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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Rockstar

Soltero con Gato ya es poseedor de un bajo y dice que sabe tocar cuatro canciones

HA EMPEZADO 2022 y seguimos donde lo dejamos. Lo dejamos, concretamente, en 2020. Hay una sensación colectiva de estancamiento y de ir a la deriva a la vez, cosas en apariencia excluyentes pero en realidad compatibles. Si lo sabremos nosotros, que lo estamos viviendo.

guitarraEl que no está así, el que sabe a dónde va, el que ha cumplido varios hitos en los últimos meses es Soltero con Gato, que, siento comunicarlo, es poseedor de un bajo y (dice) sabe tocar ya cuatro canciones. Estamos al borde del concierto, me temo.

Joven Perimetrada, mi amiga querida y su ahora novia, ha perdido el juicio. Ya les había yo avisado de que le había prestado su bajo, grabado vídeos mientras él perpetraba alguno de sus ‘singles’ y ofrecido consejos musicales. A mí me lo contaba, mientras yo fruncía tanto el ceño que tenía miedo de que se me quedase así, plegado como un ombligo, y tuviera que recurrir no ya al retinol sino a la toxina.

Creo que pretendía mis bendiciones, que nunca llegaron. Yo no aplaudo a mis amigos en sus proyectos delirantes. Los apoyo desde la distancia y con un silencio cargado de sobreentendidos mientras pienso en mi entrecejo, en sus arrugas, un poco en Heráclito y otro poco en Santo Job. Lo que surja.

Así me pilló el hecho de que fue el cumpleaños de Soltero, Joven le regaló un bajo y ya les aseguro yo que 2022 no va a ser como otros años. Llegados a este punto contemplo dos caminos posibles: rockstar, chaqueta de cuero, aire castigador, inglés ininteligible, exceso de autoestima, imán para tortas con mano abierta o cantante folkie, portador de pañuelito al cuello, quizás chalequillo, sentimientos, provocador de autoasfixias con la propia bufanda de una. Yo apuesto por la primera, casi lo tengo claro, pero también admito que las cosas se tuercen en cualquier momento porque —suspiro bien hondo— los músicos son así. Tengo razones para creer que tirará por el ‘rockstarismo’, principalmente, la de que lo noto seguro, confiado, una persona que se viene arriba en momentos injustificados y yo atribuyo esa autoestima sin ton ni son a los que van por la vida como si fuera su escenario. Basta decir que el otro día dio consejos de crianza a una amiga común, madre de dos hijos. Todavía no me he recuperado de la estupefacción, estado que se me reflejó no en la contracción del ceño sino en ese tipo de sonrisa atribulada que solo sirve para marcar (aún más) el surco nasogeniano. Ella comentó un problema y él empezó una frase con "una cosa que puedes hacer es…". De verdad que le espetó "una cosa que puedes hacer", él, Soltero con Gato y cero descendencia, Soltero con Gato y con ideas. Después de exponer su propuesta nos explicó el concepto del tercer tiempo de rugby, que había leído esa mañana en la wikipedia y le había parecido algo muy de caballeros. Acto seguido, se repantingó en la silla bien a gusto. Con el deber cumplido, digamos. 

"Una cosa que puedes hacer" es prueba de una seguridad bien trabajada porque deja en evidencia que es justamente eso, solo una de las cosas que puedes hacer. Él tiene otras opciones, muchas, una panoplia de cosas que puedes hacer. Te ofrece una, llegarán las siguientes. 

Cuando nos fuimos le dije que me tenía loca su jeta, qué sabía él de crianza como para andar dando consejos. Se encogió de hombros y admitió que, en realidad, lo único que quería era ‘colocar’ el dato del rugby. Y ahí, con esa confesión, vi claro mi destino. El futuro cercano incluye una invitación inocente de Soltero a tomar un café o pasar por su casa a recoger cualquier cosa y, allí mismo, con la guardia bajada, asistir como público cautivo a su basura de concierto de cuatro canciones.

Parece que lo estoy viendo, el culazo de su gato obeso alejándose, abandonando la habitación, mientras una ‘rockstar’ se consolida ante mis ojos.

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