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Benedicta y Cervantes

Benedicta Sánchez, en Cervantes. SEBAS SENANDE
Benedicta Sánchez, en Cervantes. SEBAS SENANDE

Leo que Benedicta Sánchez sufrió uno de los mayores disgustos de su vida a los once años, cuando tras leer el Quijote le contaron que las aventuras del desdichado hidalgo habían salido de la imaginación de Cervantes. A los niños les cuesta entender las fronteras, sobre todo la que separa la ficción de la realidad. Benedicta maldijo la hora en que descubrió que la historia que le había cautivado pertenecía al mundo de la fantasía.

Han pasado más de 70 años desde entonces y Benedicta sigue haciendo equilibrios en la línea que separa lo verídico de lo fabuloso. Hoy mismo paseará su alegría en la gala de los Goya, el lugar en el que se premia a quienes son capaces de hacernos creíble lo que en realidad no es.

Cuando Oliver Laxe la escogió para rodar O que arde en la zona de Os Ancares no sabía por lo que había pasado Benedicta hace más de 70 años, pero de alguna manera le regaló una oportunidad para la venganza, para que contase al mundo una historia tan irreal como posible, para que interpretase un papel que lleva haciendo toda su vida, para que regresase a Cervantes y le dijese a la cara que las aventuras del Quijote son tan verídicas como la vida misma desde que ella tenía once años.

Benedicta y Cervantes
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