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O calidad o rentabilidad

Título: Bron Broen (3ª T).
Creador: Henrik Georgsson.
Reparto: Sofia Helin, Kim Bodnia, Dag Malmberg.
Cadena: BBC4.
Calificación: ●●○○○

EL PELIGRO de las segundas o terceras temporadas es agarrarse a las primeras de tal forma que impida dar a la creatividad un espacio necesario. Esto es lo que les ha ocurrido a tres series con primeras temporadas estupendas que han bajado el listón en esta siguiente fase. Una de ellas es ‘Bron Broen’. Una coproducción suecodanesa cuyo punto de atracción es su protagonista, un personaje cuya peculiaridad es su incapacidad para sentir empatía, lo que provoca situaciones política y moralmente incorrectas cada dos por tres. Un juego de guion espléndido, que marca el tono del relato. Otro de sus ases era la relación de los dos personajes principales, ambos policías, completamente opuestos pero condenados a entenderse por un caso en común. La trama principal, la que movía la acción, era la del asesinato y posterior búsqueda del asesino; la trama secundaria, la intrahistoria unamuniana, era la exposición de la problemática interna de la protagonista y su relación con los demás. Una primera temporada de calidad, en la que las piezas encajan en una narración eficaz. Como la historia que se cuenta no se cierra con el último capítulo, se alarga la trama para una segunda temporada, en la que ya se presenta algún que otro desliz guionístico, derivado, precisamente, de esa obligatoriedad de prolongar la acción. Lo que funciona económicamente hay que mantenerlo como sea.

Y viene la tercera temporada. Y comienzan los problemas. ¿Por qué? Pues porque ya apartaron al compañero de la protagonista, porque se les ocurre meterlo en la cárcel y aunque se le recuerda, -su imagen, su idea, permanece en los espíritus de sus allegados-, la verdad pura y dura es que no está, ni se le espera. Es entonces cuando hay otro asesinato y a la protagonista hay que buscarle un nuevo partenaire. Y el edificio se derrumba poquito a poco porque aquel ‘feeling’ logrado con el primero ya no se repite. Se cargan pues las tintas en la personalidad inquietante y poco ordinaria del personaje principal. Y, ya saben, acercarse a los límites está bien, rebasarlos también, si esa es la intención, pero irse a los extremos como recurso para no caer en un vacío narrativo ya no es buena idea. En la tercera temporada de la serie observamos cómo Saga Norén -la protagonista- se acaba convirtiendo en una parodia de sí misma. Un personaje que fue uno de los mejores del año 2011 y de la historia de las series. Qué pena.

Otra segunda temporada que mejor sería que no hubiera sido rodada, que la cosa hubiese quedado así, es la de ‘True detective’. Esa historia incomprensible y ese querer y no poder y ese intentar ser lo que no se es y, ay, esa sombra de aquella luz. Una trama sin sentido y unos personajes que pretenden ser tan atormentados y tan ‘outsider’ y tan iguales al protagonista de la primera temporada. Una cosa es seguir una línea narrativa que ha dado muy buen resultado y otra es hacer que parezca que mantenemos esa fuerza con una historia y unos personajes planos, detrás de los cuales solo está la estela de lo que una vez fue algo con un cierto significado. Con buscar unos escenarios desolados y hacer secuencias con toque artístico parece que ya está. Y claro, no.

Y el último ejemplo es ‘Fargo’. Una segunda temporada que no es que esté mal -al menos se han dado cuenta de que reproducir la primera cambiando los nombres no era el camino más adecuado-, pero sí que le falta la sutileza que envolvió a los capítulos previos, en una historia en la que los personajes se iban desplegando en un rompecabezas humano y terrorífico.

Seguir creando, pero igual de bien, qué dilema.

Y así nos conocemos

"Te veo muy lanzada, ¿eres así en la vida para todo?". Le preguntará mañana Jesús Calleja a Soraya Sáenz de Santamaría en el programa ‘Planeta Calleja’, una emisión que consiste en que un invitado/a hace cosas que podrían calificarse como deportes de riesgo o pruebas un tanto disparatadas o exóticas o vaya usted a saber qué. Conocemos, gracias a este programa, el lado más personal de los protagonistas. Lo lanzada que es la vicepresidenta, por ejemplo. Una bala, oiga.

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