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Ese nosotros, esa ciénaga

Título: Bla Ögon (Ojos azules).
Creador: Fredrik Edfeldt.
Reparto: Karin Franz Körlof, Louise Peterhoff, Sven Nordin, David Lindström.
Cadena: SVT (Suecia).
Calificación: ●●●●○

LOS INMIGRANTES inundan nuestras calles, nuestras casas, nuestros trabajos, nuestras vidas. Poco a poco, lo genuino, lo considerado propio, va dejando de asociarse a nosotros, los que nacimos aquí, los que llevamos aquí generaciones y generaciones. Ellos han llegado y se han instalado y van rasgando nuestro acervo, nuestra historia. Ahora la realidad es quebradiza, se rompe, porque mires hacia donde mires, lo que ves no es uno como tú, sino uno como ellos. Nuestro pueblo era pacífico, vivíamos todos en una comunidad ideal, las cosas eran fáciles, estábamos seguros. Éramos compañeros, compatriotas. Compartíamos un espacio y una lengua y unas tradiciones. Todos nos entendíamos. Ahora vienen y desvirtúan la utopía. Con lo bonito que es pensar mentiras.

A la violencia nos arrastran ellos. Es por nuestro bien. Por nuestra supervivencia. Eliminarlos no es un capricho, es una necesidad. Estamos defendiendo nuestra tierra. Cualquiera puede comprender que la razón está de nuestro lado. Vienen, y nos confunden, y nos desdibujan. Vienen y nos quitan la esencia. Nos vampirizan. No nos queda otra salida más que echarlos, de un modo u otro, pero hacerlos desaparecer. Hay, para esto, distintos caminos. Podemos crear un partido y entrar en un sistema en el que tendríamos legitimidad. Con lo bonito que es pensarse único.

Es cierto que hay que superar algunas barreras, determinadas reticencias que nos llegan de estas gentes empeñadas en defender los valores democráticos. Sí, muy bien. Pero, a costa de qué. ¿Vamos a poner en peligro a nuestros hijos? ¿A nuestros nietos? No podemos permitir que nos roben el futuro por los miramientos de unos cuantos escrupulosos. Si esto empieza a parecerse a un ojo por ojo, desde luego lo que está claro es que lo empezaron ellos. Ya dijimos que la razón está de nuestra parte. Y la religión también, por supuesto. Con lo bonito que es sentir la superioridad en las venas.

No. No pensamos en las consecuencias. Hay ciertos asuntos que no requieren análisis sino acción. Lo primordial es defendernos porque nos están atacando, aunque algunos no lo vean todavía. Ciegos ante lo evidente. Hay que actuar. Y actuar pronto. Hay que hacerlo antes de que sea demasiado tarde. Nuestro estilo de vida, nuestro paisaje. Todo se está transformando tan rápidamente y el peligro es tan grande que se hace imprescindible tomar ese camino en el que no hay vuelta atrás. Es así. O ellos o nosotros. O que entren, y vivan, y nos cambien. O que salgan, que dejen de estar, que dejemos de verlos. Que salgan, ya de paso, todos lo que no son como nosotros. Los que no se merecen ser nosotros. Aunque sean de aquí. No los consideramos nuestros.

Algo retorcido está pasando. Algo tan profundo que requiere más valor que un simple vistazo. Va a ser preciso meterse en el abismo y correr el riesgo de quedarse en ese espacio a la deriva. Eternamente. Si más peligroso todavía es no meterse, el conflicto entonces está servido. Con lo bonito que es cerrar los ojos e ignorar el problema. Ya veremos si lo que va a acontecer es por no hacer nada o por hacer demasiado -mal-. Ya veremos si nos hundimos o nos reencontramos con lo mejor de nosotros. Ya veremos si queda algo digno en eso en que nos vamos a convertir. Si queda algo.

Hablando de ojos. La serie. ‘Bla Ögon’, o sea, ojos azules. Es sueca (ellos, los nórdicos, como siempre, captando y estudiando los riesgos sociales y haciendo de ellos ficciones televisivas importantes). Y se adentra, se adentra, en ese agujero interminable que es el racismo, la xenofobia, el odio al otro. En esa ciénaga.

Eso es adicción y ya está

QUÉ QUIEREN que les diga. Una tiene sus debilidades. La mía es Decasa TV. Es que, chica, ¡ponen unos programas! Soy una adicta, lo confieso sin apenas rubor. Ahora estoy de no perderme ni un capítulo de ‘De rastros con Chus’, es que es no sé, tan refrescante… Si tienes algo en tu casa que no acaba de cuadrar, si ves que falta algo, llamas a Chus, se va a un rastro y te transforma la pieza. La pones en el salón y voilà. Como un guante. Si eso no es magia, ya me dirán. Chus.

Ese nosotros, esa ciénaga
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