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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Señoras que se divierten

Aquí mi objetivo en la vida, mi aspiración para los restos

Mis amigas y yo tenemos claro nuestro objetivo vital: ser señoras que se divierten.

Nuestro trabajo de campo, que supone vivir y observar, lleva años mostrándonos, consistentemente, los mismos resultados.

maridentroLas señoras se divierten más que los señores. Las señoras, horquilla de edad indefinida y amplísima en la que definitivamente ya me encuentro, están en todas partes haciendo de todo. Van a las terrazas a tomar café, van al teatro, van al cine, van a las charlas, van a las exposiciones. ¿Quién está en los clubes de lectura? Señoras que se divierten. ¿Quién está en los cursos de arte o de caligrafía? Señoras que se divierten. ¿Quién está braceando en siete de cada diez calles de la piscina, respirando diafragmáticamente en pilates, meneando el cuerpo como si las ametrallaran en zumba? Señoras que se divierten. Llevándose toda la arenilla de la muralla después de vueltas y vueltas, hundiendo la nariz en copazas y diciendo "no distingo la frambuesa", presionando la tecla del robot aspirador y dando un portazo mientras este se queda girando como perdido, sin nadie que le ladre. Señoras que se divierten.

Llegados a este punto, que todo lo hay que explicar, diré que por supuesto que los señores también se divierten. Seguro que sí, fijo. Pero no tengo tan claro dónde ni cómo, no me resultan tan visibles. Seguramente porque estén comiendo cocidos; hablando todavía, en el año 2021, del gintonic perfecto; admirando coches solo concebibles para la mediana edad o quitándose con láser el tatuaje tribal. Quizás se hallen bicicleteando monte arriba, corriendo en mallas o embarrados hasta la cintura en sus carreras de trail. Hago un inciso para decir que este último es un deporte angustiosísimo de observar. Si tú eres una señora que se divierte, y caminas por el monte con la mascarilla en la muñeca, sintiéndote plenísima porque juro que ahora el oxígeno a raudales es un poquito droga recreativa, y te cruzas con un señor que se divierte trepando rocas, arrasando vegetación y metiendo la zanca en charcos bien pasado el tobillo te entra cierta congoja. Ese señor que se divierte, con su camiseta técnica salpicada de barro como si Pollock solo tuviera acceso a un color y justo hubiera elegido el marrón, jadeante y observador del terreno, tiene toda la apariencia de huir de un secuestrador y te planta en la cabeza la duda de si no debieras hacer lo mismo. Parece mentira que alguien corra con esa pinta si no le viene nadie detrás.

Ser señora que se divierte es, hay que dejarlo clarísimo, un espíritu, un afán, una actitud. No es vivir carcajeándote, ignorante de las tragedias, desligándote de lo que pesa porque eso es imposible a no ser que seas una espesa total y yo creo que las señoras que se divierten, por el contrario, son listísimas. La vida puede ser un asco, la vida pandémica puede ser dos ascos y medio, pero las señoras que se divierten trascienden, proyectan, se lanzan. Hay una entrega, una generosidad y definitivamente algo de contagio en ser señora que se divierte: una señora que se divierte convence con su mero existir a otra señora que, te lo digo yo, va a decidir divertirse. No te resistas más, amiga. Dale una vuelta y verás que cualquier alternativa es mucho peor.

Yo lo hice porque fui niña reflexiva, joven intensa y mujer abrumada. Me gusta tomarme todo en serio, incluido el sentido del humor, y también protegerme porque no pretenderá la vida esta que me presente voluntaria para sufrir. Ja. Pero el encierro, la distancia y la prevención no solo ahorran disgustos también alegrías y aprendizajes. He visto a todas esas señoras que se divierten juntándose y divirtiéndose pese a todo y aquí estoy, dispuesta a estar dispuesta.

Luego ya languideceré en casa, ya leeré esos ensayos mamotréticos que me gustan y muestran que no hay salida y ya asumiré la negritud del futuro y sus injusticias, pero qué respiro será convulsionar sin ton ni son, como si me estuvieran acribillando a tiros, en zumba con otras señoras que se divierten. Bueno, zumba no, pero otra cosa. El curso de cata, la piscina, la quinta vuelta a la muralla, el baile. La diversión.

Señoras que se divierten
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