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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Los 'paralugos'

Camino el jueves, rodeadísima, y pienso en que hay que detenerlos

YO YA PIENSO con anuncios. Y quizás me sobra el adverbio porque no tengo ni idea de cuánto llevo haciéndolo, puede que desde siempre. No es que se me interrumpa el hilo de pensamiento para ir a publicidad, como el descanso de hacer pis, que un poco también. Es que algunas de mis reflexiones son eslóganes. Pienso una cosa y mi cerebro me promociona mi propio pensamiento, o me lo refuta, tirando de frases de Nike. Así estamos.

Ilustración para el blog de María Piñeiro. MARUXA

El jueves, día de huelga y manifestación, escuché durante la marcha los habituales ‘paralugos’. Los ‘paralugos’ son nuestras incredulidades, nuestras estupefacciones, nuestras esperanzas quemadas, las tostadas que se nos ponen negras porque les dimos mucha potencia. "Pues hay mucha gente... para Lugo", "pues estoy impresionada, ha sido un éxito...para Lugo", "pues realmente no está nada mal...para Lugo". ‘Paralugo’ es nuestro tope, el último botón que abrocha del vaquero tres kilos después, la zancada final de la maratón previa a la lipotimia, que, por lo visto, creemos que damos metros, kilómetros incluso, antes de la meta. ‘Paralugo’ es agarrarte la ilusión, sujertártela bien, es lo que viene después del ‘no vaya a ser’.

Los ‘paralugos’, aunque lo parezca, no son locales, sino universales. En Lugo marchamos acompañadísimas, desparramando los nuestros y en otros lugares hicieron lo propio con los suyos. Quiero decir que los ‘paralugos’ son ‘parapontevedras’, ‘paraburgos’ y ‘paraespañas’, es todo lo mismo. Estaban los periódicos llenos de estos últimos junto a la cobertura que los medios extranjeros hicieron de las movilizaciones. Una especie de pellizco nacional de impresión.

Hay que parar los ‘paralugos’. Eso es lo que voy pensando mientras avanzo, muy roeada, al calor de tantas otras. Sigo la Ronda y Santo Domingo y A Raíña y la Praza Maior y Santa María, como una procesión a la inversa, y pienso que hay que pararlos porque son mentira, porque esta gente que camina conmigo me demuestra el error que esconden. Y lo ha hecho antes y lo hará después.

Yo también los sufro, cuidado. La ‘paraluguitis’ es una patología muy prevalente, que nos ataca por temporadas, como la gripe, pero más. Por ejemplo, en época electoral el contagio es abundante y vivo de uno a otro pico febril de ‘paralugos’, generalmente precedidos de ‘loquecabíaesperares’.

Por eso decía lo de los anuncios, porque mi cabeza produce ‘paralugos’ y su propio antídoto, acto seguido, en un acto de frenetismo y permeabilidad publicitaria. Yo pienso un ‘paralugo’ y al instante me brota un ‘piensa a lo grande’, o ‘piensa diferente’ o cualquier eslogan de esos de gran compañía americana que nos quiere robar el alma. La simpleza de esas frases no logra vacunarme y a la siguiente oportunidad en la que me encuentro satisfecha por la concurrencia en mi trinchera ya me brotan de nuevo los ‘paralugos’, uno tras otro, en torrente. Necesito una analítica seria y pausada, que empecé a hacer el jueves y quién sabe cuándo acabaré, a ver si me curo definitivamente.

Tantas veces he pensado un ‘paralugo’ que no sé si su propia frecuencia debería cancelarlos. Si una ocasión y otra y otra, las cosas resultan salir bien ‘paralugo’ ¿no cabe ya esperar que salgan bien? ¿no demuestra esa experiencia, y otra y otra, que el ‘paralugo’ ya no es una una unidad de medida válida, que se nos ha quedado corta? ¿no resulta que vale la pena ilusionarse y aspirar, subir el tope, asumir un mínimo más ambicioso?

Esto es lo que ando pensando. Me cuesta desarrollarlo mejor porque noto que dentro me bulle un poco una ilusión.

Los 'paralugos'
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