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Érase una vez un lobito bueno

SI ALGO se degrada, si algo se corrompe, si algo se envicia, si algo se envilece. Si algo se convierte en otra cosa, si se pone al servicio de otra cosa, si donde había integridad hay ahora cosas depravadas. Que se expanden, que se expanden. Lo que supura en nuestra sociedad es la moral muerta a palos y a penas. Y los cadáveres, ya sabemos, no huelen bien, aunque sean nuestros. Si hay que matar, es preciso tener basureros cercanos en los que precipitar lo que fue y ya no sirve.

Érase una vez un código. Érase una vez una justicia. Érase una vez una moralidad construida en base a acuerdos, comportamientos, convicciones, que ahora están en el área desperdicios. Hay, en ese agujero, conceptos que tuvieron, en algún momento, significación plena o, al menos, aceptada por la mayoría. Ahora agonizan, con heridas graves, feas, incurables. Y después mueren.

Imagen para el blog de María Valcarcel (28/04/18)Hace tiempo, demasiado tiempo, que nadie quiere que le cuenten cuentos con final feliz. Hace demasiado tiempo que el final de los relatos está relacionado con otros términos tales como dominio, soberbia, aniquilación. Y si no estamos convencidos del todo, parémonos un momento, a contemplar el panorama.

Si algo se degrada, si algo se corrompe, si algo se envicia, si algo se envilece. Pareciera la mejor opción comenzar de nuevo. No es suficiente regresar al punto donde todo se torció y encauzar la situación porque, a estas alturas, todas las zonas cero están infestadas. Porque la putrefacción se expande, se expande. Sería cuestión de ponernos, otra vez, con el abc y con el unodostres. Y, a partir de ahí, todos en los parvularios, comenzar a pintar —sin salirnos— el dibujo de un nuevo país.

Heridos de muerte moral. Así estamos. Hay que indignarse, obviamente, pero también hay que construir. Volver al origen de todas las cosas. Al lugar donde el lengua je servía para el entendimiento. Volver al sitio donde lo que es es y lo que no es no es. Para dilucidar y afianzar conceptos básicos que han sido derribados con los años, con las injusticias, con las tropelías. Volver a las palabras íntegras, arrancar los ropajes cínicos con los que se han vestido solamente unos pocos. Los que están ahí arriba y matan las cosas incorruptibles. Esa maraña deliberadamente ambigua, esos trajes de estilo indefinido y sucio —togas, corbatas, uniformes, casual style y/o alternativo— mucho de eso no es otra cosa que un manto gigantesco que disfraza la mentira.

Puede que no seamos, pero parecemos, mentes confusas vagando por caminos infinitos repletos de dudas. Un espesa, cortante niebla nos cubre como cubre todo. De pronto, blanco. Nada.

No sabemos ya, si el bien el mal lo justo lo injusto la felicidad la infelicidad son términos que funcionan tal y como creíamos que funcionaban. Tampoco sabemos si lo que vemos es lo real ni si lo real admite interpretaciones dispares. Es un estado de turbación mental producto de un grito más hondo —ahogado en los basureros de cada calle, de cada barrio, de cada territorio—.

La deriva del lenguaje, hay que reconocerlo, fascina. Consigue adeptos. El lenguaje como servicio particular.

Ponte en modo engaño, pulsa el botón de la derecha: función fraude. Habla como si fueras inocente, insobornable, inmune. Seguidamente, aprieta: frase final. Y dí: con los otros sería peor. O dí: no hay violación, solo abuso. Luego, se reacciona, y aparece el lenguaje como servicio colectivo.

Ponte en modo indignado, pulsa el botón. Grita, sal a la calle, pronuncia vergüenza. Y después: función escribir ciento cuarenta caracteres o doscientos ochenta —ya todo un documento—. Y escribe: exabruptos. Diez caracteres. O hazte un chiste en la función gracietas.

Mejor, quizá, construir un nuevo lenguaje para construir una nueva moral para construir una nueva sociedad para clausurar, de una vez por todas, estos basuseros.

"Érase una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez. Cuando yo soñaba un mundo al revés".

Érase una vez un lobito bueno
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