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Que todo sea como siempre

LA SEGUNDA temporada ‘Äkta människor’ (‘Real humans’) se vuelve siniestra, cuestión de lo más interesante porque abre nuevos caminos de preguntas, búsqueda, reflexión. Los hubots entran en escena ¿se acuerdan? Y la base sobre la que se sustentaba la sociedad comienza a temblar de manera importante. Esos robots tan parecidos a nosotros son máquinas y, sin embargo, hay algunos que sienten, que recuerdan. Son estos, un pequeño grupo, los que van a ir conformándose en seres diversos con diferentes posiciones ideológicas y morales, y que terminan por separarse y destruir la semilla de algo nuevo que está naciendo. Al tiempo que registran emociones en su disco duro, las opiniones de unos y otros difieren porque ya están capacitados para elegir. Y no todos quieren lo mismo. Ahí comienza otra batalla que será cruenta, que será terrible, que será definitiva. Por otro lado, el bloque humano toma posiciones, también variadas, con no pocos síntomas de violencia, odio, venganza y vanidad. Reaccionan ante algo creado por ellos que comienza a superarlos. Lógicamente, resulta duro aceptar semejante premisa.

Así las cosas, establecidos ya los bandos y los subbandos dentro de cada uno, la serie avanza a través de un planteamiento narrativo convencional, pero eficaz, una suerte de lucha de contrarios con un aire de combate de absolutos. Son, de todos modos, las dudas, los problemas identitarios, los cuestionamientos éticos, los que frenan la tendencia maniquea que podría haber echado por tierra un asunto tan interesante. No es, por tanto, una batalla entre la bondad y la maldad, es, más bien, un crisol de condiciones, circunstancias, pensamientos, sensibilidades y comportamientos contenidos en los miembros de dos grupos cuyas relaciones están, en un principio, perfectamente definidas. Existe, claramente, el rol del que crea y el del que es creado. El ser y su criatura. Siempre que no se alteren, prácticamente todo está permitido. Sin esa modificación no habría serie, así que ese primer impulso narrativo es algo evidente y forzoso. No obstante, la inquietud de la trama que recorre las dos temporadas es el anuncio de un cambio inútil, de una transformación vacía. Resuenan los ecos de la famosa frase de ‘El Gatopardo’: «Es necesario que todo cambie para que todo siga igual» en el último capítulo de lo que parece ser la temporada final de ‘Äkta människor’ y, en general, en la exposición de la historia completa.

Tenemos entonces una serie de ciencia ficción que, ciertamente, mantiene los elementos propios del género, aunque sin demasiada parafernalia técnica -hoy en día solamente hace falta un ordenador y alguien que sepa programar para convertir cualquier cosa en algo terrorífico-. Así que, si bien se ajusta a las normas clásicas de la ciencia ficción y al relato tradicional que se suele desarrollar en esa categoría, es también verdad que lo hace con soltura, presionando las teclas adecuadas para convertirse en algo más que un mero entretenimiento de humanoides. No falta el humor tampoco en esta segunda temporada, un componente casi diría que necesario, porque el ambiente deviene cada vez más en un espacio amenazador, cortante, incluso asfixiante. Una atmósfera en la que se respira, pero mal, cada vez peor. Un lugar en el que el aire está infectado de nosotros mismos.

Se acaba de anunciar que no habrá tercera temporada -al menos de momento- porque la serie no ha obtenido la suficiente audiencia. La cadena no seguirá pagando por algo que la mayoría no ve. Disfrutemos pues de lo que nos queda. Que todo cambie para que todo siga igual.

Los niños con los niños...

¿Sabián que Mediaset España tiene un canal ‘masculino’ llamado Energy y que Atresmedia ha lanzado Mega para competir con el primero? Pues como lo leen. Así parece ser que se denominan los canales con una programación que contiene cosas del tipo deportes, series, documentales, pero en plan… masculino. (Piensen en todos los tópicos que se les ocurra y acertarán). Gracias al cielo -y de nuevo a Mediaset, que se las sabe todas- también está Divinity. Para nosotras, chicas.

Que todo sea como siempre
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