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María Piñeiro, redactora de El Progreso, especializada en sanidad, chinista y autora de la sección El Portalón.

Cosas que he aprendido este año

Algunas las he aprendido, otras las venía barruntando y las he confirmado

NO VAMOS a salir de esta mejores, por supuesto que no. "La mayoría de la gente se comporta bien en las crisis, cuando el foco está sobre ellos. Es en los domingos por la tarde de sus vidas, cuando nadie mira, que el espíritu vacila". Tenías razón, Alan Bennett. El trabajo colectivo, el arrimar el hombro, la minúscula pero decidida aportación individual del grano que hace granero es algo asombroso de observar y vivir. Ser testigo de ese período de foco, y hacerlo de pie, es un privilegio; luego, "en los domingos por la tarde de nuestras vidas", estamos todos para mirar hacia otro lado, la verdad.

Si le dices a alguien que le vas a llamar y después le llamas puede que se sorprenda. Hay que concluir que a la gente le gusta cantar y bailar con sus compañeros de trabajo, si no no se explica que se sigan grabando algunos vídeos que ruedan eternamente por el WhatsApp.

Jamás, jamás, jamás el número de tuppers de una casa se corresponderá con el número de tapas de tuppers que hay en esa casa, para qué intentar nada en ese sentido. Es muy probable que todo haya sido escrito ya pero es que no me lo he leído todo: así ando, de sorpresa en sorpresa, de descubrimiento en descubrimiento, cuánta inocencia o cuánta ignorancia.

En cuestión de meses, casi de semanas, se puede producir una vuelta a la tortilla que me pille con la guardia cambiada: los que se escandalizaban con la idea de una foto de ataúdes en una portada fueron capaces de atribuir poco después cierta responsabilidad por la llegada de una segunda ola al hecho de no haberlos mostrado. El cuajo es una virtud muy apañada para un año pandémico.

Efectivamente, la única constante es el cambio, hay que joderse. En la metáfora esa de la rana y la olla, si tú eres la rana nunca te vas a reconocer como tal hasta que, como manda la historia, ya es demasiado tarde. Da igual que leas mil veces ese símil aplicado a circunstancias que te afecten, no te vas a percatar a tiempo. Hay que dejar de usarlo.

Con un chino no se puede compartir, ni se le puede regalar, una pera porque da mal fario, ya que el caáacter de pera está incluido en la palabra separarse. ¿Cómo se puede decir en español que tu novio y tú vais a romper? Partir peras. Han tenido que pasar 15 años para caer en esa similitud. Ágil no estoy.

Las redes sociales, internet, las plataformas de series y películas… me están haciendo más lenta, más tonta, más distraída. Al mismo tiempo, algo me enseñan, pero no siempre identifico qué, no siempre compensa. Cuando leo algo de cierta enjundia noto que el cerebro me burbujea, quizás es el esfuerzo. Eso es lo aprendido. Para el 2021 queda saber cómo racionarse, modularse y contenerse.

Se puede desarrollar, probar y producir una vacuna en nueve meses, solo hay que querer. Cuantos más queramos, antes se consigue. Cuando pienso en que mañana algunos de mis vecinos la recibirán me entra una emoción como de discurso de Espartaco. Ya está, decidido, lo que más me gusta hacer con mis amigos es hablar. Hablar paseando, hablar tomando un café en una terraza, hablar bajo la lluvia, hablar congelándonos, hablar cuando deberíamos estar trabajando, hablar por teléfono, hablar por videoconferencia, hablar, hablar y hablar. Mi madurez y vejez van a ser La Clave. O el Sálvame. Dependerá.

Todo lo bueno, o malo, que sea el periodismo que alguien haga va a depender en gran medida de sus fuentes. Las fuentes pacientes y honestas, que te cogen el teléfono aunque estén hasta arriba, que te responden por enésima vez a la misma pregunta, que te reconocen tal fallo sin muchas zarandajas. Hay fuentes así.

Aunque dos millones de estudios digan lo contrario, aunque las tendencias sean otras, aunque esté la gente haciéndose ghosting, aunque parezca más difícil que antes, lo cierto es que se pueden hacer amigos en la vida adulta. Todavía.

Cosas que he aprendido este año
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