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Banderas y yorkshires

Vecinas del barrio de Salamanca golpean sus cacerolas. RODRIGO JIMÉNEZ (EFE)
Vecinas del barrio de Salamanca golpean sus cacerolas. RODRIGO JIMÉNEZ (EFE)
Se nota bien cuando alguien no ha luchado en su puñetera vida por la libertad. Se nota, sobre todo, en el poco respeto que le tiene. Se nota porque recurre a esa sagrada palabra como si de un sustantivo cualquiera se tratase. Porque la envuelve en una bandera y la saca a pasear como a un yorkshire en busca de un beneficio personal. Y la libertad no es eso. Es algo tan grande que permite incluso que se juegue con ella sin que quien lo haga dé con sus huesos en la cárcel, que es de donde nunca debería salir su vergüenza. Como sucede en el madrileño barrio de Salamanca, donde en plena fase 0 los vecinos salen a la calle para pedir la dimisión del Gobierno y, de paso, libertad. ¿Libertad? Libertad es lo que lograron para este país algunos de los ancianos que estos días se mueren solos en los hospitales. Lo que busca esa gente es alimentar una crispación que desgaste a un Gobierno al que han escuchado susurrar algo sobre aplicar impuestos a las rentas más altas para salir de la crisis. Si el barrio de Salamanca quiere ser la Rentería del ultraliberalismo está en su perfecto derecho, siempre que proteste dentro de los límites de una fase 0. Pero para pedir libertad primero tiene que pasar una cosa. Hay que perderla.

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