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Ese equilibrio necesario

Título: DOLL&EM
Creadores: Emily Mortimer, Dolly Wells
Reparto: Emil Mortimer, Dolly Wells
Cadena: HBO  
Calificación: 3/5

LO QUE tiene ‘Doll & Em es que se puede calificar de divertida porque dura poco. Veintidós minutos. Si llega a ser un pelín más larga perdería la chispa. Es un acierto de la serie. Aún así, por momentos carga demasiado las tintas y entonces resulta eso, demasiado. Está de moda denominar a este tipo de planteamientos argumentales comedia fresca o desenfadada, así muy jiji jaja, no sé si me entienden. Muy cercana y un poco loca. Con ese punto que hace reír aunque si lo piensas con detenimiento puede que no tenga pizca de gracia. La serie cuenta la historia de dos amigas, la una actriz famosa y la otra, nada, que sepamos. Em es la actriz y Doll es la amiga de la actriz. Resulta que a Doll la deja su pareja y entra en crisis profunda. Llama a Em y como les une una amistad de toda la vida, decide ayudarla contratándola como su asistente personal. Así no estará sola, ganará dinero y, es de esperar, se irá recuperando. A partir de ahí, la cosa empieza a torcerse y la comedia comienza a dar de sí. Las situaciones que se crean ponen a prueba su unión. Aparecen los celos, la envidia, la competencia. Y tras pocos capítulos todo está patas arriba y nada es lo que era.

El giro que da el argumento no es nada sorprendente pero, aún así, es gracioso. El guion es un constante ir y venir en lo absurdo y lo que refleja es un interesante conocimiento del ser humano. Las reacciones, a veces, son ridículas, pero están pensadas, es decir, dan en el clavo acerca de lo que una persona es capaz de sentir y de hacer, y es precisamente eso lo que le da el plus a esta serie. Otra de las bazas con las que cuenta es que mete mucho cameo y en los capítulos van apareciendo actores y actrices que se representan a sí mismos haciendo alguna gracia y eso, bueno, gusta en general. Susan Sarandon o Andy García son ejemplos de ello. Todo está concebido para dar una sensación de proximidad con el espectador, como si lo que les ocurre a estas dos chicas, sobre todo a la que no es actriz, claro, bien pudiera pasarnos a los demás. Esta frescura y lozanía se lleva.

El paradigma de las series de este tipo es ‘Girls’, de Lena Dunham, que la crea y la protagoniza y que lleva en antena desde 2012, también emitida, como ‘Doll & Em’ por la HBO.

Y las características de estas comedias cortas son, al menos, dos: la primera, contar la propia vida con todas sus aventuras desde un punto de vista irónico -por veces chirriante, pero eso ya depende más del gusto y la sensibilidad de cada uno- y la segunda, representar una franja de edad determinada. En ‘Girls’ los 25/30 en ‘Doll & Em’ los 40 y tantos.

La identificación casi inmediata que se produce desde el capítulo piloto con los personajes es sorprendente. Es un yo no soy exactamente así, pero qué divertido sería serlo.

¿Qué se consigue con este enfoque? Reírse bastante de uno mismo y eso es algo que está muy bien. Siempre y cuando seamos capaces de admitir que, en fin, en ciertos momentos de nuestras vidas nos comportamos de multitud de maneras que nada tienen que ver con la dignidad.

Este estado, podríamos decir, deshonroso, que atravesamos en múltiples ocasiones, es la esencia de una comedia de este tipo. Explotar la incoherencia, convertirla en absurdo y dotarla de la cara cómica es la base de ‘Doll & Em’.

Apostar por este planteamiento supone también un riesgo importante, como es el de desequilibrar la balanza de la comedia. Todos los ingredientes han de estar en su sitio y deben pesar lo justo. En caso contrario, lo que pretendía ser gracioso deviene en un: buf, excesivo. Algunas veces a esta serie le sucede.

Esos pastelitos tan monos

En DIVINITY emiten un programa llamado ‘Guerra de cupcakes’. Por la mañana. Supongo que será para que te empaches ya temprano y no gastes en la compra. En realidad todo tiene su razón de ser y la gente de la tele, ya lo sabemos, siempre piensa en nosotros. El formato es el habitual: un jurado, unos concursantes y hala, a hacer pastelitos. El último reto consiste en cocinar mil cupcakes y colocarlos en un expositor diseñado por ellos. Tiene que gustarte mucho mucho el dulce.

Ese equilibrio necesario
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