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Por encima del hombro

Una vez más, el K2 gana la partida. Álex Txikon abandona el intento de alcanzar la cumbre y el coloso del Karakórum se mantiene como único ochomil sin escalar en época invernal. Los que sostienen que nunca se logrará se apuntan otro tanto

Álex Txikon vuelve a casa. @ALEXTKIKON
Álex Txikon vuelve a casa. @ALEXTKIKON

La primavera llama a la puerta en el Karakórum mientras la reina de sus cumbres mantiene vigente su desafío. Ha resistido otro invierno. El K2 mira a sus vecinos por encima del hombro y presume de ser el único ochomil que el hombre no ha conquistado durante los meses del frío salvaje. Que pase la primavera con sus deshielos y su subida de temperaturas. Que amainen los vientos y que se acerquen los valientes a sus rampas. Habrá quien alcance su cima. Habrá quien se vea obligado a dar la vuelta. Habrá quien deje allí su vida. Y llegará otro invierno. Y allí estará, esperando, orgulloso, el K2. La montaña entre las montañas.

Álex Txikon sacó este domingo la bandera blanca. Partió desde el campo 3 (7.050 metros) con la idea de abordar el tramo final; la Pirámide Negra, el Cuello de Botella, los trechos que convierten en pesadillas los sueños de los alpinistas que se encaran con el K2. No pudo ni acercarse a la cima (8.611 metros). El viento, que en esta época del año corta como una navaja, le obligó a darse la vuelta. «Estamos bajando, el fuerte viento nos ha impedido seguir adelante con nuestro sueño. Contentos de volver todos juntos. La montaña no se moverá», escribió en las redes sociales.

La montaña no se moverá, dice Txikon. Insinúa que habrá más intentos. Seguro. Es el último reto que le queda al himalayismo y la élite mundial lo tiene grabado entre ceja y ceja. Krzysztof Wielicki ya ha anunciado que dirigirá una expedición el próximo invierno.

Wielicki, premio Princesa de Asturias junto a Reinhold Messner, es una leyenda del alpinismo porque fue el primero en hollar el Everest, el Kangchenjunga y el Lhotse en temporada invernal. Ahora, con 69 años, no se lanzará montaña arriba, pero tendrá a su mando a un equipo de garantías. En 2018 lo intentó con Denis Urubko, Adam Bielecki y Piotr Tomala... mejor alineacion, imposible.

Los sherpas se juegan su futuro y necesitan llegar a la temporada de primavera para formar parte de más expediciones con las que ganar el dinero que necesitan

Wielicki no confiaba en la expedición que Txikon lideró este año porque sus compañeros de escalada eran todos sherpas. El vizcaíno aseguró desde el principio que no se trataba de sherpas, sino de alpinistas nepalíes. Pero Wielicki no se bajó de su burra. "¿Les paga? Sí, pues entonces son sherpas y no puedes esperar la misma cooperación que con un compañero de cordada. Se juegan su futuro y necesitan llegar a la temporada de primavera para formar parte de más expediciones con las que ganar el dinero que necesitan", aseguró.

La versión de Nuri, Walung, Pasang, Cheppal y Gelsem, los nepalíes que acompañaron a Txikon es distinta. El alpinista vasco se esfuerza para que se sientan parte de la expedición. Y al parecer consigue su propósito.

"Esta ha sido nuestra primera salida al K2, y estamos muy contentos. No nos podemos sentir más seguros ni más queridos. A nosotros, en el Everest nos pagan tres veces más de lo que Álex nos da, pero nos dijo que si algo le pasara a alguno de nosotros, él cuidaría de nuestras familias, y eso no lo hace cualquiera. ¡Por eso, y por mucho más, estamos aquí!", señalaron en unas declaraciones recogidas por la página web El Confidencial.

"Nuestro amigo (Álex) siempre está ahí para tirar de todos, para tranquilizarnos... Él piensa, razona, y escucha, que es lo más importante. A nosotros, por ser nepalíes, sabemos que siempre se nos trata de forma despectiva, pero no ocurre así con Álex", añadieron.

En cualquier caso, la aventura de Txikon no fracasó por culpa de quienes se enfrentaron a su lado con el coloso del Karakórum. Lo hizo por lo que sostienen muchos de los saben de esto. La invernal del K2 es una quimera. El último tramo, la pirámide final, la montaña sobre la montaña, sobrepasados los 8.000 metros, exige el empleo de técnicas de escalada. Hay que manejar el piolet, pasar cuerdas por los mosquetones, fijar tornillos en el hielo. Todo con una temperatura que puede alcanzar los 50 grados bajo cero y vientos de hasta 100 kilómetros por hora. El mismo infierno puede ser un lugar mejor donde hacerlo.

El vizcaíno se jugó al vida siendo consciente de que las esperanzas de encontrar con vida a Daniele Nardi y Tom Ballard eran nulas.

Txikon ya sabe de primera mano cómo se las gasta el K2 en invierno. Nunca olvidará una expedición que abandonó a finales de febrero para buscar a dos compañeros perdidos en el Nanga Parbat, otro coloso acostumbrado a quedarse con la vida de quienes osan molestarle. El vizcaíno se jugó al vida siendo consciente de que las esperanzas de encontrar con vida a Daniele Nardi y Tom Ballard eran nulas.

Pero había que intentarlo. Como la invernal del K2. Basta con que alguien diga que algo es imposible para que aparezca un alpinista llamando a la puerta. Quedan muchos inviernos por delante y, como dice Txikon, la montaña no se moverá. Eso seguro. Ahí estará. Desafiante. Mirando a sus vecinos por encima del hombro.

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