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El extravío de los seres

'HORACE AND PETE'’, como un espejo de realidad descarnada, sin apenas apoyos, sin tablas de salvación en las que recostarse, aunque solamente sea unos segundos. Es el reflejo de una sociedad desfigurada por la falta de humanidad, de solidaridad, de belleza. Todo se ha vuelto, como sin querer, sin haberlo previsto, oscuro y siniestro. La consecuencia de ese descomunal error colectivo es una respuesta individual absurda, que roza (o según casos, traspasa) el patetismo y terriblemente triste. El resultado es un individuo sin asideros, sin esperanzas. Y lo que vemos, una vez comprendido ese panorama, son los desesperados movimientos de todos los seres perdidos, abandonados, por buscar un poco de luz. Es un forcejeo a la vez escéptico y dramático, un braceo exasperado a la captura del último aliento. Teniendo detrás de este proyecto al cómico americano del momento, Louis C.K., es comprensible la deriva de humor negro ante semejante narración, sin embargo, está tan bien medida, que, precisamente, es lo que salva, no a la historia, sino a nosotros mismos, de ir directamente a saltar por el balcón después de ver cada episodio. No plantea un futuro alentador, aunque consigue manejar el drama que supone la pérdida de toda posibilidad -de felicidad, de amor, de sabiduría, de eso, de belleza- con toques, contados y deliciosos, de humildad humana que son los que dan brillo a esta serie distinta, especial, tremenda.

Concebida en espacio único, a la manera teatral, los extraviados personajes, cada uno con un particular agujero negro, se encuentran en un bar legendario, regentado por Horace y Pete, descendientes de los primeros Horace y Pete que hace cien años abrieron el negocio. Entran en este relato componentes que marcan vidas y truncan sueños y definen personalidades y hacen, en fin, que las cosas vayan como van: la tradición, la lealtad, la necesidad, la frustración, la incapacidad, la confusión. Son elementos que vinculan a los personajes y, al mismo tiempo, recalcan su propia soledad, su propio aislamiento, su torpeza para comunicarse, para relacionarse de un modo positivo, fructífero. El acercamiento, tanto a los protagonistas, como al resto de personajes, es brutal en el sentido de profundo. La cámara llega al fondo y permanece ahí incluso cuando el pudor obligaría a retirarla. De ese modo, van saliendo a la superficie todos esos esfuerzos -en la mayoría de ocasiones- indecorosos, de los individuos por respirar, por hacerse un hueco y salir al mundo, sea como sea. Incluso a este mundo, porque es el que hay, el único que tienen, a pesar de que fue ese mismo mundo el que provocó su expulsión, su separación, su destierro. Esta puesta en escena, con una clara preeminencia del diálogo sobre la acción, con un tono casi lírico, evocador y triste, recuerda mucho a una de mis películas favoritas de Woody Allen, ‘Septiembre’, y a ‘Interiores’, también de Allen, lo que no deja de ser curioso, teniendo ambos directores (y autores y actores), una trayectoria similar. Woody Allen y Louis C.K., dos tiempos diferentes pero muchas semejanzas.

Bueno, ya conocen mis preferencias, y lo que Allen hizo con ‘Septiembre’ (o con ‘Hannah y sus hermanas’) es difícil de igualar. Sin embargo, Horace and Pete es una serie tan alejada de tópicos y de lugares comunes que merece la pena. Además cuenta con grandes de la interpretación que bordan sus respectivos papeles y que están a la altura de un guión de calidad. Lo terrible que es no tener ni idea de lo que hay que hacer cuando se vive es el centro de la historia. Ese extravío es el drama absoluto.

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