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Las bicis de la primavera

Comienza el mes que le robaron a Joaquín Sabina, el de las clásicas, el de las carreras de un día a vida o muerte que hace poco en España era casi desconocidas. Freire y Valverde abrieron los ojos al país y ahora llega el momento de disfrutar del ciclismo

La idea que del ciclismo se tuvo en España durante mucho tiempo la resumió el genial Fernando Fernán Gómez cuando le puso título a la que tal vez sea su obra más famosa: ‘Las bicicletas son para el verano’. Hasta que el sol no calentaba la península italiana durante el Giro, no abrasaba Francia en pleno Tour, o no se resistía a abandonar España en la Vuelta, daba la impresión de que todas las pruebas que se disputaban por el mundo formaban parte de una variopinta pretemporada.

Todavía falta para que el calendario marque la llegada del verano. Lo que marca hoy es la entrada en el mes de abril, el que actúa como frontera entre las nubes y las flores, el que le alguien le robó a Joaquín Sabina, el de las clásicas, las carreras que poco a poco se abren hueco en este país y que son sagradas allá donde el ciclismo es una religión.

Hasta hace bien poco, las clásicas eran para el gran público en España carreras desconocidas que, como mucho, se colaban una tarde de domingo en ‘la segunda’ cadena. De repente, en la pantalla aparecían unos ciclistas desconocidos llenos de barro, pedaleando como posesos por caminos empedrados, estrellándose contra las cunetas y dejándose los riñones en cuestas cortas, pero salvajes.

Es precisamente eso, una carrera a vida o muerte; pura, un sprint de 200 kilómetros 

Era como correr una etapa del Tour a vida o muerte. Y es que precisamente era eso, una carrera a vida o muerte; pura, un sprint de 200 kilómetros en el que no había tiempo ni espacio para solucionar un error.

Fue Óscar Freire el primero que hizo que la afición española girase la cabeza. El velocista cántabro se hizo con la victoria en la Milán-San Remo en 2004. Al año siguiente se impuso en la Flecha Brabanzona. En 2006 ganó las dos. En 2007 venció en la Gante-Wevelgem. Y en 2010 añadió a su palmarés otra Milán-San Remo.

El título de la obra de Fernando Fernán Gómez empezaba a perder fuerza.

Freire abrió el camino y Alejandro Valverde lo ensanchó a golpe de riñón. El murciano luce en su palmarés una Vuelta a España y un campeonato del mundo en ruta. Poco para un corredor de su clase. Poco desde el punto de vista del aficionado al que Fernán Gómez dedicó su obra. Mucho si se abre la mirada y se tienen en cuenta sus éxitos en las clásicas.

Y es que en primavera, Valverde es uno de los grandes de verdad. Ha ganado cinco veces la Flecha Valona (2006, 2014, 2015, 2016 y 2017) y cuatro (2006, 2008, 2015 y 2017) la Lieja Bastoña Lieja, uno de los llamados Monumentos del ciclismo junto a la Milán-San Remo, El Tour de Flandes, la París-Roubaix y el Giro de Lombardía.

Seguro que la  lista sería mucho más amplia si Valverde hubiese enfocado su carrera hacia la primavera, si hubiera priorizado las clásicas antes que el Tour o la Vuelta. Pero es que aunque montado sobre la bicicleta parezca un belga, es español, y el sol por aquí tira mucho.

Lejos quedan los tiempos de salvajes como Bernard Hinault o Eddy Merckx, sobre todo Eddy Merckx

Lo que está claro es que en el ciclismo moderno la manta da lo que da. Si se tira hacia arriba, quedan lo pies al aire. Si se tira hacia abajo, se enfrían las ideas. Basta con repasar la nómina de ganadores de las últimas grandes vueltas para verificar esa idea. Miguel Induráin, Lance Armstrong, Alberto Contador, Vicenzo Nibali, Chris Froome... fenómenos que saborearon la gloria en la época de los helados, dedicando los meses previos a la preparación de las grandes vueltas.

Lejos quedan los tiempos de salvajes como Bernard Hinault o Eddy Merckx, sobre todo Eddy Merckx. Dice César Luis Menotti que cuando se habla de los mejores futbolistas de la historia al negro hay que ponerlo aparte. El negro es Pelé y para el técnico argentino nadie se sitúa a su nivel; ni Maradona, ni Messi, ni Di Stéfano, ni Cruyff... nadie. Pues cuando se habla de ciclismo, a Merckx hay que meterlo en el mismo apartado que al negro.

El belga cuenta su palmarés con cinco triunfos en el Tour, otros tantos en el Giro, y uno en la Vuelta a España. Pero ello no le impidió devorar las carreteras en primavera. Ganó 31 clásicas, incluyendo 19 en los Monumentos (7 Milán-San Remo, 2  Tour de Flandes, 3 París Roubaix, 5 Lieja-Bastoña-Lieja y 2 Giro de Lombardía). Para hacerse una idea de con quién estamos tratando basta con pararse a repasar lo que ganó, por ejemplo, en 1972. Se impuso en el Tour de Francia, conquistando 6 etapas, la clasificación por puntos y la combinada. Venció en el Giro de Italia, en el que se anotó dos triunfos de etapa. Y se subió a lo más alto del podio en seis clásicas: Milán-San Remo, Lieja-Bastoña-Lieja, Giro de Lombardía, la Scheldeprijs, la Flecha Brabanzona y la Flecha Valona.

Nunca más se verá otro Merckx, pero eso no impide disfrutar de las clásicas del mes de abril, que comenzarán el próximo domingo con los 260 kilómetros del Tour de Flandes y sus muros de pavé. Llegará después el infierno del norte, la París-Roubaix, la cita en la que el ciclismo español no es capaz de asomar el hocico; la Flecha Valona y su final en el muro de Huy, la entrada al garaje de Alejandro Valverde...

El mes que le robaron en su día a Joaquín Sabina empieza hoy. Que nunca se lo roben a los que aman el ciclismo luzca o no el sol en lo alto del cielo.

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