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Artículos de Luis A. Rodríguez, centrados en la Ribeira Sacra.

Un sueño truncado

MIENTRAS EL partido socialista arremete una y otra vez contra la Xunta de Galicia usando como arma el fiasco en el que se convirtió el hotel Palacio de Sober, sobre todo por los tres millones de euros que concedió en forma de subvenciones para levantar el establecimiento sobre las ruinas de la que fuera una gran casa señorial, la vida sigue su curso en forma de proceso de liquidación de un proyecto que se fue al garete quizá incluso antes de que abriese sus puertas.

Corría el año 2007 cuando en la casa grande de Rosende se presentó un plan para levantar un hotel de cinco estrellas gran lujo a medio kilómetro de la capital de la tierra del vino de Amandi con una inversión cercana a los ocho millones de euros. No pocos se sorprendieron del emplazamiento elegido para un establecimiento de tal categoría, pero se suponía que los estudios de mercado que poseía la promotora, una firma madrileña denominada Alvaher 98, avalaban la iniciativa.

No era así, pues el presidente de esta empresa, Alberto Vaquero, se limitó a decir que en la apuesta, en la decisión de hacerlo sobre las ruinas de la casa de los señores López de Lemos, pesó muchísimo, y cito textualmente, «la belleza, la hermosura, la magia de esta tierra, de la Ribeira Sacra». Nada de estudios de mercado, de los que había dicho carecer.

Malos y pocos mimbres para hacer un cesto como Dios manda.

Los socialista opinan lo mismo, pues critican que el Instituto Galego de Promoción Económica, el conocido como Igape, no hubiese auditado el proyecto antes de decidir conceder esa ayuda de tres millones de euros para hacer realidad un sueño, el de Alberto Vaquero.

Desconozco cómo funciona el Igape, por lo que no entraré a valorar si debería haber mirado con lupa la iniciativa antes de soltar el dinero o si este se concede simple y llanamente presentando un plan de ejecución. El caso es que dio la ayuda, esos tres millones, una cantidad que recuperará. Que no le quepa la menor duda al PSOE.

Está en marcha un proceso de liquidación, de venta de las instalaciones, tras fallar el concurso de acreedores que lleva un juzgado de Madrid. Quien compre el hotel también comprará las deudas que tenga, siendo el principal reclamante el Igape.

Los nuevos dueños del establecimiento, siempre contando con que haya alguien interesados en adquirirlo, deberán negociar con este instituto de la Xunta la forma de devolver la subvención, si de una tacada o en cómodos plazos.

También deberán diseñar un plan de negocio para que no vuelva a ocurrir lo mismo, el cierre de las instalaciones, algo a lo que se llegó, según lo oído a unos y a otros, debido a una más que deficiente gestión y falta de profesionalidad. Y es que Alvaher 98 no era una empresa dedicada al mundo hotelero ni al sector turístico, quizá de ahí el fiasco, el sueño truncado del madrileño Alberto Vaquero.

Dirán ustedes que no es necesario tener pedigrí en el mundo del turismo para llevar adelante un proyecto hotelero como el de Sober, que contratando a gente formada en este negocio no debería haber problema alguno, pero la realidad es tozuda y se ha demostrado que no es así.

Fíjense ustedes en el caso del balneario de Augasantas, en Pantón. También pasó por dificultades al poco tiempo de su apertura, pero fue vendido y cogido por una cadena hotelera que le está sacando muy buen rendimiento.

Tal vez este no sea el mejor ejemplo, pues Augasantas dispone de dos atractivos que no tiene el de Sober, que son las aguas mineromedicinales y un campo de golf de 18 hoyos, a buen seguro dos importantes reclamos a la hora de que alguien decida alojarse. Además, el balneario no es un hotel gran lujo, con lo que en forma de precios por habitación conllevan estas dos palabras.

Un sueño truncado
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