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Esa fisura en lo perfecto

Título: Äkta Människor (Real Humans).
Director: Lars Lundström.
Reparto: Lisette Pagler, Pia Halvorsen, Johan Paulsen.
Cadena: Sveriges Television.
Calificación: ●●●●○

ÄKTA MÄNNISKOR’ (en adelante, ‘Real humans’) es una serie sueca y es solamente por eso por lo que que ya empezamos bien. Vamos con la calidad, con la meticulosidad y con el buen hacer por delante. Se trata de una serie de ciencia ficción, nada original en su planteamiento pero efectiva, narrativa y técnicamente hablando. Los ‘hubots’ son unos androides que conviven con los humanos, en principio, en armonía. El término convivencia es entendido, podríamos decir, como se entiende a lo largo de las épocas la relación existente entre el grupo de poder y el grupo dominado, lo cual lleva a interesantísimas aplicaciones reflexivas, de toda índole. El caso es que los robots están absolutamente integrados en el devenir cotidiano de la sociedad, son utilizados para diversas funciones, desde la realización de las tareas del hogar hasta transporte y reparto de productos, pasando por derivaciones que requieren más lecturas aún, como son las de juguetes sexuales o alternativas a la soledad. Facilita las cosas, sobre todo estas últimas, que los ‘hubots’ posean una apariencia prácticamente humana, es más, en las versiones actualizadas la diferenciación se hace imposible. (Salvo si les miras la nuca, que es donde está situada la entrada USB). A partir de esta exposición narrativa, la historia abre subtramas que sostienen las piezas de acción e intriga -al fin y al cabo, los elementos de la ciencia ficción no ensamblan sin esos dos componentes en el guion-. Hay una, la principal, y otra que actúa de antítesis de la primera: algunos robots, no sabemos la razón, comienzan a sentir. Consecuentemente, se inicia un proceso de rebelión contra el grupo dominante y, en concreto, contra un colectivo que se hace llamar ‘humanos de verdad’ y que aboga por la eliminación de los ‘hubots’. Ya está aquí el conflicto abierto, el evidente, que no deja de ser interesante en sumo grado. Sentir, tomar conciencia de una condición concreta y una posición determinada dentro de un todo. La esclavitud, de raza o de sexo, o laboral o militar o de cualquier naturaleza, adquiere significado en el momento en que se interioriza y se sufre, de un modo individual y luego global. Tras ese primer impacto, puede surgir un hombre rebelde, muy a lo Albert Camus. En el caso que nos ocupa, un androide rebelde, que inicia una nueva andadura en nombre de un valor.

Todo esto y todavía más, si se quiere, marca la atmósfera de la serie que, lejos de ser un tratado filosófico, es una entretenida historia de robots y humanos que ahonda en problemas universales con delicadeza y con esmero. La clave del éxito de ‘Real humans’, que ya tiene segunda temporada, es la aparente simplicidad y, al mismo tiempo, la minuciosidad y el acierto con los que aborda unos conflictos totalmente trasladables a cuanto se nos ocurra.

Otro aspecto reseñable, por si lo anterior fuera poco, es la habilidad para caracterizar a los androides y, en general, hay que destacar la elección estética de la serie. Lejos de todo efectismo, la ambientación pretende mostrar una sociedad identificable allá donde estemos, sin embargo existe un matiz muy sutil, muy certero, que muestra un resquicio a través del cual se filtra la duda. Es una fisura que hace referencia a la perfección. La población parece tan perfecta que no puede ser real, de hecho, podría compararse con un anuncio. Los personajes habitan en un escenario inmejorable, tanto, que consigue crear incertidumbre. Es esa vuelta de tuerca del ambiente idílico lo que desestabiliza la historia para bien. Es la que le da sentido.

Elogio de la imperfección.

La Fontaine en reality TV

‘EL JEFE infiltrado’ es un programa de la Sexta que consiste -como bien puede deducirse por el título- en que los jefes de algo se hacen pasar por un empleado más. Es la versión española de un programa estadounidense, un clásico. La cosa es que, supuestamente, después de tal experiencia, los susodichos toman conciencia de que ciertas condiciones que se dan en sus empresas no son las más adecuadas y cambian su visión. Así que, al final, es una fábula televisiva. Qué bonito.

Esa fisura en lo perfecto
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