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Chsss. Peligro de spoiler

Título: THE GOODWIFE
Creadores: Michelle y Robert King
Reparto: Julianna Margulies, Chistine Baranski, Matt Czuchry
Cadena: CBS, Movistar Series
Calificación: 3/4

BUENO, pues ya se acabó ‘The Good Wife’. Siete temporadas no son pocas, pero bien es verdad que ya eran más que suficientes. Es una serie que ha ido adquiriendo valor a medida que se iban emitiendo los capítulos, con el paso de las temporadas se ha ganado una consistencia difícil de igualar en las series de ficción televisivas. Está muy bien escrita y muy bien desarrollada, las tramas se abren y se concluyen, lo que no decepciona a un espectador interesado en el asunto, y los personajes poseen una fuerza tremenda. Se esperaba que triunfara con esos elementos y, efectivamente, lo hizo. Es muy muy americana, lo que significa que hay banderas, patriotismo, y juegos de poder disfrazados de ética. Es una serie de abogados y posee los ingredientes típicos del género: presentación de un caso, desarrollo de un juicio y cierre. La trama paralela es la de personajes, con un impresionante plantel de secundarios que compiten con la protagonista por la grandeza. Es lo mejor de ‘The Good Wife’, sin esos personajes que secundan al principal, la historia de Alicia Florrick probablemente se hubiese desinflado mucho antes. Así que, con todo eso, la serie tiene ritmo, los casos que se presentan ofrecen un dinamismo perfectamente dirigido y destaca el nudo emocional del personaje hacia el que se focalizan todas las miradas. Tiene nudo. De víboras.

Sin querer desvelar el capítulo final, me gustaría adelantar que me ha decepcionado. Es cierto que no dejan ningún cabo suelto, sin embargo, me parece que los engarzan buscando el modo fácil y recurriendo a clichés. No puedo decir más. Ya me contarán.

Han pasado, durante estos años por los distintos espacios de la serie, personajes memorables: mis preferencias se inclinan indiscutiblemente hacia Kalinda, esa mujer que lo mismo valía para un roto que para un descosido, que jamás se extrañaba de nada y que nunca vacilaba. Esa falta de cuestionamiento era su rasgo principal. Le encargaban algo, por peregrino que fuera, ella decía vale, iba, lo hacía y chin pum. A otra cosa. En el momento en que los guionistas comenzaron a ponerle un corazoncito, derivaron en una pseudo Kalinda con la consiguiente pérdida de potencia dramática. Era la ambigüedad lo que hacía de ella un personaje único. Poco después la hicieron desaparecer y desperdiciaron una de las mejores bazas de la serie. (Dicen las malas lenguas que hubo algún que otro desencuentro entre Julianna Margulies y Archie Panjabi, Alicia y Kalinda, respectivamente, y, claro, quien manda, manda). Pero el juego seguía. Mientras trataban de buscar un sustituto que estuviera a la altura de Kalinda, intentaban de igual modo solucionar la vida amorosa de Alicia Florrick, porque habían descartado ya el hilo argumental del marido de esta. Peter Florrick seguiría sirviendo para explotar el lado oscuro del poder. Hubo dos vacíos que no llenaron, Will Gardner y Kalinda Sharma. Por eso lo del último capítulo es un poco de risa. Pero no puedo decir más. Ya me contarán.

Otro secundario de altura es Eli Gold, un hombre sin escrúpulos al que deberíamos odiar. Y sin embargo resulta adorable. Es cínico, sutil, extremadamente calculador y muy simpático. Un ejemplo interesante de cómo funciona la manipulación de sentimientos, en este caso, en la relación guionista/espectador. Aunque podría valer para cualquier otra. Y un recuerdo final para Cary Agos, que llegó al último capítulo demasiado arrinconado. Hubiera merecido más.

‘The Good Wife’ entra en la historia de las series de televisión por la puerta grande. Habrá spin off. Con Diane Lockhart. Otro personaje.

Mujer, solo un caprichito

HAY UN programa en Decasa TV que es ideal; se llama ‘Date un capricho’. Para promocionarlo nos cuentan que la presentadora Francine Gálvez nos lleva por ahí de tiendas –de tiendas trendy, no las otras, se entiende– para que, desde el otro lado de la pantalla, nosotras podamos soñar. Y sigue: es un nuevo concepto de vivir el shopping porque Francine nos lleva a espacios sofisticados que pueden convertirse en el capricho de cualquier mujer. Entonces, yo me dije: lo quiero.

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