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El arco de los personajes

YA SE PUEDE ver la tercera temporada de ‘Masters of sex’ y se presenta interesante. Después de las dos primeras y de sus altibajos, nos encontramos con unos personajes que han evolucionado hacia un punto aún incierto, pero repleto de expectativas. Ya no se trata de las locas ambiciones primerizas, de la carrera sin freno, de los lanzamientos sin red para alcanzar un éxito deseado y, en su opinión, más que merecido. La ambición continúa -esa fuerza arrolladora- junto con la vanidad y el egocentrismo; sin embargo, durante todo ese trayecto desaforado, algo se fue perdiendo, se fue desdibujando, al tiempo que surgían nuevas perspectivas y que la vida iba poniendo ciertas cosas en su lugar. La vida, su empuje, la injusticia o la suerte o todo lo contrario, iba conformando unos seres que conservaban, de algún modo, lo que fueron, pero que ya, a su vez, se habían convertido en otros.

Y es atrayente ese cambio porque de él va a depender la historia y de él van a depender los movimientos de tramas y el devenir de la narración. Es una transformación bastante brusca con respecto a las temporadas anteriores, en las que no había apenas saltos temporales. En esta, la alteración va a proceder del tiempo interior, más que del externo, de unos arcos de personajes que llegan a un punto clave de sus existencias. Este planteamiento lleva a pensar que ha habido un giro narrativo que hace hincapié en las tramas personales más que en las profesionales, decisión acertada porque permite un tratamiento más intimista de la historia y una profundización que no se había alcanzado anteriormente.

Lo ideal, claro, es una combinación de tramas y subtramas que avancen, en equilibrio dificilísimo, hacia el fin, y que el término sea esa explosión y ese vacío, esa conjunción de emociones disparatadas que dejan huella. Primero escenas, imágenes, sonidos; después apenas un reflejo; y luego nada tangible salvo esa certeza de que ya no eres la misma persona que eras aunque no sepas explicar lo que ha pasado.

Si no se consigue semejante perfección, los guiones suelen resolver ciertos bloqueos con más acción -introduciendo ritmo, nuevos personajes, nuevas aventuras- o menos -dirigiendo la historia hacia los personajes-. Esto tiene sus trampas, como todo, se puede caer en tonterías sin sustancia o en relatos soporíferos, pero si se hace bien, funciona.

Tenemos así una ‘Masters of sex’ recuperada de esa línea a la que iba tendiendo, de esa inclinación a la fanfarria con una base cada vez más débil y se nos presentan unos capítulos en los que los personajes fluyen mucho más suavemente, encajan mucho mejor en la estructura narrativa en la que están enmarcados.

Es, por tanto, una buena opción veraniega. Esta serie nos ofrece la posibilidad de descubrir seres con culpas, odios, amarguras y esperanzas de un modo mucho más clarividente que en otras temporadas. Vuelvo a destacar, como ya hice en ocasiones anteriores, al personaje que interpreta a la mujer del protagonista, Libby Masters, esa mujer que existe fuera de la órbita del doctor William Masters y de su compañera Virginia Johnson y que así, tan fuera, tan apartada, tan sola, busca desesperadamente razones para vivir.

Solamente por observar de cerca a ese ser perdido, la serie ya vale la pena. Un personaje de gran potencia dramática que debería de tener su propia historia. A ver si alguien se anima a hacer un ‘spin off’ con ella de protagonista. Mientras tanto, como es verano y hay tiempo de sobra, se puede volver a ver la serie obviando al resto e imaginando que es ella el personaje principal.

Título: Masters of Sex
Creador: Noelle Valdivia
Intérpretes: Michael Sheen, Lizzy Caplan, Caitlin FitzGerald
Cadena: Showtime, Canal Plus.
Calificación: 4 / 4


Cosas extrañas que da la tele

VOLVEMOS A TELECINCO porque es una mina. De aquí vamos sacando lo peor de la televisión casi cada semana. ‘Mira quién salta’ es un ‘talent show’ que consiste en saltos acuáticos con famosos. Mejor que las Olimpiadas. Te vas allí, te entrenan y después saltas a la piscina. Si lo haces superbien, ganas. Más tarde se organiza una gala para que den su saltito. Los que saltan, ya no lo entiendo, pero lo de ponerse a verlos, menos.

El arco de los personajes
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