracidad deseado.

Maestros son los británicos. Sus personajes habitan un espacio que es suyo en muchos más sentidos de los que pudiera parecer. Tampoco lo hacen mal los nórdicos. Lo han demostrado con Sarah Lund, la protagonista de Forbrydelsen, un personaje que alcanza la dimensión real debido a una caracterización que trae a primer plano el entorno, le da forma y le otorga un carácter único. Ella y el resto del elenco.

Una serie a la que hay que volver para recordar de dónde vienes.

Nuevo buzón de sugerencias 
Si es que no están de moda, podría parecerlo. Son esos programas de supervivencia extrema que últimamente salen como churros en todos los canales. ¿Qué tienen? Los que se prestan, van hasta allí, a las islas, y se ponen a sobrevivir, bueno, buscan lo de siempre, dinero, fama temporal, quizá un futuro programa. Pero, ¿los espectadores? Ver cómo adelgazan, se churruscan, se pelean —en fin, sacan lo mejor de sí— durante horas, es, como mínimo, raro. Se admiten sugerencias.

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