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Ironizar la incompetencia

Título: Veep.
Creador: Armando Iannucci.
Reparto: Julia Louis Dreyfus, Anna Chlumsky, Tony Hale.
Cadena: HBO.
Calificación: ●●●○○

VEEP’ ES una serie cómica que va por la cuarta y, parece que, última temporada, con Julia Louis- Dreyfus encabezando el reparto y ejerciendo de vicepresidenta de los EE.UU. La comicidad viene derivada de la sátira no demasiado sutil ni demasiado fina ni demasiado nada. El planteamiento es poner a unos incompetentes en cargos políticos de altura y soltarlos ahí, para que hagan lo que les resulta habitual (más que nada porque aprender otro tipo de comportamientos estaría de más, sería pedir demasiado). La comicidad viene de ahí, de que son estúpidos pero poderosos. Hasta ahora, todo va sonando muy familiar ¿no? El problema: el de la vida misma, que te vas cansando de ese estado de cosas y que las gracias empiezan a parecerte de mal gusto. Con todo, es una serie que mejora a medida que avanzan las temporadas y que incluso llega a tener momentos de ingenio que valen la pena. Quizá la recomendación es verla en ese tiempo perdido, en esos instantes existenciales en los que todo parece absurdo y la política, aún más. Porque confirma los más terribles pronósticos y las pesadillas más espantosas, a saber, la ineptitud y la ignorancia acabarán tiñendo el panorama que alguna vez, en algún punto, fue luminoso, y nuestro papel como ciudadanos será el de unos que pasan por ahí y que hacen cosas y a los que nadie presta importancia porque, en realidad, para qué engañarlos, no tienen la más mínima.

La vulgaridad en el lenguaje y en las formas planea por todos los capítulos de esta serie y eso es algo muy acertado porque dónde va la época en que las palabras y su utilización definían, de un modo, casi artístico, a la persona observada. Esos períodos en los cuales el devenir lingüístico no solamente ayudaba a comprender sino también incitaba a mejorar a aquellos que escuchaban; ampliaba horizontes, por decirlo en dos palabras. Ubi sunt? Al igual que la muerte acababa igualando a todos en aquellas coplas de Jorge Manrique -«Así que no hay cosa fuerte,/que a Papas y Emperadores /y Prelados,/así los trata la Muerte/como a los pobres pastores/de ganados»-, el lenguaje hace lo propio en la actualidad. Una ordinariez cualquiera puede ser oída en cualquier lugar. Pero no pasa nada. Es la globalización.

Así que ‘Veep’ es la historia del despropósito y de la trivialidad enmarcada en las oficinas de la vicepresidencia americana. Es un sarcasmo, claro. Y como todas las sombras que proyectan todas las ironías, remiten a verdades indecentes. Es como que te ríes al tiempo que te da ardor de estómago. Pero no hay de qué preocuparse. Son personajes de ficción americanos, versionados además de los ingleses en la serie ‘The thick of it’. Y ya sabemos que los británicos poseen un humor especial y que tampoco la totalidad, en plan, cien por cien, de lo que vemos en pantalla tiene que estar basado en la realidad. Esto ni es Norteamérica ni es Gran Bretaña, esto aquí, en España, no ocurre.

Puede que a veces sea mejor no visionar productos exportados. Pueden confundir. Pueden provocar dudas. Pueden perturbar al espectador nuestro, tranquilo en su sofá, que piensa para sí que todo es un desastre y luego se va al bar a exaltarse un poco con el fútbol y ya se le olvida. Esta vida placentera donde las haya pudiera verse afectada si, en cierto instante, tras un fulgor incomprensible, comenzara a ver series extranjeras y a unir los puntos. El dibujo resultante podría ser, no el de una vicepresidenta deslenguada como la de ‘Veep’, sino, quién sabe, el del mismo presidente de.

Justo me quedan los caracteres para despedirme de esta mascarada. En honor al Carnaval.

Sálvanos, deluxe o sin él. Aprovecho una oportunidad como esta para hablar del libro de Jorge Javier Vázquez, el ilustre presentador de Sálvame de Telecinco. ‘La vida iba en serio’ es un libro que, evidentemente, promete, a juzgar por los programas que su autor presenta. A Telecinco le parece lo mismo y en su web se puede leer el primer capítulo en exclusiva, además de consultar el calendario de firmas. El escritor dice tal cual que «tenía una necesidad de vaciarse». No sé. Pues no hay más que decir.

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