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Que la risa salve un poco

Título: MIRANDA.
Creadora: Miranda Hart.
Reparto: Miranda Hart, Tom Ellis, Sarah Hadland.
Cadena: BBC.
Calificación: ●●●●○

ES INTELIGENTE reírse de uno mismo, aunque, a veces, bien es verdad que maldita la gracia. Y lo es porque ayuda y quizás, en ocasiones, nos salve. Nos salve de las inconsistencias del ser, de las tonterías humanas, de los errores descomunales y de los fracasos estrepitosos. Es una salida digna y, además, sabia. No es sencillo, sin embargo, hacer tal cosa. Es necesario no darse tanta importancia y aprender a vivir como si no fuéramos los únicos que tienen problemas, los únicos a los que les pasan cosas horribles o tristes o dolorosas o todo eso junto y los únicos que sufren de soledad. No hay egoísmo más feo que creerse víctimas de una conjura del mundo contra nosotros. No hay deriva más antiestética que querer ser el centro del universo. Estos casos existen, claro, y se dan en su absoluto. Pero lo normal es que todos tengamos un «dentro», como diría Ortega y Gasset, salpicado por ese tipo de pensamientos absurdos.

Para aquellos que aún posean la voluntad de reflexionar sobre ello e intenten, de algún modo, remediarlo, hay buenas noticias: se puede. Para los que no, bueno, pasen la página, que hay más palabras antes y después de mí. Una de las maneras de enmendar ese desaguisado egocéntrico es utilizar el humor para recomponernos. Si no se sabe muy bien por dónde empezar, lo mejor es ponerse a ver Miranda, una comedia de situación inglesa, escrita y protagonizada por Miranda Hart, que tiene -lo digo en serio- mucho ingenio. No se trata de un humor sofisticado sino todo lo contrario, ni siquiera se trata de una búsqueda del chiste perfecto; no obstante, enlaza, multitud de veces, escenas tan graciosas que la risa es continuada y el colapso suele aproximarse peligrosamente. De hecho, no hay que darle muchas vueltas para comprobar que la serie funciona con el solo desarrollo de un punto básico, tópico y típico, como es la dificultad -que se torna por veces en imposibilidad- de encontrar el amor. Si en ciertas ocasiones lo tópico es un lastre, en este caso es un acierto porque su uso es el adecuado y su tono es el correcto. Más, sería pasarse; menos, sería ridículo.

No hay que buscar, pues, en Miranda, gags del tipo sesudo, sino, más bien, dejarse llevar por el ritmo que ella aplica a cada situación y, en general, a la trama entera. Hay mucho de cine mudo en la puesta en escena, mucho de slapstick, esa comedia estupenda (que conjuga lo visual con la exageración y la farsa) que casi nació con el cine mismo y que dejó maravillas en las primeras décadas del siglo XX. La caracterización del personaje principal es la comedia en sí misma y la potenciación de los diálogos descabellados es el apoyo perfecto, implicando a unos pocos personajes más que actúan de resorte de sus ocurrencias.

El amor, la amistad, la soledad, el futuro, el fracaso y un implícito planteamiento existencial es lo que vemos cuando vemos Miranda. Son treinta minutos en los que no hay lugar para el drama, quizá venga después o puede que ya haya pasado, pero en ese espacio no tiene cabida. También esto es interesante porque hay una curva en el camino de la comedia en la que nos topamos con una melancolía -provocada o no- incómoda. Tendemos a tender compasión por aquellas criaturas que sufren esa graciosa desdicha.

Detrás de toda carcajada puede que exista un poso de amargura que algunos explotan y otros no. Con Miranda no hay lugar para la pena. Al fin y al cabo, y ya que nuestro «dentro» no es algo cerrado e inabordable sino un irse haciendo mientras se va viviendo, no hay razón para no llenarlo de risas sanas (aunque sean a nuestra costa).

Dkiss es una mina de ideas


AY, QUE empieza un programa arrebatador. Ya solamente el título, invita. Pero invita mucho, mucho. ‘Cuerpos embarazosos’ se llama. Y nos lo presentan en Dkiss -ese canal- tal que así: «Bultos en cabeza y pies, órganos sexuales atrofiados, fístulas purulentas, dentaduras podridas, exceso de sudor, exceso de pelo, secreciones, olores desagradables y diversas infecciones por hongos». No me digan que no es de lo más irresistible. Primero lo vemos y luego lo curan, parece.

Que la risa salve un poco
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