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Impulsar el miedo al otro

EL MIEDO es algo que paraliza y destruye o algo que activa y salva. Algo que nos domina o algo que conseguimos sujetar, a duras penas, o con cierto éxito. Hay veces que irrumpe sin saber cómo, de lo desconocido, de zonas en penumbra, de espacios invisibles; hay otras veces en que es posible conocer su origen y ligeramente más sencillo, en estos casos, enfrentarse a él. El temor, en ocasiones, traspasa los límites que somos capaces de poner, se convierte en algo transgresor y deviene en una especie de ser, de ente, de sustancia, que se concreta más y más y más, hasta hacerse casi palpable, casi concreta, casi real. Es ahí cuando el miedo y tú sois los personajes principales de una historia única, el antagonista y el protagonista de un relato tan antiguo como el mundo, tan universal como el idem.

Claro, este asunto, trasladado a la ficción, es interminable en cuanto a producción de ideas, narraciones, leyendas, etc., en todo tipo de formatos. Es un tema que no se agota sino todo lo contrario. Ahora que estamos viviendo la edad dorada de las series televisivas, cabe destacar que un porcentaje considerable lo cubren las historias de terror y, más concretamente, de zombis. Tenemos muertos vivientes por doquier. Y acaban de estrenar, a bombo y platillo, ‘Fear the walking dead’, un ‘spin off’ o derivación de otra serie anterior, ‘The walking dead’. En la primera, son ellos los que dominan la tierra y, nosotros, seres humanos indefensos, los que formamos un grupo -cada vez más pequeño por la manía que tienen los zombis de servirse de nosotros para alimentarse- resistente, que no tira la toalla aunque sabe de antemano que todo está perdido. Son los héroes, nuestros hermanos.

Si no te apetece demasiado ponerte a pensar en otro tipo de horrores más cercanos, si lo que quieres es dejarte llevar y zambullirte en un relato o blanco o negro sin zonas grises, pues vas, y te enganchas

Esta segunda serie cuenta el inicio del apocalipsis, la hecatombe. En esta -aún mayoría-resistimos, nos rebelamos, no solamente porque la otra opción sería dejar que nos comiesen sino porque en la trastienda está la premisa de un ataque a nuestra sociedad, de una amenaza a lo conocido, a lo que somos. Cuenta en seis capítulos cómo, de repente, un miedo innombrable, inconfesable, pero común a todos, ataca fieramente sin apenas dar tiempo a reaccionar, sin dar tiempo a construir barreras, a levantar muros. Podríamos con facilidad conectar con múltiples hilos la simbología que tiene esta trama. Hilos que nos atan al aquí y al ahora, que hacen nudos para unos de vergüenza y para otros de orgullo. Pero hablamos de zombis, no de sirios, y así es mucho más cómodo caracterizar a los buenos y a los malos, no hay que meterse en problemas morales.

Qué tiene entonces ‘Fear the walking dead’: que si te gustan las historias un poco sangrientas pero sin exagerar, si no te apetece demasiado ponerte a pensar en otro tipo de horrores más cercanos, si lo que quieres es dejarte llevar y zambullirte en un relato o blanco o negro sin zonas grises, pues vas, y te enganchas (con el blanco, por sí). El arranque del primer capítulo es bueno, está basado en una idea original y que funciona al entrar en juego la verdad y la mentira poniendo a un adolescente drogadicto de protagonista. Después ya es más o menos lo normal. Seguir explotando el miedo terrible, el miedo inaguantable, el espanto, el horror.

Lo interesante: esta metáfora tan llena de significado. Pensar que este recurso que se ha utilizado siempre en la ficción, y que consiste en caracterizar al otro de la manera más repugnante posible para despertar odio, se ha convertido también, y cada vez más, en un recurso de los poderes religiosos, políticos y económicos. El zombi, el que no es yo o nosotros. Aterroriza ¿verdad?

Seguimos con 'Gran hermano'

Señoras y señores, vuelve ‘Gran hermano’ (y vamos por el decimosexto) a la cadena Telecinco y vuelve Mercedes Milá porque dice que ella también tiene que pagar la hipoteca. Pues normal. Si es lo que le queda más a mano y con eso sirve, listo. Además, no nos engañemos, es el alma del concurso, con esa camaradería y esa cosa, que te lo dice así todo como le sale. Qué suerte tiene, de todos modos, yo voy un día de euforia, y hago lo mismo en mi trabajo y seguro que me despiden.

Impulsar el miedo al otro
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