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Como llenar un vacío roto

RECTIFY’ TIENE mucho de búsqueda de respuestas difíciles de responder. Tiene mucho de imposibilidad y de puertas cerradas abruptamente. Infranqueables pasajes que recuerdan a los abismos de las pesadillas. Despertar deviene en un deseo aterrorizado del propio acto de desear. Como si esa emoción, solamente por estar, por habitar ahí, ya estuviera rebasando algún límite pavoroso. Concederse el derecho a esa exaltación es un lujo inadmisible para un condenado a muerte. Son estas las premisas dramáticas de ‘Rectify’, una serie capaz de mantener con valentía una narrativa sosegada -para los nerviosos, directamente lenta- muy acorde con el universo del protagonista. El espectador se sitúa con él y avanza al tiempo que él lo hace. La empatía es clara y la propuesta es astuta: no sabemos si es o no culpable; sin embargo, creemos en su inocencia desde el principio. Para caminar a su lado necesitamos eso.

El personaje principal, entonces, sale del corredor de la muerte y se enfrenta a un paisaje que no conoce: la realidad veinte años después. Mientras se construye un nuevo juicio, él puede alargar la mano y sentir en ella la luz del sol, un reflejo borrado de la memoria, bloqueado por falta de uso, perdido en el otro precipicio. El de la no libertad. La cadencia de la historia se entiende a partir del protagonista y de sus impulsos. El más leve estímulo en un ser cautivo desencadena una revolución.

El mundo se mueve sin él mientras intenta aprehenderlo y después entender algo para poder sobrevivir. La constante evocación de la celda como refugio, como lugar seguro y comprensible es el drama del personaje, es su lucha esencial. Después están los otros, veinte años siendo y no siendo los mismos, cambiando y no cambiando, asimilando y no, juzgando y no, sufriendo y queriendo no hacerlo, siguiendo, viviendo. Y algunos no. Esos otros, los demás, su conjunto, es el otro conflicto. Una confrontación temible entre los libres y él, entre los que continuaron después de aquello con sus existencias y él, cuya presencia se redujo a una especie de recorte de papel con forma humana pegado a un muro. Ese aplastamiento -no ocupar, no llenar espacios- lo convierte en un individuo roto, recortado, reducido. Para cobrar dimensión ha de aprender cómo era eso de dar un paso, después otro y luego otro más; cómo era eso de mirar cuando se podía ver o de soñar sin miedo. El esfuerzo que supone solo lo conoce él. Y no sabe o no puede o no quiere transmitirlo.

Así transcurren los capítulos de esta serie, a un tempo largo, lento moderato, en ocasiones, con la historia marcada manifiestamente por el ritmo, identificándose con el devenir sensorial de su protagonista, con su confusión y con su angustia. Es un drama bien construido, sobre una base original, alejándose de estructuras simples y persiguiendo la complejidad de pugnas existenciales. No parece que haya utilización de efectivos recursos narrativos y audiovisuales para atraer a atención del espectador. No parece porque no están a la vista, no son obvios. Sin embargo, la serie se asienta en un relato sólido cuyo mérito consiste en no mostrar sus cartas y arrastrarte al juego. Usa las técnicas, pero no las enseña. Guion inteligente, cercano a la música y a la poesía en su planteamiento estético.

Título: Rectify
Creador: Michael D. Fuller
Intérpretes: Aden Young, J. Smith-Cameron, Clayne Crawford
Cadena: Sundance Channel
Calificación: 4 / 4

Neorrealismo y sus formas

SÁLVAME’ ES UN programa definido como ‘neorrealismo televisivo’, según parece. Todos los días toda la tarde y su emisión no tiene pinta de acabar nunca. Hay muchos gritos y muchos llantos y mucho todo. Pienso en el neorrealismo italiano y su maravilloso cine y me preocupa el término asociado a ‘Sálvame’. Pienso en el programa y en lo que refleja, y en que puede que lo de neorrealismo sea una definición adecuada y lo siguiente es que me deprimo. Esto es lo que me pasa, amigos.

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