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Rey Lear & Co en el Bronx

Título: EMPIRE
Creador: Lee Daniels.
Reparto: Terrence Howard, Taraji P. Henson, Jussie Smollet.
Cadena: Fox.
Calificación: 3 sobre 4.

EMPIRE
’ es el nuevo boom en cuanto a series se refiere, acaba de estrenar su segunda temporada en la Fox y bate sin parar récords de audiencia. Tiene música -hip hop-, tiene conflictos, tiene ritmo y tiene interpretaciones buenas con alguna sobresaliente, como la de la protagonista absoluta. Es claro que sin ella la serie hubiera tomado otros derroteros y que probablemente no estaría situada en el nivel en que está. ‘Empire’ es excesiva, extravagante, chirría en bastantes ocasiones y tiende a lo kitsch. Sin embargo, atrae. Y lo hace porque cuenta con un guion que sabe llevarte por el camino adecuado, porque los conflictos, aunque suenen a telenovela, están tratados de un modo serio. Con serio me refiero a profesional, a que la historia se plantea con un tema de fondo a resolver durante la narración. Se hace referencia en el primer capítulo a la obra de Shakespeare, ‘El rey Lear’, en la que se plantea el conflicto entre el protagonista y sus tres hijas, y en la que sale a la luz todo el rango de emociones humanas, desde las pasiones enfurecidas y viles hasta las límpidas y más loables. El toque intelectual se acaba en la referencia, pero el planteamiento, salvando las distancias, es el mismo. El protagonista es el dueño de una compañía musical convertida en un poderoso centro de corrupción además de músicos de éxito. Su exmujer recién sale de la cárcel para reclamar su mitad de la compañía. Y es de armas tomar. La pareja tiene tres hijos. Y el padre, al que le han diagnosticado una enfermedad mortal, decide enviar a sus vástagos a una lucha también mortífera en pos de la dirección de la empresa. Es realidad ‘Empire’ es un culebrón. Pero de los divertidos. No hay escrúpulos en esta gente que salió del Bronx y que se hizo a sí misma. Es todo sencillo porque está simplificado en el sí o el no, en el estás conmigo o contra mí. Como no existen otras opciones, los lados están perfectamente definidos. ¿Qué es lo interesante? Que al borrar toda huella moral, los comportamientos de los personajes son erráticos y lo mismo están a tu lado por la mañana que por la tarde te apuñalan con fruición. Ahí entra el elemento sorpresa, tan necesario para una serie, que mantiene el interés capítulo tras capítulo, solamente para ver quién es el que traiciona a quién más veces.

En un juego de poder -aunque sea en la familia- nadie sale bien parado. Nadie gana. Aunque lo parezca. Mientras tanto, mientras la lucha se desata, lo que vemos es un abanico de comportamientos, a cada cual más loco, más estridente, más chiflado. Pero con gracia.

Si la visión fuera otra, si la perspectiva desde la que proyectara esta serie fuera distinta, podría haberse convertido en una maravillosa serie negra. Posee los elementos para guiarla por esos oscuros callejones de perdición. Podía haber sido una tragedia shakesperiana en tiempos modernos, podía haberse perfilado como un drama familiar intimista o, al estilo Woody Allen, como una comedia dramática, con toques desternillantes pero sin olvidar la pregunta moral.

No tenemos nada de eso. Si les va la elegancia a lo gran Gatsby, no es esta la serie recomendada. Una que se inclina siempre por la finura, soporta con dificultad la ordinariez en el lenguaje y las imágenes y, definitivamente, esta no es una historia en la que quepan ni el gusto ni la delicadeza.

Sin embargo, si al contarla, hubiesen tenido contemplaciones en cuanto a la ambientación y a los personajes, hubiese fracasado.

La pregunta es: ¿el éxito arrollador a qué se debe, en realidad? ¿No hay algo, que subyace, que resulta pelín sospechoso?

Negociar con la ira ajena


NO ES una serie, ni una peli, ni un ‘reality’. Pero seguro que lo será, pronto. El País ha publicado un vídeo que muestra una ‘rage room’ (habitación de la ira). Te metes ahí, coges un bate de béisbol, que ya está incluido en el servicio, y te pones a destrozar cosas con él. Así descargas. Es todo un negocio. Atrás quedó esa escena tan bonita de ‘Cabaret’ en la que los protagonistas gritaban bajo un puente durante el paso del tren. Demasiado sutil, en estos tiempos que corren.

Rey Lear & Co en el Bronx
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