Viernes. 21.09.2018 |
El tiempo
Viernes. 21.09.2018
El tiempo

La violencia es el motor

Título: American Gods.
Creador: Bryan Fuller.
Reparto: Ricky Whittle, Ian McShane, Emily Browning.
Cadena: Starz.
Calificación: ●●●○○

LO CONFIESO: no voy a pasar del primer capítulo de American Gods. No quiere decir nada. De hecho, ha tenido, desde su estreno, excelentes críticas. Por su acertada adaptación de la novela de Neil Gaiman, por su apuesta estilística, por su puesta en escena atrevida y desmesurada. La simbología de la historia ofrece oportunidades únicas para demostraciones visuales insospechadas y -es una opinión- demasiado explícitas, como para que resulten aceptables. Pero, claro, todo es cuestión de paladares. El capítulo piloto nos enfrenta, un poco confusamente si no se ha leído el libro con anterioridad, a un relato de dioses antiguos con nuevos dioses en una América actual. Por tanto, hay mitos y leyendas, hay realidades cotidianas, hay espíritu de crítica y hay -o parece que hay en alguna parte- una historia que nos quiere explicar todo eso de una manera un tanto coherente. Al final del capítulo sigue siendo tan difícil centrarse como al principio. La cosa es que un hombre sale de la cárcel y por el camino se encuentra con un tipo llamado Miércoles que le insta a que trabaje para él y que parece saber más cosas de las que un humano relativamente normal es capaz de conocer. Luego es un dios. (Aunque a esta conclusión llegas si estás al día de la trama o si te va lo extravagante). Es complicado manejarse con códigos tan crípticos porque, bien es verdad que las alegorías están bien si son oportunas y te sirven para algo, pero si hay tantas que te pierdes en el caos metafórico, el resultado puede ser desesperante.

A mí, por favor, sírvanme, señores y señoras guionistas de series, una historia sencilla, que de verdad no está reñido este deseo con una historia profunda, con una historia apasionante, con una historia, incluso, desmesurada en su concepción y en su resultado. La claridad narrativa no es freno para una comedia loca, para un drama desenfrenado, para una tragicomedia imprevisible, para una road movie fundamental, para un cuento de terror espeluznante. Ni es nuevo, ni es especialmente original: sugerir en lugar de mostrar tiene mayores efectos en mi ser sensible. La violencia, directa, minuciosa, desagradablemente nítida, de muchas de las escenas de la serie, no está hecha para mí.

Segunda confesión: creo que he tenido más tiempo los ojos cerrados que abiertos a lo largo de este primer capítulo. Qué quieren, los cuerpos despedazados, desmembrados, horriblemente mutilados, con la cantidad de sangre que supone eso, fluyendo por toda la pantalla, no es lo mío. Sigue sin querer decir lo escrito que no sea esta una serie con fuerte influencia en una audiencia considerable. Y tampoco que las secuencias gore sean, efectivamente, gore del bueno. Como es cuestión de gustos y de aguantes, yo prefiero ver, si eso, la espada reluciente a punto de, que la cabeza separándose del tronco al tiempo que el filo penetra irremisiblemente en el cuello del desdichado/a, sobre todo porque en el primer caso sufro igual el estremecimiento y en el segundo -si no reacciono con celeridad y lo veo- padezco trastornos asociados a ese horror que no son fáciles de resistir. 

Podríamos también hablar de las consecuencias -de haberlas- de tanta violencia en las imágenes. Y de paso, de tanta violencia en el lenguaje y de tanta crueldad en el discurrir del mundo. Podríamos argumentar a favor y en contra o podríamos manifestar incertidumbre. Podríamos cerrar los ojos o hartarnos de ver vísceras salpicando la comodidad -aparente- de nuestras vidas. Dónde lo que hay que mirar, dónde lo ineludible. Dónde lo gratuito, dónde el espectáculo.

Los realities de puentes
Que nos vamos ahora a Argentina, a la Patagonia. A construir un puente para después llegar a una isla, para después recibir una recompensa. Es un nuevo reality que presenta Paula Vázquez que, imagino, nos irá narrando las aventuras de los constructores. Que si no se sostiene bien, que si hay que levantarlo más, que si no nos vendría mal alguna que otra herramienta, que si no sabíamos que esto cansaba tanto. Pues sí, realmente interesante esta nueva idea. Deseando verlo.

La violencia es el motor
Comentarios