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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Una ocasión perdida

La avería del helicóptero que sigue la Vuelta impidió mostrar desde el aire la Ribeira Sacra

ENTRE LOS NUMEROSOS dichos que utilizamos muchas veces está ese de que a la ocasión la pintan calva. Hace referencia a la diosa greco-romana Ocasión, que se representaba casi calva, con solo un mechón de pelo, y cuya figura se asociaba con una buena suerte fugaz, con un golpe de fortuna que si pasaba lo haría rápidamente, teniendo que aprovechar el momento para no dejarla escapar. Por aquí pasó el jueves, pero de largo. 

Se preguntarán ustedes a qué me refiero. Pues a que no hubo imágenes aéreas de la sexta etapa de la Vuelta Ciclista a España. Los aficionados a este deporte dirán que es una nimiedad, que hubo imágenes tomadas desde las motos que siguen a los ciclistas y que se pudo disfrutar de la etapa perfectamente. 

Nada que objetar al respecto, pero lo de la Vuelta tiene un recorrido mayor. La competición es usada como escaparate en el que mostrar los encantos de las zonas por las que pasa. El jueves le tocaba a la Ribeira Sacra, enseñar desde el aire Monforte, su conjunto monumental; el espectacular Cañón del Sil y el Parador de turismo existente en el monasterio de Santo Estevo. 

El trayecto que realizaron los ciclistas estaba pensado para ello. Diría más, fue diseñado exclusivamente para vender la Ribeira Sacra, para que todos los que siguiesen la prueba en la televisión se asombrasen de nuestro paisaje y pensasen que merece la pena acercarse hasta aquí para conocerlo y disfrutarlo en persona. 

El motivo de la inexistencia de las vistas aéreas se debió a una avería que sufrió el helicóptero de Televisión Española que se encarga de ello. Un verdadero infortunio. 

Así lo cree el consorcio turístico de la Ribeira Sacra, que en su página de Facebook se lamenta amargamente de ello, de esa fatal avería que ha impedido mostrar aquello de lo que presumimos y queremos que sea declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. 

Desconozco si habrá algún tipo de compensación por esto, pero seguro que sí. Y es que los que organizan la Vuelta y diseñan las etapas no lo hacen de forma altruista, sino que buscan patrocinadores. Si se aporta la cantidad de dinero necesario, uno de los trayectos seguro que pasa por donde los que ponen el parné quieran. Llegados a este punto, supongo que habría que hablar de Xunta de Galicia y de Diputación como colaboradores necesarios en la quinta y sexta etapa, la dos que recorrieron la provincia de Lugo. 

Dejemos de lado este y otros golpes de mala suerte, como el del bolardo de la calle de Lugo que causó una caída multitudinaria de corredores, el del autobús de uno de los equipos participantes que se averió delante de la casa número 13 de la Rúa Chantada de Monforte o lo que le tocó padecer al policía local que permaneció más de cuatro horas de pie y al sol regulando el tráfico junto a ese vehículo estropeado. 

Miremos otros aspectos más amables de la Vuelta, de su sexta etapa, como las miles de personas que se lanzaron a las calles y llenaron la explanada de A Compañía como el mejor día de las fiestas patronales de la ciudad para disfrutar del espectáculo que rodea esta competición. 

Niños, jóvenes y mayores se lo pasaron de muerte y el que no se llevó para su casa un recuerdo de la Vuelta fue porque no quiso. Gorras, sombreros, pelotas, camisetas mochilas, bolígrafos y hasta maquinillas de afeitar desechables fueron alguno de los obsequios repartidos entre la multitud, incluso lanzados desde unos coches publicitarios y a los que se tiraron como poseídas no pocas personas. 

Los únicos que no regalaron nada al público fueron los de dos conocidas marcas, una de relojes y otra de cava. Supongo que tuvo que ver la imposibilidad de lanzar desde los vehículos promocionales botellas de espumoso y "‘pelucos’" ante el peligro que suponía darle a alguien en la cabeza y dejarlo traspuesto.

Una ocasión perdida
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