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Esas saludables tonterías

Título: DIX POUR CENT Creador: Dominique Bernehard, Fanny Herrero Reparto: Camille Cottin: Thibault de Montalembert, Grégory Montel. Cadena: Netflix Puntuación: 3/4

DIX POUR CENT es una serie francesa muy divertida que nos adentra en los entresijos de los representantes de artistas. Esta es una agencia muy cool, o, al ser parisina, diríamos mejor muy chic, que lleva las carreras de las actrices y actores más de moda del momento. Resulta que el alma mater de la empresa se muere en circunstancias más bien extrañas y salen, a partir de ahí, los entresijos financieros de la misma, que son de todo, menos transparentes. Cada capítulo está centrado en un intérprete real, que actúa como artista invitado y le da a la serie el punto de atracción. Pero, en realidad, lo que interesa son las historias de los socios, cada uno con sus peculiaridades, sus secretos, su mundo. Es una comedia bien armada y que funciona. Tiene el punto de drama exacto para que no se convierta en un chiste superficial y maneja el tono de un modo elegante, logrando mantener ese equilibrio, siempre difícil.

Lo que nos cuenta, al final, es la vida en clave de humor y esto es una cosa de agradecer porque cuesta toparse con comedias de gusto agradable. Lo que te sueles encontrar son historias que tensan tanto la cuerda que acaba rompiéndose en tu sensibilidad o tonterías insulsas que te provocan deseos irremediables de estar en otra parte. Con Dix pour cent dan con el punto que te impide marcharte y te lleva a seguir interesándote. No te cambia la vida, eso es verdad, pero tampoco hay que estar demandando semejante cosa a cada serie que se emite.

Si todas fueran así, los seres humanos que pululamos por esta tierra seríamos también de otra manera. Tan trascendentales, tan intelectuales, tan profundamente conmovedores. Hay espacios, ha de haberlos, pensados para una comunión sincera con la saludable tontería. Proporcionan, esos lugares de relajación y desahogo, momentos necesarios, divertidos y absurdos, todo ello aderezo de unas existencias demasiado rígidas, demasiado preocupadas, demasiado encorsetadas en normas que, sí, hay que saltarse. Ya que no todo el mundo es capaz de vivir en sociedad y desprenderse de las servidumbres, es beneficioso que ellas formen parte de un juego que libera y enseña, un juego, un poco infantil y un poco adulto, que sabe discernir, que es consciente de lo que hay, y que lo aprovecha para desplazar el foco e iluminar otros pasillos, otros cuartos, otros sótanos que no serían más que tremendas ataduras, si las iluminásemos solo con una luz.

Es de seres creativos trazar ciudades repletas de esquinas sin sentido y callejones disparatados que únicamente llevan a la risa fácil, a la carcajada insensata y puede que un poco indecente para almas de moralidad intachable. Todo aquel que no quiera en su vida un mapa complejo, atestado de encrucijadas y de abismos, da igual, porque lo va a tener y encima no va a ser capaz de hacer un chiste con eso. 
Humor. Sonriamos tímidamente o, si podemos, riámonos con todo, con lo que tenemos y con lo que no, con lo que perdimos y con lo que no. Encontremos lo que de poético tiene un determinado estado espiritual o un color indefinible y único, en cualquier instante, y sepamos sonreírle al mundo y a eso que somos, con un tono medio burlón, medio maravillado, de esos que nos empujan a seguir.

Dix pour cent o Call my agent, en la traducción inglesa. Hay tres temporadas, de momento, que han sabido dosificar con solo seis capítulos por cada una para retener la esencia de la comedia. Un acierto que a los espectadores nos beneficia enormemente. Es de Netflix y es una opción distinta, interesante, y si queremos, hasta cautivadora. (Aunque esto sea mucho querer).

El porqué de algunas cosas

Y se llama “Hogar, sucio hogar”. Lo primero que decir es que mucho no pensaron para ponerle el título. Lo segundo es que es una especie de delirio que nos empuja a preguntarnos el porqué de semejante cosa. O sea, yo tengo una casa muy cochambrosa y llamo a dos señoras que vienen con un equipo de televisión a grabar, primero mi inmundicia, y después la operación limpieza. Luego se van y yo tardo cero coma en tener la casa como estaba. Abierta a explicaciones. Gracias.

Esas saludables tonterías
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