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Morir de éxito

STING DESCUBRIÓ el éxito en el vestíbulo de un hotel. Lo cuenta en el documental Bring on the Night, publicado en 1986 a propósito del disco en directo de idéntico nombre. En éste se recogen canciones tanto de su época con The Police como de su álbum debut como artista en solitario, The Dream of the Blue Turtles, editado un año antes y cuyos ensayos, así como la preparación de la correspondiente gira, conforman el grueso del material del documental, que se completa con diferentes entrevistas al cantante y los integrantes de su banda.

En una de esas entrevistas se le pregunta a Sting en qué momento supo que lo había logrado; cuándo fue realmente consciente de que había alcanzado el éxito. El músico contesta que, en cierta ocasión, poco después de publicar el disco Reggatta de Blanc en 1979, entró en un hotel para registrarse y, allí mismo, frente al mostrador, cargado con sus maletas y su anonimato, escuchó a un operario que tarareaba su canción ‘Walking on the Moon’ mientras limpiaba los cristales del vestíbulo. Ese fue el instante en el que pensó "ya está, lo hemos conseguido".

Para Depp el éxito consiste en arruinarse a conciencia


Noel Gallagher, líder de Oasis, ha contado varias veces que fue en un supermercado donde se dio cuenta de que su grupo había triunfado. Mientras hacía cola para pagar, escuchó en la radio que ‘Supersonic’, el primer single de la banda, había alcanzado el puesto número 34 en las listas de ventas. El locutor dio paso a la canción, ésta comenzó a sonar por el hilo musical y toda Inglaterra la escuchó desde aquel supermercado. Noel se giró hacia la persona que tenía detrás y dijo: "Esta canción es mía". Supo entonces, como Sting, que lo había conseguido.

Cabría preguntarse, sin embargo, qué habían conseguido ambos exactamente. De la declaración de Sting no cabe deducir que se refiriese a la fama, ya que en ningún momento habla de ser reconocido él o los otros dos miembros de The Police, sino una de sus canciones más recientes. Lo mismo ocurre con Noel Gallagher. El éxito para ellos consistía en que sus composiciones llegasen al gran público, que se convirtiesen en clásicos contemporáneos, de esos que suenan por la radio cuando estás haciendo la compra o que un ciudadano cualquiera en un lugar cualquiera se pone a tararear inconscientemente, como años antes podía haber tarareado ‘Bohemian Rhapsody’ de Queen o ‘Don’t Go Breaking My Heart’ de Elton John y Kiki Dee.

Una vez le preguntaron a Johnny Depp en qué consistía triunfar. El actor, como tantos otros antes, contestó que el éxito no te cambia, sino que revela cómo eres en realidad. Una máxima un poco boba que, de ser cierta, suprime la prudencia y la moderación de la lista de virtudes innatas del actor. Lo cual explicaría su ritmo de vida durante las últimas dos décadas y por qué ahora está arruinado.

El despacho de abogados The Management Group, que hasta ahora se encargaba de gestionar sus finanzas, lo ha demandado por el impago de una deuda millonaria. La firma explica que prestaron al actor una cuantiosa suma de dinero cuando el banco le reclamaba la devolución de un préstamo millonario y ahora le exigen su reembolso. Con el adelanto pretendían evitar la humillación pública de Depp, a quien aseguran haber intentado proteger de sí mismo y sus despilfarros, pero al ver que éste los acusaba de haber gestionado mal sus ingresos, de ocultarle sus deudas y de pedir préstamos sin su consentimiento no han tenido más remedio que llevarlo ante los tribunales.

El caso ha servido para destapar el desbocado tren de vida de la estrella de Hollywood. Entre sus gastos habituales se encontraban, por ejemplo, cerca de setecientos mil euros mensuales en vino, aviones privados y un séquito de cuarenta personas que le acompañaban a todas partes. La adquisición de casas, viñedos en California y en Francia, objetos de colección que almacenaba en doce naves industriales, un grupo de islas en Bahamas, una granja de caballos en Kentucky, un castillo francés, guitarras, obras de arte, yates, coches de lujo, etcétera. En total, el actor se ha venido gastando una media de dos millones de euros al mes desde 1997. No hay nada como tener un éxito descomunal para asegurarse un precioso fracaso.

Porque tal vez para otros como Noel Gallagher, Sting, mi vecino o usted mismo el éxito consista en que se reconozca su trabajo, en alcanzar cierta estabilidad económica y laboral, en lograr la fama, en dedicarse a lo que le gusta o en fruslerías como estar en paz con uno mismo o ser feliz. Para Johnny Depp, sin embargo, el éxito consiste en arruinarse a conciencia. Al fin y al cabo, uno sabe que ha triunfado en la vida cuando el fracaso que le sucede es escandaloso. Y no me negarán que irse al carajo gastando decenas de miles de euros en vino al mes es una bonita forma de triunfar. Aunque se muera uno de éxito.

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