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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Dominó infinito

Una mujer depende de otra mujer y de otra y de otra y de otra

YO NO puedo parar de leer a Arcadi Espada. Lo leo y le hablo mientras lo leo. Igual que le hablo a los libros o a las películas, a la protagonista que se está equivocando en ese guión previsible, le digo "dónde te metes", pronuncio en alto esas palabras y la siguiente escena me confirma que, efectivamente, se ha metido y ha errado. Como es de ficción y ni siente ni padece, a veces le coloco después un "ya te lo decía". Definitivamente, me hago mayor. 

Arcadi no es de ficción, pero a veces me lo parece. No puedo parar de leerlo no porque sea un provocador, no solo por eso, o porque escriba bien, no solo por aquello. No puedo parar porque le va la cabeza por sitios por los que la mía no transita. Leo algunos libros de viajes que me dan hambre de salir y ver. Leo otros que ya son un recorrido en sí mismos, me quedo satisfecha de haber, al menos, caminado sobre su papel. A Arcadi lo leo como a los segundos, su pensamiento es terreno inexplorado. 

Anda ahora promocionando su libro sobre Camps, titulado Un buen tío y concediendo entrevistas con respuestas extraterrestres. Dice por ejemplo en Vanity Fair que "las mujeres son un lobby potentísimo que pueden cambiar la realidad en función de sus ansias de poder". Me troncho. Por todo. Por contemplar a la mitad de la población como un lobby y por la amenaza que viene ahí guardadita, como el licor envenenado de un bombón que se te desparrama por toda la boca. Y mira, Arcadi, tantos años y la realidad sin cambiar. Se ve que no hubo ansia.

Maruxa - María Piñeiro

A Arcadi le parece que hay una clara feminización del periodismo y que se hacen entrevistas con puntos de vista femeninos como una en la que a Felipe González dos hombres (machos, dice) le pidieron su opinión sobre el terrorismo machista. Y concluye que "las mujeres no necesitan que haya mujeres, les basta con los hombres", en referencia a que ya los hombres son capaces de asumir ese punto de vista y preguntar como lo haríamos nosotras. 

Ay Arcadi, lo que yo suspiro leyéndote nadie lo sabe. Quizás los muebles, quizás el aire, quizás las hojas de mis plantas o de las revistas y periódicos donde te manifiestas. A dónde me propulsan tus reflexiones, tampoco. A veces ni yo misma. Qué viajes exóticos emprendo yo contigo. 

Este último ha sido a otra entrevista, inédita, un material al que tuve acceso gracias a mi amiga Laura, profesora de Lengua y Literatura, que encargó una a sus alumnos. Es una entrevista a una abuela, que se define a si misma como "cuidadora de niños" porque cuidó sucesivamente de sus hermanos, de sus hijos y, ahora, de sus nietos. Victoria cree que la mujer actual está mejor valorada que la de su época "solo en parte" porque sus hijas siguen llevando el peso del cuidado de la casa y de sus hijos. No tiene claro si viven mejor o peor que ella porque "van a todos los sitios corriendo" y tampoco si podrá ir a la manifestación del 8 de marzo. Solo si sus hijas no trabajan podrá hacerlo, si no quién va a cuidar de sus nietos. 

Pienso en la huelga feminista del día 8, que es una huelga de todos los trabajos, también de los cuidados. Y pienso cómo las mujeres dependemos unas de otras y de otras y de otras, en un dominó infinito. Los encajes de horarios que hacen mis amigas con hijos con sus madres, sus suegras, las mujeres que les echan una mano en casa, las cuidadoras de las guarderías..., que yo conozco porque me los cuentan y porque les veo la tensión en la cara cuando algo cambia, una pieza cayendo y todas las tuercas de su cabeza en marcha para sustituirla, para que no se les desmorone el día entero. Veo el alivio cuando lo consiguen.

Y pienso entonces, Arcadi, fíjate, que las mujeres sí necesitan que haya mujeres. Para preguntar y para vivir. Las necesitan todo el rato.

Dominó infinito
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